• @martamj32
    Eres el primer lugar donde me buscaría
  • @annablue22
    El espejo intacto y nosotros rotos
  • @Hora_Teta
    Algo no va bien y yo voy dentro
  • @sirena_sinmar
    Vivir para regalar flores a los vivos
  • @mikhailenko
    La madrugada es un género literario
  • @ferxdexleon
    Solo con música se le concede a la palabra su breve deseo de muerte
  • @MarilarAlei
    Mi silencio también quiere estar contigo
  • @aquinomires
    Avisadme cuando abrir los ojos merezca la pena
  • @morganfredman
    Llueve como narrando algo. Lluvia ciega.
  • @aliferod
    Con las ganas de irte no te quedes
  • @lilith19751
    No sé decir lo que beso
  • @Tu_Funamiento
    El tiempo no espera a sus acompañantes

Jorge Boccanera


Las seis y lágrima

Justo a las seis,
en punto, vendrá a buscarte la ciudad
y esta vez quizá el apuro
no te deje ni lavarte los dientes.
Te busca día a día
con sus codos mojados,
sus ojeras de niebla,
sus manos temblorosas diciendo: ¡te devoro!
Para un golpe en la nuca de oficina,
para oxidarte todos los costados
y arollarte con su tren de piedra.
Te busca la ciudad
con sus alcantarillas espías,
sus torres de tic-tac echando humo,
su tristeza mordiéndote la lengua.
En el viaje, colgado de tu saco,
pensás en unas manos,
simplemente unos dedos,
que te roben los lápices,
te acaricien el pelo
y maten el reloj seis menos cinco.

(De "Los espantapájaros suicidas", 1973)


Obertura

Victoria,
si supieras
que después del fagot
en un peldaño cualquiera de la noche
un hombre con mi rostro
descansa,
de tu boca.


Esa fotografía que nos sacamos una vez

Me molestaban
los ojos de los vagabundos desde árboles vecinos,
ese enorme sombrero
y los ruidos del tren carguero de las doce,
cada vez que hacíamos el amor debajo de los puentes.
Después,
yo me quitaba el barro de las botas
y regresaba alegre a mi fagot,
mientras tu voz tatuada por mis besos
volvía a los sustantivos de costumbre.

Y te olvidabas pronto del color de mis ojos
y pronto me curaba del filo de tu piel.
Y vuelta al juego de encontrarnos
quizá en un bar entre Perú y Defensa,
o en la vieja recova,
si era domingo en plaza San Martín.
Y otra vez tus labios despintados
alimentando pájaros ocultos
en los trapos más negros de mi barba.

Después,
pasó el otoño con el café barato tu pequeña canción,
vino acaso la guerra, volvió a los compañeros
la distancia de a poco lo fue cubriendo todo, como
un lento derrumbe de cartas amarillas que no llegaron
nunca.

Y un nuevo jet cruzó todo el espacio,
una ciudad pasó a llamarse Ho,
se agudizó la histeria del fascismo,
nadie habló del otoño durante doce meses,
y cada vez que pasa un tren carguero, suena esa melodía
"La gradisca si sposa e se ne va".
Y ya nadie se ama debajo de los puentes
donde los vagabundos crecen en número y silencio.

(De "Música de fagot y piernas de Victoria", 1979)

 


(De "Marimba", antología personal de Jorge Boccanera en la colección Musarisca, de Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2006. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. Obtuvo, entre otros, el premio Casa de las Américas, de Cuba, en 1976, con "Contraseña", y el Premio de Poesía Casa de América, de España, en 2008, con "Palma Real". Una nueva edición de "Marimba" fue publicada recientemente en Cuba -ver artículo "Antología de Boccanera recorre América Latina"-).

Diario del motociclista

(fragmento)

El motociclista
que ha tomado la carretera sur
salió en forma sorpresiva de la casa
olvidando zapatos mojados por la lluvia
el nombre en plena almohada
en boca
de no sé qué mujer bañada en fuego.

El sol
cayó en boca de un gato vagabundo
y no hubo forma de encontrarlo.

La noche llegó envuelta
en música de Mikis
y fue mujer corriendo desde un extremo de la calle
hasta el abismo de algún llanto,
porque el motociclista había tomado la carretera
aquella.

Luego tras el insomnio general amaneció,
las vecinas
hicieron de sus tristes rumores un polvo amarillento
arenilla como las maldiciones,
pero el motociclista había partido
y fue la humanidad dos ojos de ternero.
Así transcurrió el día
entre patas mugidos y meada y dura piel reseca
por el viento.

(De "Contra el bufón del rey", 1980)


Polvo para morder

I

A veces la palabra
como una copa rota donde morder el polvo,
y otras veces un agua
de alumbrar.

Asomada a los cielos, la palabra
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.
Remando en el infierno, la palabra
es un agua posible sobre un manto de cólera.

Entonces, la palabra,
¿polvo para morder en la oscuridad?
¿agua para alumbrar este cuerpo callado?


II

Una lágrima sola para nombrarlo todo,
escasa es ella
digna de cuidado
Hay una
para la luz que queda, para el aire,
como la última bala contra todo el peligro,
una lágrima sola para toda la vida.

Como todo alimento y para respirar,
esa única bengala en medio de la noche.

Sin embargo este puño la aprieta con dulzura.
Va a hacerla polvo (dicen).
Va a hacerla polvo.


III

Bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no que aquí nos pueden ver.
Bésale las palabras hurga su lengua hasta
que abra los brazos y diga ¡santo dios!
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo
bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras
hasta que no dé más hasta que pida más
hasta que cante.

(De "Polvo para morder", 1986)

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.