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Prosa poética de Juan Gelman (II)

XLI

Todo lo que no existe en los discursos siembra fuegos que no terminan más. El niño mutilado de los niños/el canto recortado por extrañas tijeras/la progresión de la crueldad a mil kilómetros por dólar/nombres de la pasión sin diccionario. Los coros del vacío se reconocen en el mudo con una mano en el confín. El revés del conjuro es de una sola pieza y lo navegan tiros que vengan.

XLVII

Vacíos del presente molestan al pasado. En la asamblea de las pérdidas, algún amor alza su llama con la humildad dichosa de lo que pudo ser. Los enemigos callan y la noche desnuda dicta maneras/riquezas del cuerpo que soporta. La tempestad fabrica callejones, dialectos, absorbe códigos inmóviles.

XLIX

El capitalismo quiere que te olvides de ti. A ti mismo/vos mismo/vos con sus broncas duras/el suave. Hadewijch, acostadita, enferma, con abismos que no pudiste penetrar, ¿qué haremos con el vacío de Dios? La brisa espesa pérdidas desconocidas y el espíritu no sabe, varas del alma contra un rayo de sol, las equivocaciones sin sufrir, la hermosura roba llagas del corazón más íntimo y tiembla en los pavores de la víctima. No hay gorjeos/cantos/silbidos/en los miedos del cielo. Hay tiros que vendrán si el tiempo deja, mares a ver, los nuevos límites de lo imposible.

LI

El poema quiere engañar al tiempo y el sufrimiento lo derrota. Si escuchara lo que huye de la puerta, si la imperfecta luz diera tu libro, si traicionara este dolor, si oyera tu descanso, si el alba tropezara con el árbol que te abrigó una vez, si pudieras volver a casa una noche cualquiera.

a Marcelo.

LX

Hay ademanes descentrados que no tocan los horizontes de la carne. Ni sus gemidos altos, ni su infierno que enseña cómo los bellos espectáculos retroceden en las lecciones de la culpa/sin aire saludable ni el orden de las partes que amor serían de lo que no es/para que sea. Se calló el arpa en un rincón de súplicas que saben su peligro. Las imágenes cantan, reniegan, furian en las deflagraciones de la letra y nadie resucita un solo rasgo del secreto. Se derraman hilitos contra la muerte irresponsable en una copia de la línea borrada.

LXVI

Amásense harinas del encuentro, llamas que ardan como ardieron, el cuerpo sin historia cada noche. Penétrense las jaulas inarmónicas, júntese tanta variedad de tiempos, mírese lo que falta o paridad de idiomas que no suenan lo mismo con lo mismo. La palabra va de aquí para allá, busca un sitio de no marcharse nunca. Su única casa es imposible, nadie se la va a construir.

LXVIII

Cómo entrar en la oscuridad de la conciencia, sus piedras a propósito, la delimitación de sus espejos. La belleza se calla junto al enfermo de la época. ¿Quién le clavó ceguera ante las criaturas de la estupidez? Sus rencores caen rápido en órganos de la razón. El futuro está triste en pensamientos impensables y los jilgueros cantan en vuelos que se irán. Las fantasías violentas del adentro son crueles hacia arriba, su utilidad es traición y nadie labra las tierras del espanto. El viento barre la arena del desierto, los fulgores del mal, dígase lo que se diga de autonomías del amor.

a José Angel Leyva

(De “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Sobre este libro, el poeta argentino radicado en México expresó que eligió escribir textos “breves, muy condensados, para no molestar al lector” -ver en el enlace “Noticias”-. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía". Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco).

LXXI

El azar corta las entrañas de la corrupción, pasa el Poder y cierra la heridaza. Laten adentro impotencias del pobre, las letras de lo inefable huido, tratados de la razón domada. Al lado de los derechos humanos del pasado sangran sin abrigo los derechos humanos del presente. La crueldad usa uñas buenas. Los agujeros del país las pintan con esmalte rojo y las instituciones felicitan de pie. Tiembla el jardín que Amor regaba. De qué vale la vida que no se perdió en sales del futuro. Cuida sus ruinas y sobrevive así.

LXXIII

Cuando Dios juntó a las letras para empezar el mundo, faltó una a la reunión. Vaga/busca boca que la abrigue. Ni ayunos sirven para haberla, viaja y viaja esperando justicia. En el ojo cavó su ausencia, ningún decreto la establece y nadie encuentra su sonido. Brilla adentro y no le ven el vértigo donde yo en vos cabalgo. La nada propia es invisible por más anuncios que le pongan. Se fabrican paquetes de pensar para que haya más sangre por las calles y todavía canta un firmamento en la prehistoria de esta noche. Tenemos hambre del secreto donde el dolor es de madera y se echa al fuego.

LXXVIII

Las erecciones del Poder no tienen éxtasis, su codicia no junta oros del lenguaje. En los relojes de su disolución navegan barcos de proa hundida, imanes oxidados de plumas bien cortadas, parlamentos canallas. La observación del sol crea ojos múltiples, se derraman países lejanos en su virtud de prueba y el acto de insistir come del pan que horneó. La libertad negada no se muere tan joven, explora las posibilidades del confín. El azar muestra órganos extraños con luz inapagable. Tanta miseria finalmente, tanto vuelo sin huella todavía.

a Eric Nepomuceno

LXXXII

El lenguaje es un hueso, vaga a su antojo antes de poseer al hijo. En sus pausas se come al infinito y su enlace con el deseo mundial abarca la discontinuidad que nombra. Es libre en suspensiones del origen, conoce su duración en el instante que se fue. Le pesa la inocencia del círculo, tanta miseria alrededor. Penetra las unidades incompletas. Cuánta palabra echada atrás esperando una cuna.

a Jacques Ancet

XC

Cuántos rostros en el vacío que Dios dejó. El que amarra el ocaso a su designación equivoca el revés de su sombra. Autonomías personales aran los territorios de la equivocación, repeticiones que vendrán con instantes que entiendan sus heridas. Hay lavanderas del futuro en lagos resignados y confidencias el presente. Un hermoso peligro brilla en cada prisión, la libertad en la puerta con alas que hay que hacer.

XCIV

Sin saber hasta cuándo me despedí de vos. Volví con agujeros donde callaban compases del exilio, una música que no se deja recrear, un árbol del que caen hojas que asustan a los pájaros. Vuelven a nubes que me quedan. Tiros del pecho siguen jóvenes, libres de su vergüenza, neblinas que llovieron.

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