• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
  • @MeMalcriaste
    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

Poesía surrealista americana

FRANCISCO MADARIAGA

I

Tengo ganas de leer algo hoy.
Me sangra la poesía por la boca.

Yo era un estudiante y me adoraba la naturaleza,
pero estaba olvidado,
me hería la plenitud del universo,
y ahora te sacudo a ti, monte de cabellos rojos,
tierras paradas en aguardiente correntino,
grandes balsas de agua alojadas en la boca.

el pavor es celeste, el líquido terreno es fuego,
los pavos reales han sido capados por el sol,
y yo ando por la siesta:
provocador de las grandes fuentes sombrías,
alojado en la voluntad animal.


2

¿Donde pedir auxilio sino en la Tierra?
El mar es un cantor inseparable.
Pero tú tienes también llamaradas acuáticas, Tierra.
¡Acuarelas para quién sabe qué candor!

Yo soy un niño y nadie me podrá recibir,
pero tengo coraje
y ese nativo puro que arroja los paisajes por la nariz.
Tengo un collar para todo lo que arde.


3

¿El alba guaraní gime en mi memoria?
¡Oh francés degollado por las aguas!
en las ex bocas de las putas celestes del paisaje desprendido.

Sin duda nadie cuida de mi memoria,
ni le selecciona parajes ardientes.
Nadie utiliza mi falta de elegancia
cuando expiro con la leche de las frondas sedientas.

Yo no quiero cantar países natales,
sino medallas de carne de sol,
telas de la naturaleza,
conciertos de las tumbas salvajes,
hijas de la ternura natural.


ALDO PELLEGRINI

Noche de amor

Por el camino recorrido tan largo
hasta que mis dedos rozaron tu piel desesperada
yo te vi húmeda de estremecimientos
allí donde nacen los basiliscos de la fría distancia
ahora adhieres a una presencia
que encierra la azorada multitud de tus deseos
mientras tu mirada vaga por la ciudad sin rostro
junto a los perros que orinan y al saltimbanqui ciego
envuelta en tu blandura estremecida
no huyas ansiosamente
no abandones el reguero ardiente de hormigas
no turbes esta noche sembrada de ramas
donde habita el único sueño
que alimenta a todos los hombres

detrás de esa inmensa fuga
tu desnudez
flota como una nave.


Sobre las diversas formas del placer

Un trozo de papel
un árbol que camina al encuentro de la mirada
una inscripción en el seno de una virgen
un gesto de desprecio que licúa los rostros
una tapia sembrada de ojos fosforescentes
una mano que corre las cortinas
un niño que orina en el extremo de una calle
un cortejo fúnebre
un perro que persigue espejos
una mosca misántropa
una injuria perdida en la noche
una mujer que despierta y llama a su hijo
y un hijo que no existe
son todos objetos dispuestos para excitar el deseo
cuando se abre la puerta la casa está vacía
en la iglesia las ratas escuchan la letanía
dad más sed al sediento
dad más hambre al hambriento
oh ya es demasiado, ya he tocado el ala
ya he tocado el vuelo y la nube y la lluvia
no se puede avanzar más
por el camino de la voluptuosidad.


JORGE GAITÁN DURÁN

Amantes

Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.

Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.

Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman
mil veces morimos cada día.


Amantes II

Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día,
labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.

(Todos los poemas precedentes y los que siguen en esta selección son tomados de "Un nuevo continente, Antología del surrealismo en la poesía de nuestra América", con selección, proyecto editorial, estudio introductorio y notas de Floriano Martins. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2007. Francisco Madariaga fue un poeta argentino, nacido en 1927 y muerto en 2000. Vivió su infancia y parte de la adolescencia en la provincia argentina de Corrientes, lo que marca su vinculación con la naturaleza y con la cultura y el idioma guaraní. Comenzó a publicar poesía en 1954, con "El pequeño patíbulo". Figura en gran cantidad de antologías de su país y del exterior. Recibió numerosos premios, entre ellos el Nacional de Poesía. Aldo Pellegrini nació en Rosario, Argentina, en 1903, y murió en esa misma ciudad, en 1973. Es considerado co-fundador en su país del primer grupo surrealista de Suramérica. Comenzó a publicar poesía en 1949, con "El muro secreto". También fue dramaturgo y ensayista. Jorge Gaitán Durán nació en 1924 en Pamplona, Norte de Santander, Colombia, y murió en Francia, en 1942. Comenzó a publicar poesía en 1946, con "Insistencia en la tristeza". También escribió en prosa, fue autor de la ópera "Los hampones", con música de Luis Antonio Escobar, y se desempeñó como crítico de literatura y cine).


BRAULIO ARENAS

El divulgador a lámpara

Los que fijen sus ojos
Los que renueven sus manos y su garganta
Perdida de los bosques
Salen a la noche del furor
Al misterio opaco
Salen de sus sentidos
Los que pidan una coincidencia
Semejante a toda horrible búsqueda
A toda intoxicación de ala librada
A toda presencia que escucha al amor
A toda intransigencia en el azar frenético.
Ella no suprime las encrucijadas
Ni la desconocida fuerza del relámpago
Inútil disidencia.
Ella no entra en la copa
Siguiendo el agua.
Este valor nos queda reservado
Este valor de dobles espinas
Y mirar y mover las manos y juntar la garganta
En abismo y pureza
En bosque isleño
Este valor este amor esta respuesta
Esta errante profecía esta memoria esta pregunta
Este día esta tarde que hace lucir la daga
Nadie da un paso en medio del sopor de las cascadas
Nadie responde nadie pregunta
Nadie veda la respiración a la muerte.
Yo sé la precisa mujer olvidada
Yo sé la que hace estallar el mundo como una moneda
La estación feliz por sus ventisqueros la estación desgraciada
La estación angélica y la que fluye
Con eternidad y error de una pequeña razón humana
Y amorosa.


A mandíbulas batientes

No esperemos ver
este aeropuerto
estas palabras incorporadas a la nitidez
del calor fidedigno
de las cascadas que las canoas que reproducen la fiebre
la malaria
atribulada con sex-appeal a que corresponde la mención
maravillosamente.
Bellas ballenas
cruzan como un jardín recién aclimatado
que se aleja en principios de fiebre
en principios de encantamiento ódico
con su garganta abierta
enfocada en plena luz.

(Braulio Arenas nació en La Serena, Chile, en 1913, y murió en Santiago en 1988. Comenzó a publicar poesía en 1940, con "El mundo y su doble". Recibió varios premios, como el Municipal de Santiago, en 1960, y el Nacional de Literatura, en 1984. Recibió numerosas críticas por haber adherido al golpe de 1973, que derrocó al gobierno constitucional de Salvador Allende y dio comienzo a la dictadura del genocida Augusto Pinochet).


CÉSAR MORO

Batalla al borde de una catarata

Tener entre las manos largamente una sombra
De cara al sol
Tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio
Sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire
El tiempo se transforma en casa de abandono
En cortes longitudinales de árboles donde tu imagen
/se disuelve en humo
El sabor más amargo que la historia del hombre conozca
El mortecino fulgor y la sombra
El abrir y cerrarse de puertas que conducen al
/dominio encantado de tu nombre
Donde todo perece
Un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruscos
/interpretables
Una mano sobre una cabeza decapitada
Los pies
Tu frente
Tu espalda de diluvio
Tu vientre de aluvión un muslo de centellas
Una piedra que gira otra que se levanta y duerme en pie
Un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho
/de piedra
Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea
Para explicarme en letra muerta las prolongaciones
/misteriosas de tus manos que
vuelven con el aspecto amenazante de un cuarto
modesto con una cortina roja que
/se abre ante el infierno
Las sábanas el cielo de la noche
El sol el aire la lluvia el viento
Sólo el viento que trae tu nombre

(César Moro nació en Lima, Perú, en 1903, y murió en esa misma ciudad, en 1956. Escribió gran parte de su poesía en francés. Su única obra poética en español, "La tortuga ecuestre", fue escrita en 1938 pero recién fue publicada en 1957. Se destacó también como pintor y escribió en prosa y una obra teatral).


MAROSA DI GIORGIO

Abuela

Desde que te fuiste
siento que me llaman desde el trasmundo.
Sé que prendes lamparillas para mí
y haces rodar planetas silenciosos
por las casuarinas.
Anoche me desveló tu cabellera
golpeándome en la cara
como un viento largo,
liquen gigante, musgo crecido, lluvia de algas,
y me eché a ambular
por las habitaciones donde tú andabas,
tras de tu menudo azúcar fragante,
tu sabor de higos.
Yo no sé
hacia qué aire mirar, hacia qué cementerio;
lejos, en el campo, veo amarillear tu nombre,
cerca, entre las altas yerbas azules,
sé que un gran corazón ha partido su almendrario
y acuden pájaros ansiosos,
entre las altas yerbas, oh, muerta deliciosa,
te descompones en siete aromas, en siete colores,
voy a probar de ti.
Cadáver errante,
vas con las lejanas espigas mirando el cielo
y estremeces levemente las caderas
cuando llegan a poseerte los diablos del campo
y se caen higos de tus senos entreabiertos
y multiplicas moscas de alabastro;
y para mis secretas navidades
envías mariposas con extraños sellos,
mariposas fechadas en la muerte,
y postales ricas, espesas, casi cometibles,
con gusto a almendra,
postales que yo muerdo.
Yo no sé qué tierra mirar,
hacia qué aire,
pero conozco el sabor de tus huesos.
Dios, para entretenerse, te entrega sus cabras
de largas cabelleras azules,
y te envuelve en su propia cabellera,
larga y celeste y perfumada,
todo de glicinas.
Y tú te regocijas en Dios,
pero, no te olvidas de mí, y me nombras, y me sigues
/queriendo más que a nadie,
y en cierto modo me llevas allá
y juegas conmigo como con una muñeca.
Anoche te seguía por las oscuras habitaciones,
y vi que te desnudabas;
en la esquina de los roperos y las cómodas,
vi que te cambiabas de alas y de flores.
Sellas lo que yo purebo,
reconozco tu azúcar,
me miran desde el agua
tus ojos de higo, de manzana.
Retrato errante,
furtiva gacela, te vas,
y vuelves, gacela inexorable,
a buscar tu cena,
tu ración de jazmines.
Alta madre,
vieja novia,
abuela, abuela
has inaugurado mi nombre,
hondo,
lejos,
en un paisaje de huesos y planetas.

(Marosa Di Giorgio nació en Salto, Uruguay, en 1932, y murió en Montevideo, en 2004. Comenzó a publicar poesía en 1954, con "Poemas". También escribió narrativa e incursionó en la prosa erótica. Algunas de sus obras fueron traducidas al francés, inglés, italiano y portugués. Recibió premios y reconocimientos, entre ellos el Primer Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 2001).

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