• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

El emperrado corazón de Juan (II)

 

Miembros

La mano, el pie, lo que se educa
en soledad, el maestro
que ordena, tanto
desastre mundo, la púrpura
que no sabe de ojos que le faltan,
ahí ese niño que mendiga, la
calle cubierta por
desolaciones, el gran libro
en el que suenan otros gemidos nunca
tuvo la hoja que
el amor cambia en amor. Si alguien
revisa la pasión de la noche
en su esplendor de los yacientes,
verá mejillas sin nombre, nudos
que no se pueden desatar,
las lenguas con relojes viejos.

 


Plaza pública

Limosnas que se dan, la cera que se gasta
en el turbión, el cero,
gemidos de esperanzas heridas,
gestos de la verdad, permisos
para hablar, para hablarse
y la fugacidad, madre de todo.
¿Quién plantó su bandera en las ropitas
del vínculo lloroso?
Ni cabeza ni pies sirven al aire
de la palabra, ella,
la que nació de milagros de ser.
Divide aguas que esperan mientras
un águila se esconde
en su propio esplendor.

 


Yerba

a Juan L.

Mientras la yerba mate reclama sus orígenes
con aire de jesuita, Juan L
bautiza en guaraní mariposas
que le volaron sangre. No es el cuerpo
lo que dejaba dicho, era
la delgadez de sus mercedes, el río
o su necesidad de alma
que él dio. Luces del sol
en aguas de alivio y gozo que
Juan L tocaba entrando
en su propia corriente, mueve
la palabra del ser que no hiela.
Un sauce lento le dio sombra
contra sí mismo, contra
alteraciones de los sacrificios,
ideas sin luz, los ruidos
de lo que va a pasar.


(De "El emperrado corazón amora", Juan Gelman, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Juan Gelman, premio Cervantes 2007; premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre muchos otros. Algunas de sus obras: "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones I", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía").

 

Despegues

El alma despegada contempla
las partes de sí que no partieron.
Años de silencio no bastan
para que un árbol descanse.
En su madera graban
deudas de una promesa.
Pero luz, esa luz.
En el invierno insolente dura
la memoria irrompible,
una luna que todo vio,
hojas que no se caen,
la identidad desobediente.
Salían del pecho cancelaciones
del desastre, los puntos cardinales
nacían de la tierra.
Nadie ordena los hechos
de una verdad que no creyó en la muerte.
Pero luz, esa luz.

A Kate, Miah, Víctor

 

Lo de adentro pafuera

Le arrancaba hojas al otoño
con culpa. Había calles
por las que la infancia iba
a lo sagrado, al amor que vendría,
los platos sin pobreza, un tiempo
que flotaba en el aire
con la alegría de la unión.
Sintió que sus trabajos
daban aire al otoño
para que no se fuera.
El ruido del alcol de guindas
en la rescura del sótano,
los verdores del patio que
iluminaban a la luz, la calma
de los cinco centavos
en el bolsillo de atrás y
las sombras de nosotros.


Aspiración

En el baldío donde nada crece
un niño juega con la nada.
Su mano toca adioses
que no serán cuando la lucha vuelva.
¿A qué morir si no?
Es el amor o los suplicios.
Los alumnos del mar
ya no saben qué hacer.


Querían

El entresueño trae espectáculos
mojados por
sudores de la vida. El
siempre amigo, viaje
salado en mar, a nadie
dejó la lectura de los buques
hundidos que querían hablar.
Las compañías que relucen
en los estorbos del camino, pestes,
ombúes sin sombra, términos
del alma que se aguija,
aguas que no has de beber,
querían hablar. Los ojos interiores,
la voz que entiende sin pareja,
los tiempos viejos que sacan de sí
alguna flor o juramento,
la ropa que se lava con sangre,
todos querían hablar.
El comienzo y final de una mujer
se revive en las obras de un abrazo lejano
a su calor de mundo entero.
Quería hablar.

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