• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Jacobo Rauskin

Canción

Con el adiós a las estrellas.
Con el buen día de los pájaros.
Con el brindis que brinda la orquesta.
Con el chinchín de los platillos.
Una canción, ahora, una canción
para ella, para su gracia, para su alegría
y para su desnuda y celestial travesura.
Para ella, tan anterior a todo.
Sobre todo, al olvido.


La clase obrera ya tiene su museo

Son todos dentistas, policías, turistas.
Son curiosos curioseando.
Hay exposiciones, curadores hay.
La vieja fábrica es un museo abierto al público
en días de oficina y horas de museo.
El piso es puro mármol reconstituido, reimplantado.
El último obrero no ha vuelto,
dejó su ropa de trabajo.
La dejó colgada de un clavo de la memoria
a falta de pared.
La pared es textura saqueada.


Antes del noticiero

Tú, que gracias a la tevé,
estás a punto de aceptar
de nuevo un Apocalipsis parcial
en una, en dos, en tres
de las ciudades reducidas
al tamaño de un barrio en cenizas
por el horror que vuela, por bombas
pensantes y autodirigidas,
no, no sigas, no des por descontado
que el fin del mundo ha comenzado.
Antes del noticiero, cuando el visivo
mundo invivible te lo permita,
ruega que no funcionen los misiles.


La camarera está cansada

Esta película no viene
de ningún festival.
Se filmó con actores sin experiencia,
con equipo barato, en la calle,
en una fonda, en una noche.
La camarera está cansada.
Hay gente que dormita
con los codos sobre la mesa.
La luz que da calor a una ventana
bien puede despertar cierta emoción
en quien la mira desde la calle.
El cansancio anida en la mirada
de la hermosa camarera.
Y las estrellas, sobre todo,
las de primera magnitud,
ningún otro mensaje tienen
que el que van dejando
con música y con viento en los árboles.
Avanza todavía la película.
El invierno se adueña de la calle
y algo busca un perrito en la basura:
el alumbrado público lo encandila.
Una ambulancia pasa, tan a desgano
que no se sabe si va, si vuelve o si pasea.

(De "El arte de la sombra", colección Poesía Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011. Jacobo Rauskin nació en Villarrica, Paraguay, en 1941. Obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Literatura. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Algunas de sus obras: "Jardín de la pereza", "La noche del viaje", "La canción andariega", "Alegría de un hombre que vuelve", "Fogata y dormidero de caminantes", "Adiós a la cigarra", "El dibujante callejero", "La ruta de los pájaros", "La rebelión demorada", "Espantadiablos", "Los años en el viento".)

 

El arte de la sombra

Pinto a mi modo y quiero que lo sepas.
No se me acaba el tiempo cuando pinto
la mesa, el rubio pan, el vino tinto,
siendo el año un enigma en cuanto a cepas.

Y tú, sombra de ayer, a un sueño trepas.
Y lo pintas, con trámite sucinto.
Me pintas lo soñado, lo indistinto
de un tiempo en bodegones o en estepas.

Yo te admiro, ser sombra ya es un arte.
Tu casa es, desde luego, una ilusión,
y no nos hemos visto en otra parte.

Vuelvo a tu casa y vuelve a suceder.
Vuelvo a pintar ahora un bodegón.
Mi por ahora es mi por ayer.


Un cuento antiguo

Los vecinos del frío en el invierno,
los de costumbre, los de siempre,
tendidos en la acera, duermen.
Se cuida el pie de tropezar con ellos.
El cierzo, no la aurora,
vendrá por esa calle a despertarlos.
Sale, por un portón, una lenta,
lentísima figura de humo.
Es un embajador del fuego.
Trae, con las palabras del caso,
el muy gentil saludo de una llama
a los hombres dormidos en la acera.
Es la noche más fría del año.
Es el frío más largo en muchos años.
Es un cuento mil veces contado, pero,
cuando menos, nos hace pensar.
Pensar en leña, en brasas,
en ceniza y en el portón entreabierto
por donde sale una figura de humo.
Tarda en llegar la aurora.
Brilla la escarcha donde se oculta el fuego.


Balada con cierta tristeza

Elusivo, no rudo,
sin dejar de ser parco,
algo nos dice el humo.

Se levanta y nos dice
en un tono lacónico:
-No soy triste, estoy triste.

A los aquí reunidos
hoy nos miran las horas
con los ojos del frío.

Cenizas y recuerdos
acomoda la noche
bajo un poco de fuego.

Me voy, se achica el campo.
Soy humo con estrellas,
con sueño y con caballos.

De esta manera hablaba,
o casi de este modo,
el humo en su jornada.

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