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Un poema para 2018 (II)

 

  Poetas y lectores de La Poesía Alcanza aceptaron nuestra invitación y proponen poemas para cruzar el umbral y recibir el Año Nuevo. Algunos escribieron especialmente un poema alusivo y lo enviaron. Otros eligieron poemas escritos con anterioridad. Otros, autores y poemas de su preferencia. Esta es la segunda de al menos tres series que se deben a esas propuestas. A todos y todas, por igual, muchas gracias.

 

    José Emilio Pacheco

 

   Inmemorial

 

El misterioso día

se acaba con las cosas que no devuelve.

 

Nunca nadie podrá reconstruir

lo que pasó ni siquiera en éste

más cotidiano de los mansos días.

 

Minuto, enigma irrepetible.

 

Quedará tal vez

una sombra, una mancha en la pared,

vagos vestigios de ceniza en el aire.

 

Pues de otro modo qué condenación

nos ataría a la memoria por siempre.

 

Vueltas y vueltas en derredor de instantes vacíos.

 

Despójate

del día de hoy para seguir ignorando y viviendo.

 

   “Inmemorial”, del poeta mexicano José Emilio Pacheco, fue propuesto por Nicolás Peralta, de Nicaragua.

 

 

   Pere Gimferrer

 

   Band of angels

 

Un jazmín invertido me contiene,

una campana de agua, un rubí líquido

disuelto en sombras, una aguja de aire

y gas dormido, una piel de carnero

tendida sobre el mundo, una hoja de álamo

inmensamente dulce, cuanto puede

vegetal y callado remansarse

sobre nuestras cabezas, y la sien

y los labios y el dorso de la mano

ungir de luz:

                     Tú llegas.

                                      Mía, mía

como el árbol del cielo de noviembre,

la lluvia del que en sus cristales óyela

y piensa en ella, el mar de su eco lóbrego,

el viento de la cueva donde expira

y se sume, pasado el planisferio,

la luz de su reflejo en un estanque,

el astro de su luz, del tiempo el hombre

que lo vivió y luchó para ganarlo,

ganando aquél, del silencio la música

que un instante ha cesado y se retiene

para volcarse luego, un solo río,

una sola corriente de oro en pie,

inmóvil y cambiante, tal el signo

de la centella en el recuerdo, cuando

la pensamos y fue, sobre la tapia

en cal de nuestra infancia, un aro roto,

y aquel fulgor estremeciendo el aire,

caliente en las mejillas, glacial luego,

cuando la lluvia en chaparrón nos vence

y vence a nuestra infancia:

                                               toda mía

como esa infancia que no tuve, el ruido

de una máquina al coser, tarde perlada

de cansancio, cortinas fantasmales,

unánime el pasillo hacia el balcón

y la calle entre rejas, un perfil

desconocido, el mío, y en sus ojos

otra luz de leyenda, un mundo, salas,

caminos, rosas, montes, arboledas,

tapices, cuadros, parques de granito,

abanicos abiertos, tumba abierta

como un ángel de mármol, tumba abierta

con coronas y versos, tumba abierta

de un niño, tumba oscura, aún mi pelo

rizado estaba, tumba abierta al cierzo

y la lluvia de otoño, verdes eran

ya mis ojos, en mi boca había un lirio,

tumba abierta de barro removido,

paletadas de estiércol en los ojos

de un niño, tumba abierta, venid todos,

murió en noviembre y llueve en su piel blanca

llueve con la dulzura del otoño

y el dolor de la infancia que no tuve

y hoy sueño para ti,

                                   pues era mía,

mía como lo más mío de mí mismo.

Yo te he esperado años, y no importa

(no debiera importar) que sin tu luz

permanezca unas horas, escribiendo

poemas al azar, mientras te sé

con otras gentes -¿tú la que me sueño,

o la que eres?- ida, ajena, en este

país tan tuyo de metal y sombra

donde no puedo entrar, en este tiempo

vivido sólo por y para ti,

el tiempo de sala de concierto

donde entraste aquel día, y bruscamente

te vi partir, sabiéndome a tu lado

y queriéndome aún, más desde lejos,

donde imposible no sonó mi paso

ni mi respiración de amor llegaba

a tus cabellos, desde el centro mismo,

de la otra vida, el corazón magnético

que envolvía en un círculo, hacia arriba,

sala y rostros y música ya ti.

No debiera importarme que no tenga

de este modo en las horas que tú vives

lejos de mí, fiel a tu vida propia,

para luego en la luz de amor transida

de mis ojos reconocerte en mí

y latir al unísono los pulsos,

astros, flores y frutos del amor;

no debiera importarme, mas no sé

dar al olvido tantos años muertos,

tanta belleza inútil, pues no vista

ni gozada contigo, tanto instante

que no sentí, pues no sentí a tu lado,

toda mi vida antes de abrirme a ti:

este jardín, esta terraza misma,

el vientre tibio de la noche fuera,

las ubres ciegas del pasado, el agua

latiendo al fondo de un poema, el fuego

crepitando en la cumbre de un poema,

la cruz donde confluye el elemento,

el círculo o conjuro cabalístico,

la pezuña del diablo, los ardides

que con mi amor fabrican poesía

como metal innoble.

                                    Veo el claustro

ya en silencio a esta hora de la tarde,

mágico en la distancia y la memoria,

arropado de sombras indecisas,

y tú saliendo, tu cabello suave

que ahuyenta las brujas, tu mirada

vertida en algo más allá de ti,

la astral fosforescencia de tus dientes,

el hielo dulce y terso de tus labios,

todas las dalias que en tu piel expiran

y en cada pliegue de tu cuerpo, y toda

la piedad que tus manos me conceden.

Irreductiblemente, ¿cómo ves

al que te espera, con tus ojos puros?

Supiera esto, y tú serías mía,

y al esperarte ahora, en esta tarde

que existe sólo porque existes tú,

la luz que confabula este poema

incendiaría nuestra soledad.

Ven hasta mí, belleza silenciosa,

talismán de un planeta no vivido,

imagen del ayer y del mañana

que influye en las mareas y los versos;

ven hasta mí y tus labios y tus ojos

y tus manos me salven de morir.

 

   “Band of angels”, del poeta catalán Pere Gimferrer, fue publicado en el libro "Arde el mar", de 1966. Fue propuesto por el poeta argentino Agustín Mazzini.

 

 

   Pamela Bustíos

 

   En tránsito

 

La vida nos tiene andando, explorando

con las manos agitadas por el viento,

derramando alegrías y quebrantos,

el corazón latiendo en reconocimiento.

 

Y es que estamos aquí para vernos,

para captar nuestros olores carnales.

Estamos danzando al compás de los cerros,

de la melodía de nuestras visiones siderales.

 

Pasa el tranvía llevándose nuestros sueños;

unos asoman sus venas en busca de luz,

los retraídos se cubren y se hacen pequeños

mientras desparecen cargando su cruz.

 

Pasamos días en busca de aventuras,

pasamos años exponiendo razones.

Vivimos en colores fomentando locuras

atendiendo a las vibraciones de los corazones.

 

Travesías, treguas, palabras de mil sabores,

explayando las miradas con un propósito.

Y es que somos cuerpos excitando motores,

sin temor de encontrarnos en tránsito.

 

   Pamela Bustíos, quien nació en Lima, en 1975, y reside en Miami, propuso este poema suyo. Ella publica en el espacio:

   http://paraderomercurial.tumblr.com

 

   Cristina Díez Fernández

 

   Espera(nza)

 

No esperes a que me rompa

para saber qué guardo dentro.

No esperes a que mis palabras

sean sólo el eco de un todo diluido.

No esperes a ver una sonrisa disimulada

para saber que me estoy cosiendo y duele.

 

¿Qué les digo a mis manos,

si mi corazón no entiende?

¿Qué les digo a las letras

que gritarían y no saben?

¿Qué camino les digo a mis ojos sigan

si lloran por tener el infierno a su altura?

 

Y como aquella vez, aquí me tienes

escribiéndote desde la sencilla ilusión

de quien cree que mañana sí,

habrá algo nuevo bajo el sol.

 

   Cristina Díez Fernández (@LaraenREM), española, propuso este poema suyo.

   Ella publica en el espacio: https://valkiriaypunto.wordpress.com/

 

   Diana Letícia Flores Azuara

 

   Pisa fuerte

 

Somos pestañas en movimiento, que no se crean ni se destruyen tan solo se

   transforman

un giro en la ventana del ayer que se va alejando, un mosaico con líneas sonoras

   infinitas,

somos nuestras propias vías al pasar los trenes, huellas en un país lluvioso,

y las mejores pistas escondidas por el asesino, camuflaje multicolor,

y somos todo aquello que permanece dentro cuando todo se mueve fuera;

lanza la moneda al cielo y nos crecen dientes de leche,

quiero creer en las nuevas estaciones al terminarse las uvas.

Quiero sentirme inquebrantable ante

cualquier ciclón, necesito nuevas y mejores encrucijadas porque fracasar es salir ileso, aplaudir por la gota que colma el vaso y mantenerse así cerca de todo lo que nos

   mantenga flotando, besar a la siguiente

en la fila de mis preguntas, creer en la magia

sin sombreros ni baritas, pues ahora son las puertas que tocan a nuestros corazones pues quieren bailar con la nueva luna enamorada,

como el capitán que grita tierra a la vista,

convivir con nuevas máscaras y descocer disfraces, soltar el telón con los ojos

   cerrados, pues la continuación no pide prisas,

deja de buscar y presta atención a lo encontrado, pues la magia de lo que debe ser

   siempre te encuentra, ser lugares que aunque no lo sean,

ahí, todo parezca posible, el ideal de expresar a facturas acabadas

cada vez que laten el pensamiento y el corazón, sin segundas

   y a manos abiertas,

sin cajones de fuego ni banditas en los labios, pues el mundo gira por quienes hacen

   lo que sienten incluso con todas las suturas encima…

qué sería el futuro sin el pasado, pues nunca es tarde ni temprano

y eso es todo lo que sé del tiempo,

así que, pisa fuerte comenzando Enero, abrígate Febrero, rueda y vuela Marzo, coquetea Abril, perdona, olvida y brilla Mayo,

salta la cuerda y ensucia tus manos Junio, raspa tus rodillas Julio, aprende y emprende Agosto, tambalea en tacones Septiembre,

grita Octubre, cuestiona Noviembre, responde y lánzate sin barandillas Diciembre, hazte polvo y comienza.

 

   Diana Letícia Flores Azuara, de Pachuca de Soto, Hidalgo, México (@dianalefaz @sollariumle), envió este poema suyo para la presente selección.

 

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