• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
  • @L0laM0ra
    A cierta distancia nos leemos más cerca
  • @DamaElegante_
    Es bueno tener sonrisas a punto, en la trastienda de los sueños rotos
  • @sweetcamelot
    Un alma inquebrantable se refleja en una dulce sonrisa
  • @noessineso
    Aunque lo imagino,/ lo sueño,/ ese atardecer/ juntos/ fue de otros
  • @jfsounds
    Cual farol quemar/ Las corazas de papel/ Desde adentro
  • @loretosesma
    Porque escribo mejor desde mi herida pero sonrío mejor desde la cicatriz
  • @NegroPermanente
    Sigo anclado en la estación en donde nos dejamos los sueños
  • @Aline_RFagundes
    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Roy Vega Jácome

  

   síndrome de diógenes

 

          bajo la salada atmósfera

que abandoné y aún me persigue,

tus manos activaron mi deseo,

tus garras compitieron con las mías

por ordenar el caos sibilante,

tus voces de hiedra advirtieron

el deceso que ya marcaba predicciones y puñales.

     fuiste para mí la posesión más preciada.

     eres hoy la frialdad de un crucifijo

o el reposo de una tibia oquedad.

     y desgreñados recorremos la estancia,

encarnando una extraña parodia

del aire que barre el pasto con sus labios.

 

 

   poiesis

 

     ¿qué mayor sabiduría que la de saberse incierto?

     lo incierto es lo que contemplo,

lo que huelo en el estigma del acero y el invierno.

     es un descenso a través del lago rojo,

un cauteloso distanciamiento de las libélulas y el fuego.

     lo incierto es el agua en un recipiente quebrado,

es una esfera que se consume en el granizo:

eres la sabiduría disfrazada de ocaso.

     noche sin noches grises,

eres la carga de un trueno silente

yendo hacia los pozos de hedor y perfumes violeta.

     un único llanto emerge de las vastas olas,

un único nombre sin voz ni verdor,

una cadena de eslabones desconocidos.

     la coraza se sumerge en la sangre y grita,

un conjunto de rayos bajo el eclipse

propaga clamores y náuseas de mármol:

que las palabras no rompan el cántaro que las contiene

que el cántaro se junte con el cántaro mismo.

 

 

   prehistoria personal

 

          sucesión de estacas en la soledad del huerto.

niño aún, devorando melocotones abiertos al mediodía,

junto a los animales sacrificados en el aroma de la fiesta.

               meses de lluvia y sequía interna.

de pie sobre los escombros de la conquista y la corona de

pieles, vi múltiples aparecidos vagando entre las mazorcas,

buscando a sus animales, a sus amantes furibundas.

acaso tanteaban el horizonte negado, los

oleajes de un océano que los hipnotizó.

              yo buscaba historia bajo aquel cielo.

vuelvo a aquella época y busco mi historia: las vigas

flotantes me respondieron con sus cantos, las pepas de

durazno fertilizaron la tierra y mis pies extranjeros

tentaron ese espacio con su herejía.

              retorno a mis pasadizos duplicados,

a mis dos lugares de alumbramiento:

                                     el desierto gris,

                           el césped de los ancestros.

                  busco mi entereza,

                             el misterio del lenguaje.

 

 

   soliloquio de un miércoles por la noche

 

               no me conozco y tal vez nunca me conoceré.

siempre he sido un extranjero en mi propio cuerpo.

y si quisiera empezar en este instante

                     —en este instante ya verbalizado—

no lograría alcanzar las profundidades que llevo impresas en mí.

                no me conozco y tal vez no quiero hacerlo.

por algún artilugio de la intuición, sé y

no sé lo que encontraré allí. sé también

que elimino opciones, que mutilo las

vagas orillas de mi rostro y me

complazco en contar las marcas que

van dejando las cortinas.

        hundo mis espinas en los paisajes cuando nadie me ve,

y finjo que todo a mi alrededor se aleja,

cuando en realidad se acerca para alojarse

como un manantial en mi sangre.

                   para volver y no reconocerme.

 

 

   I

 

              la poesía como un arte disecado.

            como un objeto elegido en medio del caos

para ser preservado en un recipiente de vidrio.

            como un animal relleno de voces y plumas

cuyos ojos -aparentemente muertos-

perforan el aire y transforman lo real.

               algo así como una dulce taxidermia

                                   de la imagen y el pensamiento.

 

 

   antielegía a césar moro

 

                           porque eres un reloj sin manecillas

                                     un bello loto sobre los pantanos.

                                              PIEDAD BONNETT

 

 

                la vida escandalosa de césar moro 

fue tan escandalosa como la vida monástica de los moribundos lectores de poesía.

           él amó con un amor sin género posible.

él amó a la vía láctea y sus fluidos. 

él amó las escorias impuestas a su cuerpo, a su idioma, a su deseo.

           es indudable que llevó una vida escandalosa y desangrada 

entre los pasadizos de su memoria de hilos dorados.

indudablemente bebió también de la enfermedad mental más perniciosa  y optó por limarse

las uñas, sometido a una dulce espera en la que decidió mutar de nombre  y dibujar las

cartas que habrían de convertirse en su temprana radiografía.

                deberíamos leer tan solo una línea de su poética, 

aspirarla y devorar sus bordes, como las bestias de la noche que nacen a sorbos

y buscan en el pentagrama hilado por las estrellas un símbolo que los acerque

al manantial soñado.

            deberíamos llevar vidas escandalosas para nosotros mismos,

sin autofotos ni ropas coloridas que invadan nuestra cada vez menos perfecta soledad.

            bien valdría la pena extraviarse en aquel bosque de palabras.

 

(Los primeros dos poemas son del libro "rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera", Dedo Crítico Editores, Lima, 2014. Los tres siguientes corresponden a "muestra de arte disecado", de la Colección de obras ganadoras de la XVII Bienal de Poesía "Premio Copé 2015", Ediciones cope, Lima, 2016. El último corresponde al libro inédito "etapas del espíritu / runas grabadas en la piel”. Roy Alfonso Vega Jácome nació en Lima, en 1988. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su libro "Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera" obtuvo mención de honor en el VII Concurso Nacional de Poesía “José Watanabe Varas 2011”. En 2015, con su libro "Muestra de arte disecado" (Ediciones Copé, 2016) ganó el Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía. En 2017 ganó el Premio Poeta Joven del Perú).

 

 

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