• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Francisco "Paco" Urondo

La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe
bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la
explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos
hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de
policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen
necesariamente el presente, pero pertenecen a
la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo
inmenso cubriendo la Patagonia
porque las
masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,
como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la
convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver
después del peligro
como los designios de todo un pueblo que
marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a
defenderse, a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la
realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973


Otra cosa

Queridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes
y sufre por esto. Quiero ofrecer un destino
luminoso y alegre, pero no es todo
y ustedes saben:
las sombras,
las sombras,
las sombras,
las sombras
me molestan y no las puedo tolerar.

Hijitos míos, no hay que ponerse tristes
por cada triste despedida:
todas lo son, es sabido,
porque hay otra partida, otra cosa,
digamos,
donde nada,
nada
está resuelto.


Tanto amor tanto huella

la tarde
y las formas
y la mujer que amo
vienen del dolor

corren
destinadas
y alegres

(De "Poemas de batalla", Obras Maestras de la Poesía, Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 1999. Con prólogo de Juan Gelman, en el que se refiere a Urondo en su condición de poeta y militante político: "No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo. 'Empuñé un arma porque busco la palabra justa', dijo alguna vez. Corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente". También afirma: "Buitres de la derrota -que siempre se han cuidado mucho cada centímetro de piel- le han reprochado a Paco su capacidad de arriesgar la vida por un ideal. Paco no quería morir, pero no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio que más amaba". A comienzos de octubre de 2011 se esperaba en Mendoza, oeste de Argentina, el fallo judicial en un proceso por delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura argentina entre 1976 y 1983, que comprendía la desaparición y asesinato de Urondo).

 

Días estos y aquellos

He oído el sol de invierno. Crece envolviendo y
ajustando su corazón; sacude su sueño,
despliega las plumas que lo abrigan: ve caer
aquí o allá el contorno de sus ídolos.

El calor no lo matará del todo; el frío no
quebrantará su sueño. Herido está de tiempo
que lo contiene, de crueldad, de decisión, de
grandes dársenas, de eterno comienzo, de
mesurado adiós.


Vuelo nupcial

nace la noche
signo confuso de los amantes
viento húmedo del amor

mis huesos
tu inclinación
soplo que huye conmigo
polvo que se levanta
terso
alto


Eres alta y delgada

sorprendida por un deseo agrio y una apacible
seducción
vertida de sufrimientos pálidos y silenciosos
dolores estridentes y largos

sus manos pequeñas y su vergüenza y el amor
tocando su cintura
el amor que no cae milagrosamente
que se ejerce y que no se revela como a veces
suponemos
el amor que viene y va que encanta y repugna

y su soledad sin el amor revelado
y sin el otro amor compartido
la soledad sin esperanza y sin ternura
sin tibias palabras
o la atmósfera de una conversación
sin el resplandor de alguna bondadosa manera

-su madre debió ser así
delgada como el maíz
alta como la voz del canto
cambiante
como la flor de alejandría-

y las horas acariciadas
por su corazón maltratado y joven
y las apariencias fáciles
y las promesas y los sueños

este presumible destino que nunca pudo dominar
este desorden de abismo y hechos mezclados en
el tiempo
esta vida que maltrata y consuela


Fin y principios

Estoy en los ruidos de la tristeza,
en las tablas de la perdición,
en el aire de este tiempo maldito, infortunado;
llvozna criminal y sucia.

En aventuras, en la queja
del muerto y el terror de los vivos y el soplo
de los convalecientes.

Estoy en el clamor encontrado, fuera
de la felicidad y el fascismo y el olvido sin escuchar
la clausura y la ausencia,
sin tolerar la conmiseración, o desconocer
la alegría o la bondad o el dolor del caído.

Sin sentir resignaciones, sufriendo con rabia
la esperanza, viviendo a mi manera.

 

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