• @_marazi
    Sentimos demasiado como para salir ilesos
  • @HilseCaracas
    Se afiebra el corazón cuando la luna se lleva por dentro
  • @LunaFractal
    Escribir, volver a las andanzas
  • @mediamente
    Los tiempos que corren deberían ser detenidos
  • @NicolasPaulsen
    El monstruo niega su soledad multiplicando los espejos
  • @Naomi_Her
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    El tiempo, para el poeta, habita en los labios
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  • @PedroLuna73
    Soñar es un acto político

Los pueblos

JACOBO RAUSKIN

La clase obrera ya tiene su museo

Son todos dentistas, policías, turistas.
Son curiosos curioseando.
Hay exposiciones, curadores hay.
La vieja fábrica es un museo abierto al público
en días de oficina y horas de museo.
El piso es puro mármol reconstituido, reimplantado.
El último obrero no ha vuelto,
dejó su ropa de trabajo.
La dejó colgada de un clavo de la memoria
a falta de pared.
La pared es textura saqueada.

(De "El arte de la sombra", colección de poesía Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011. Jacobo Rauskin nació en Villarrica, Paraguay, en 1941. En 2007 ganó el Premio Nacional de Literatura. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1964. Entre otros premios y reconocimientos, recibió la condecoración "Orden del Poder Popular" en Venezuela, en 2010. Se publicaron varias antologías de su obra, en Paraguay y en Argentina).


CRISTIAN ALIAGA

No es el aura de Kant

El resultado es el silencio.
Ocultos en los ranchos,
emparejados con la hacienda,
los peones carcomen la filosofía.
No es el aura de Kant
ni el primer motor de Tomás de Aquino:
es una bola de lento fuego
que se revuelca en el alma.
El sueño es un largo cuchillo en el vientre
de los blancos dioses
y un incendio de alpataco
que todo lo destruya.

La luna amontonada en los galpones
y el regreso de un interminable viaje
a caballo por las estrellas.

Los perros huelen el alma de los peones
y encuentran seres desconocidos.

(De "Estrellas en el vidrio", con prólogo de Alicia Genovese y selección de Jorge Boccanera, colección de poesía Musarisca, Edificiones Colihue, Buenos Aires, Argentina, 2002. Cristian Aliaga nació en Darregueira, provincia de Buenos Aires, en 1962. Comenzó a publicar su obra poética en 1988. Fundó la Editorial Universitaria de la Patagonia. Es también periodista).


ELIODORO AYLLÓN TERÁN

Los crucificados (fragmentos)

Los crucificados están ahí, para siempre.
Nadie los podrá mover.
Las pupilas que captaron sus harapos airados
Llevan la maldición de Luzbel.

Ahora las cruces caminan por el pavimento.
Golpean el corazón de la muerte
y apuntan a la luz de la madrugada.
Al amanecer las cuchillas del frío
se mueren de miedo
en el perfil enhiesto del minero.

Las cruces no morirán. ¡NO!
Desafiando el cielo impávido,
vivirán hasta que crujan
las maderas del verdugo.

Y cantando irán a la batalla,
a la fogata,
al incendio voraz de su congoja.
No quedará miedro sobre miedo,
no quedará madera para la muerte.

Las cruces resplandecerán para siempre,
en el límite excacto del pueblo,
cuando las campanas llamen al cambio
en la hora precisa del canto.

(De "Antología Comentada de la Poesía Boliviana", con coordinación de Roberto Ágreda Maldonado, Grupo Editorial Kipus, Cochabamba, Bolivia, 2010. Eliodoro Ayllón Terán nació en Sucre en 1930 y murió en esa misma ciudad en 1992. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1958 y fue integrado a varias antologías).

DAVID LAGMANOVICH

Memoria de los desaparecidos

El carpintero dejó cepillos/formón/el crepitar de las
virutas
del periodista quedó un silencio que sólo pudo percibir
alguien que caminaba sin rumbo en la
madrugada
la estudiante olvidó una prenda en el dormitorio de su
amigo
se alargó hasta el infinito la próxima llegada del
visitador médico


Después el Imperio consumió también los rastros de
los desaparecidos
la lluvia siguió cayendo sobre los mismos campos

(De "Memorias del Imperio, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1994. David Lagmanovich nació en Córdoba, Argentina, en 1927, y murió en Tucumán, norte de ese país, en 2010. Fue también escritor de microrrelatos, considerado precursor en ese género, y ensayista, con publicaciones en Italia. Se desempeñó asimismo como docente y periodista).


RAMÓN PALOMARES

Así combaten los del humoso bosque

Cortando caras y arracimando brazos y dientes,
¡allá vienen!
Salieron de sus escondites
brincando.
Tienen una lanza en cada mano,
y en sus espaldas
Colmillo de flechas!

Una mirada de esos guerreros
y los dioses del enemigo
tiemblan.

Una flecha
y sus ojos se cierran!

Ya no hay más que cadáveres
Ya no hay más que fuego.

En las bocas y narices del enemigo
y en su risa y su cuello
enterraron sus lanzas
-Y nada pudo el dardo invisible ni
la atronadora candela!

Sus escudos y sus dientes de hierro
¡Inservibles!

Así combaten los del humoso bosque y la arena
Que se fija y dispersa!

(De "Antología poética", Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2004. Ramón Palomares nació en Escuque, Venezuela, en 1935. Comenzó a publicar poesía en 1958. Recibió el Premio Nacional de Literatura, en 1974, y el Víctor Valera Mora, en 2006, entre otros reconocimientos. Casa de las Américas publicó en 2006 la antología "En el reino de Escuque").

MARÍA ELENA HERNÁNDEZ

Punto muerto

Yo no recuerdo a mis maestros delante del pizarrón;
se detuvieron allá en mi pañoleta con un dolor agudo,
nunca soporté los lunes rayados por un lápiz.
Y mientras, los amigos querían meterse en mis dibujos,
concentrarse en el camaleón que rápido cruzó la ventana
aloborotándonos los ojos y las manos.
Y ese verde en apretado horizonte nos invitaba a dar un
paseo.
En verdad, no nos alcanzaba la primera juventud;
(el hombre vive en pedazo en la Tierra y el otro a gran
altura).
Pero los maestros, que sabían de nubes y nubes; tanta
Botánica
y eran ciegos al árbol que afuera desparramaba
sus frutos;
tanta literatura
y eran sordos al griterío que producen los que sueñan.
Yo no perdono a los maestros detenidos allí,
delante del pizarrón.

(De "Las palabras son islas, Panorama de la poesía cubana del Siglo XX, con selección, introducción, notas y bibliografía de Jorge Luis Arcos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1999. María Elena Hernández nació en La Habana, en 1967. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1988).


MIGUEL HERNÁNDEZ

Aceituneros

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explorador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y los manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

(De "Viento del pueblo", antología poética, Las Poesías del Verano, colección editada por El Mundo y La Revista, Unidad Editorial S.A., Madrid, 1998. Miguel Hernández nació en Orihuela en octubre de 1910. Falleció en Alicante, cuando estaba prisionero de la dictadura de Francisco Franco, en marzo de 1942. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1930, en el semanario El Pueblo y en el diario El Día de Alicante. Aunque se lo conoce más por su poesía, también escribió obras de teatro y prosas).

JUAN LISCANO

Silvestre anciano

De muy lejos llegaba su pena envejecida,
de un tiempo de rurales estaciones,
tinajas, tinajeros, cántaros a la fuente,
pasos de luna,
madrugada del grito del arriero;
de muy lejos llegaba su pena encanecida,
de un tiempo mugidor de ordeños y de establos,
de los fragantes días del café,
de la edad del caballo.

Era un silvestre anciano caído en soledad,
caído desde el árbol frutal de su niñez,
desde el burro prestado de su infancia,
desde el potro que amó su mocedad,
desde la altura a pie de su pobreza adulta
y el último repecho de cansancio
desde donde mirara, atardecido,
crepuscular, la siembra que sembró,
más ajena que nunca bajo la luz azul.

Un día abrió su canto al viento de la rosa;
aires le dio para sus cantos ésta,
aires sin letras,
de flor, de puro aroma vegetal.

Cantó su vida enamoradas brisas,
clavel de labios, lumbres de mirada,
la noche cabellera de mujer,
la boca de la herida de la sangre
y se quedó sin voz.

Cantó su vida un aire de soldados,
de oscura tropa agraria,
zumba que zumba en alas de bandera amarilla
y se quedó sin voz.

Cantó su vida, páramos, umbrías,
candelas de verano, sequías, espejismos,
crecientes, aguaceros del invierno fungoso,
escampos, arco-iris
y se quedó sin voz.

No tiene ahora siembra, ni tarde, ni mañana,
ni ramas, ni montura
ni aires brinda a su vz rosa del viento.
Ya ni siquiera tiene desde dónde caer
al suelo exacto, piedras y raíces.
Antes que el día caiga noche,
desde una hora azul, venenosa y última,
aquel agreste viejo siente
que dobla, lentamente, su mínimo tamaño,
que se estira de un todo sobre la tierra llana,
que se queda dormido junto a su sombra inmóvil,
por fin, caído al fondo de las cosas.

(De "Antología poética (1942-1991)", con prólogo de Óscar Rodríguez Ortiz, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1993. Juan Liscano nació en Caracas en julio de 1914 y murió en esa misma ciudad en febrero de 2001. Fue también crítico literario, ensayista y editor. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1930).

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