• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Poesía surrealista americana (II)

JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ

Profundidad del amor

Las cartas de amor que escribí en mi infancia eran
memorias de un futuro paraíso perdido. El rumbo incierto
de mi esperanza estaba signado en las colinas
musicales de mi país natal. Lo que yo perseguía era la
corza frágil, el lebrel efímero, la belleza de la piedra que
se convierte en ángel.

Ya no desfallezco ante el mar ahogado de los besos.
Al encuentro de las ciudades:
Por guía los tobillos de una imaginada arquitectura
Por alimento la furia del hijo pródigo
Por antepasados, los parques que sueñan en la nieve,
los árboles que incitan a la más grande melancolía, las
puertas de oxígeno que estremece la bruma cálida del
Sur, la mujer fatal cuya espalda se inclina dulcemente
en las riberas sombrías.

Yo amo la perla mágica que se esconde en los ojos de
los silenciosos, el puñal amargo de los taciturnos.
Mi corazón se hizo barca de la noche y custodia de los
oprimidos.
Mi frente es la arcilla trágica, el cirio mortal de los
caídos, la campana de las tardes de otoño, el velamen
dirigido hacia el puerto menos venturoso
o al más desposeído por las ráfagas de la tormenta.
Yo me veo cara al sol, frente a las bahías mediterráneas,
voz que fluye de un césped de pájaros.

Mis cartas de amor no eran cartas de amor sino vísceras
de soledad.

Mis cartas de amor fueron secuestradas por los halcones
ultramarinos que atraviesan los espejos de la infancia.
Mis cartas de amor son ofrendas de un paraíso de
cortesanas.

¿Qué pasará más tarde, por no decir mañana? murmura
el viejo decrépito. Quizás la muerte silbe, ante
sus ojos encantados, la más bella balada de amor.

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN

Poema inútil

Empeño manco este esforzarse en juntar palabras
Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,
Que menos transmiten el ajetreo del vivir.

Tal vez consiguen una máscara informe,
Sonriente complacida a todo hálito de dolor,
Inerte al desgarramiento de la pasión.

Con frases en tropel no llegan a simular
Victorias jubilosas de la sangre
O la quietud del agua sobre el suicida.

Nada dicen tampoco de la danza de amor y odio,
Alborotada, aplacada, extinta,
Ni del sueño que se ahoga, arrastrado
Por marejadas de sospecha y olvido.

Qué será el poema sino un espejo de feria,
Un espejismo lunar, una cáscara desmenuzable,
La torre falsa más triste y despreciable.

Se consume en el fuego de su impaciencia
Para dejar vestigios de silencio como única nostalgia,
Y un rubor inexistente no exento de culpa.

Qué será el poema sino castillo derrumbado antes de erigido,
Inocua obra de escribano o poetastro diligente,
Una sombra que no se atreve a aniquilarse a sí misma.

Si al menos el sol, incorrupto e insaciable,
Pudiera animarlo a la vida,
Como cuando se oculta tras un rostro humano,
Los ojos abiertos y ciegos para siempre.


EUNICE ODIO

Posesión en el sueño

Ven
Amado

Te probaré con alegría
Tú soñarás conmigo esta noche.

Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.

Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.

Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,

Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,

Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.

Ven

Te probaré con alegría.

Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.

Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fue descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.

Ven

Te probaré con alegría.

Tu soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.

Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.

(Todos los poemas precedentes y los que siguen en esta selección son tomados de "Un nuevo continente, Antología del surrealismo en la poesía de nuestra América", con selección, proyecto editorial, estudio introductorio y notas de Floriano Martins. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2007. Juan Sánchez Peláez nació en Altagracia de Orituco, Venezuela, en 1922. Murió en 2003. Comenzó a publicar poesía en 1951, con “Elena y los elementos”. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país, en 1976. Emilio Adolfo Westphalen nació en Lima en 1911 y murió en esa misma ciudad en 2001. Comenzó a publicar poesía en 1933, con “Las ínsulas extrañas”. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país, en 1977 y el Miguel Hernández de poesía, de España, en 1998. Junto con su compatriota César Moro, poeta y pintor, organizó la primera exposición surrealista en Lima, realizada en 1935. Fue también ensayista y diplomático. Eunice Odio nació en San José de Costa Rica en 1919. Murió en 1974, en México. Comenzó a publicar poesía en 1948, con “Los elementos terrestres”. En 1947 ganó el Concurso Centroamericano de Poesía “15 de Septiembre”. Publicó cuentos, ensayos y narraciones. En México se desempeñó como crítica literaria. Su férreo anticomunismo y sus críticas a la Revolución Cubana la enfrentaron con la izquierda mexicana).


HUMBERTO DÍAZ-CASANUEVA

La estatua de sal – Canto IV,
Poema XII

¿La vida es breve? ¿Las nubes son espumas del delirio?
¿La tierra devuelve al abismo más de lo que recibe?
Pero el instante es profundo,
debajo el tiempo borbotea,
el instante nos acumula y si lo hechizamos
se rasga y la eternidad asoma
como el velo del templo descorrido en el alborozo
y el dios nos reconoce por los cabellos
y suelta la ola cuando menos pensamos
y si decimos “ahora, ahora, ahora”
el dios queda conjurado
aunque todo siga envuelto en neblina
y el abono en el establo florezca.
“Ha de ser ahora, ahora ahora!”
¿Qué es esto? ¿Este brazo pegado a la lejana montaña?
¡Ay, esposa mía! ¡Apresúrate! Ten piedad de mí y de tus
/hijos y de los semejantes
por los cuales vivimos,
la noche es la muerte llena de hombres blancos,
¡pero Tú, sólo Tú haces andar la tierra!
El día te trae sobre el ala.

(Humberto Díaz-Casanueva nació en Santiago de Chile en 1906 y murió en esa misma ciudad en 1992. Comenzó a publicar poesía en 1926, con “El aventurero de Saba”. Fue también activista sindical y debió irse al exilio en 1928. Comprometido siempre con la promoción de los derechos humanos, se integró al gobierno del presidente Salvador Allende como embajador ante la ONU. Fue miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua).

JUAN JOSÉ CESELLI

La araña desnuda

De las siete teorías sobre lo perfecto
La primera es la más difícil de sobrellevar:
Estrecharse las manos entre desconocidos
Sentir sin fatiga el itinerario de un muñeco que
/reparte profecías
El vaivén de las balanzas que se usan para prometer
/y no cumplir

Siempre habrá una tolerancia especial para estos
/seres tiernamente pecadores
Por la forma elegante de jugar su última estrella
De escamotear los ceniceros
O hacer correr la sangre mientras beben gentilmente
/una taza de té

Condenados por sus equivocadas predicciones
Son los que deben esperar los días amables de fiesta
/para arrancarse los dedos


Cuando tenemos cautiva la imagen
de una mujer seductora

Rodeado de objetos hambrientos
De muebles hambrientos
Una vieja postal me vigila

De pronto un alegre break veraniego
Se detiene al lado de mi lecho
El cochero ataviado con el uniforme de las amargas
/despedidas se apea
Rasca su vieja galera con urticaria
Da de comer a sus caballos mis sueños
Y cepilla sus solapas que son dos mariposas dormidas

La cama hace agua por todas partes
Mi almohada es un pez enorme
Y mientras el agua invade los pasillos donde esperan
/turno las desgracias
Yo nado desesperadamente
Hacia la pequeña mesa de luz

(Juan José Ceselli nació en Buenos Aires en 1909 y murió en esa ciudad en 1983. Comenzó a publicar poesía en 1953, con “La otra cara de la luna”. Formó parte del grupo que editó la revista surrealista “Vía Libre”. Su obra “Violín María”, de 1961, fue premiada por el Fondo Nacional de las Artes).

CÉSAR DÁVILA ANDRADE

Espacio, me has vencido

Espacio, me has vencido. Ya sufro tu distancia.
Tu cercanía pesa sobre mi corazón.
Me abres el vago cofre de los astros perdidos
y hallo en ellos el nombre de todo lo que amé.
Espacio, me has vencido. Tus torrentes oscuros
brillan al ser abiertos por la profundidad,
y mientras se desfloran tus capas ilusorias
conozco que estás hecho de futuro sin fin.
Amo tu infinita soledad simultánea,
tu presencia invisible que huye su propio límite,
tu memoria en esferas de gaseosa constancia,
tu vacío colmado por la ausencia de Dios.

Ahora voy hacia ti, sin mi cadáver.
Llevo mi origen de profunda altura
bajo el que, extraño, padeció mi cuerpo.
Dejo en el fondo de los bellos días
mis sienes con sus rosas de delirio,
mi lengua de escorpiones sumergidos,
mis ojos hechos para ver la nada.

Dejo la puerta en que vivió mi ausencia,
mi voz perdida en un abril de estrellas
y una hoja de amor, sobre mi mesa.

Espacio, me has vencido. Muero en tu eterna vida.
En ti mato mi alma para vivir en todos.
Olvidaré la prisa en tu veloz firmeza
y el olvido, en tu abismo que unifica las cosas.

Adiós claras estatuas de blancos ojos tristes.
Navíos en que el cielo, su alto azul infinito
volcaba dulcemente como sobre azucenas.
Adiós canción antigua en la aldea de junio,
tardes en las que todos, con los ojos cerrados
viajaban silenciosos hacia un país de incienso.
Adiós, Luis Van Beethoven, pecho despedazado
por las anclas de fuego de la música eterna.
Muchachas, sin amigas. Muchachas extranjeras.
Dulces niñas de Francia. Tiernas mujeres de ámbar.
Os dejo. La distancia me entreabre sus cristales.
Desde el fondo de mi alma me llama una carreta
que baja hasta la sombra de mi memoria en calma.
Allí quedará ella con sus frutos extraños
Para que un niño ciego pueda encontrar mis pasos…

Espacio, me has vencido. Muerto en tu inmensa vida.
En ti muere mi canto, para que en todos cante.
Espacio, me has vencido…

(César Dávila Andrade nació en Cuenca, Ecuador, en 1918, y murió en Caracas en 1967. Comenzó a publicar poesía en 1946, con “Oda al arquitecto”. También escribió novelas cortas y cuentos, y fue conocido por su interés por las denominadas “ciencias ocultas”. Asimismo, se desempeñó como periodista).

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