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Roque Dalton

 

   Como tú

 

Yo, como tú,

amo el amor, la vida, el dulce encanto

de las cosas, el paisaje

celeste de los días de enero.

 

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido el brote de las lágrimas.

 

Creo que el mundo es bello,

que la poesía es como el pan, de todos.

 

Y que mis venas no terminan en mí

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan

la poesía de todos.

 

(Este poema circuló clandestinamente en El Salvador, firmado con el pseudónimo de Timoteo Lue).

 

 

   Casi elegía

 

           Para B.C.

 

No es que me entusiasmara demasiado tu olor

    a miel

yo venía de un hervidero de abejas

y prefería las asociaciones de ideas que

   culminaran en Bambi

pero el maduro azar y sus implicaciones

las labores astrales de las señoras que dan

   los permisos

lo echarían todo a perder.

 

A pesar de que tu aspecto de venadito era

   reglamenario

y tu desnudez no tenía aún la menor herrumbre

por el contrario atraía los gatos como un tazón

   de leche

y en ella se podía uno refugiar de la policía

o rtener a la Cenicienta hasta el siguiente

   atardecer

o cortar mangos tiernos ya peladitos y salados

o mojar puntas de flechas en una estrofa de la

   Internacional.

 

¿Por qué entonces nuestro retrato de bodas

iba a ser el retrato de bodas de nuestros hijos?

Las hojas se secaron entre las obras de Kipling

huélelas y recuérdame

límpialas de diamantes y recuérdame

pon polvo de su polvo en los deseos de tu

   juventud.

 

La culpa es de la vida que se deja vivir

amor mío.

 

 

   Cita

 

                Para C., in memoriam.

 

Tu desnudez es la eternidad

debo decirlo ahora

porque no fue sólo el agua sino que será

   siempre la sed

porque había sido el peligro y el premio

la pregunta contestada para la sal de todas

   las playas del mundo.

 

La toqué y me vistió de luz y sombra

me hizo pedacitos la sabiduría para que la

   repartiese por los caminos

me hizo tener hijos de oro y enemigos náufragos

   en la hiedra

me dio un nuevo nombre que sonaba como un

   golpe central

soltado por el desencantador en la puerta

   invencible.

 

Sé que por otra parte pronto te fugarás de la

   tumba

construirás una vena hacia el mar

(hasta donde nuestros cardos filiales

tiemblan por su podrido porvenir)

y surgirás como el hermoso amanecer para

   estos ebrios

que olvidaron su religión y su mugre

en las esquinas de la última noche.

 

Descansa hasta esa fecha:

sin que se entere la paz cobra fuerzas de fiera

y en el dorso quemado de una hoja otoñal

escríbeme la hora

y el nombre de la playa.

 

 

   Poema jubiloso

 

         (Homenaje a un poema de André Bretón)

 

En mi patria hecha para probar catapultas y

   trampas

vive esta mujer que amo.

 

Ah cómo brota de la mañana tímida mi mujer

herida en su niñez por el mar menos pensado

por el mar platicador y soberbio que no depone

   la esperanza

contra ciertas virginidades caóticas.

 

Ah cómo surge mi mujer que conserva en un

   saquito

el corazón y una vértebra de sus padres

   moribundos

ah cómo luce mi mujer de poros voraces

   donde darse cita

en ciertas tardes incendiadas por los flamboyanes

   del tedio

ah cómo sirve mi mujer guerrera y acechada

poblada de húmedas culebras

que alivian a las grandes bestias polvorientas

ah cómo compromete mi mujer que vive sin

   avisarme

que se gana el pan con el rubor de la gente

directora de grandes llamas esclava

de maestros enclenques que huyeron

   desesperados

al conocer la preñez de mi madre.

 

Mi mujer es la más gloriosa retórica de esta

   patria

donde no morirá jamás Balzac o Copérnico

ni los comunistas estrangulados ostentarán sus

   descomposiciones

en los escaparates por el incendio del Reichstag

mi mujer es la conversación de los peces bajo

   la luna

el fervor de quien pintó las manchas del leopardo

los sabores del pan armado en los pregones

la prohibición de una nueva ley contra los

   crepúsculos.

 

Sus ojos inundados de eficacia

estimulan el llanto de los doce mejores

   candelabros del mundo

pues entre olas pétreas entre orquestaciones

de caracoles penosamente edificados

ha puesto a descansar sus espumas de pena.

 

Su sangre bella y brutal sólo está limitada por

   los halcones

por ciertas grietas en el sonido de los dados

   rojos

y por los pistillos de la azucena horadando las

   partituras del ciego.

Sus enfermedades son cuadros de jóvenes

   pintores franceses

estacionados en la decadencia del mirto

en las aleluyas de la cábala

o en la ternura final de los asesinados junto a

   un río de yeso.

 

(De “Con manos de fantasma”, antología con recopilación y prólogo de Vicente Muleiro, Editorial Nueva América, Buenos Aires, 1987. Roque Dalton nació en 1935 en San Salvador, donde murió en 1975. Estudio Derecho en las universidades de Chile, El Salvador y Autónoma de México, aunque no obtuvo título académico. En Chile comenzaron sus aproximaciones al marxismo y a la poesía. De regreso en su país, se integró al Partido Comunista, con lo que vino la persecución. Cayó preso y luego fue expulsado. Esa etapa de exilio incluyó a Cuba, donde participó de la vida cultural, se afianzó en la escritura y recibió instrucción militar. Otra vez de regreso a El Salvador, cayó presó nuevamente. En 1969 volvió a Cuba, donde le fue adjudicado el premio Casa de las Américas, por su obra “Taberna y otros lugares”. Se integró en 1973 al Ejército Revolucionario del Pueblo. Tuvo diferencias con la conducción del grupo guerrillero. Compañeros suyos lo asesinaron, en 1975, en un hecho que sigue sin ser juzgado. En el prólogo, Muleiro sostiene que Dalton “creyó que con la poesía era posible decirlo todo, como lo explica en uno de sus poemas”, al tiempo que su relación con la época y con su determinación militante “se respira en cada uno de sus libros”. Y estos textos “prevalecen”, agrega, porque “quien los ha escrito era un poeta”, es decir alguien que “sabía que la expresión con la palabra es un serio juego de niños donde las concesiones se pagan con el olvido”. En mayo de 2017, el poeta salvadoreño Álvaro Rivera Larios escribió una nota en la que afirma que la obra poética de Dalton está desaprovechada en su país).

 

 

 

   Diciembre

 

Súbdito de tus grandes venas de asfalto

súbdito de injurias secretas de injurias

no anunciadas ni por la voz hundida que me

   queda

sojuzgado como un animal polvoriento

el corazón vigilado por un hosco gendarme bajo

   la lluvia

perdido –eso es- perdido entre tus baratijas

entre tus vencedores utensilios

tus slogans que imprecan contra la derrota

pero no calman mi hambre

mi hambre –anodina quizá- de hombre pobre

mi hambre de dientes y barriga y frío

y de llanto cordial cuando lo que se necesita

   es una piedra.

 

Así camino en estos días de ciega cerradura

mordisqueando el frío que no alivian los mitos

ni la solemnidad de la niebla:

mis huesos en el Parque España

admiten comparaciones con la soledad

el abandono en mi propia casa

y lo que se necesita –no lo olvido- es una

   piedra.

 

Hasta el rango del último cobre

me niega la aptitud de pastor severo

para qué engañarse –dicen- con las excusas

   de albos sueños

para qué preparar el amanecer desde ahora

en que ya tenemos bastante con temblar.

 

Así camino México el último de tus heridos soy

el último de los que se amontonan sobre tus

   alcantarillas

buscando un vientre cálido para no ver pasar

   la rabia.

 

Y lo que se necesita es una piedra.

 

 

 

   27 años

 

Es una cosa seria

tener veintisiete años

en realidad es una

de las cosas más serias

en derredor se mueren los amigos

de la infancia ahogada

y empieza a dudar uno

de su inmortalidad.

 

 

   El alma nacional

 

Patria dispersa: caes

como una pastillita de veneno en mis horas.

¿Quién eres tú, poblada de amor,

como la perra que se rasca junto a los mismos

   árboles

que mea? ¿Quién soportó tus símbolos,

tus gestos de doncella con olor a caoba,

sabiéndose arrasada por la baba del crápula?

¿A quién no tiene harto con tu diminutez?

¿A quién aún convences de tributo y vigilia?

¿Cómo te llamas, si, despedazada,

eres todo el azar agónico en los charcos?

¿Quién eres,

sino este mico armado y numerado,

pastor de llaves y odio, que me alumbra la cara?

Ya me bastas, mi bella

madre durmiente que hacen heder las noches de

   las cárceles:

ahora me corroen los deberes del acecho

que hacen del hijo bueno un desertor,

del pavito coqueto un pobre desvelado,

del pan de Dios un asaltante hambriento.

 

                                        Penitenciaría Central,

                                            Octubre 1960

 

 

 

   Mala noticia

   en un pedazo de periódico

 

Hoy cuando se mueren los amigos

sólo mueren sus nombres.

 

¿Cómo aspirar, desde el violento pozo,

abarcar más que las tipografías,

resplandor de negruras delicadas

flechas hasta las íntimas memorias?

 

Sólo quien vive fuera de las cárceles

puede honrar los cadáveres, lavarse

del dolor de sus muertos con abrazos,

rascar con uña y lágrima las lápidas.

 

Los presos no; solamente silbamos

para que el eco acalle la noticia.

 

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