• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
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    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Romper los espejos (8 de marzo)

 

   Los poemas que siguen, que se publican con motivo del Día Internacional de la Mujer, establecido el 8 de marzo, están publicados en el libro “No Resignación (Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer). Antología de Salamanca”. Esta obra, vinculada con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instituido el 25 de noviembre, fue publicada en 2016 por el Ayuntamiento de Salamanca, España. Del libro participan poetas varones y mujeres. Pero, con motivo del 8 de marzo, La Poesía Alcanza realiza una selección entre algunas de las autoras incluidas. La edición en Salamanca estuvo a cargo del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart.

   El libro completo es de libre acceso, y está disponible en este enlace:

   http://www.crearensalamanca.com/wp-content/uploads/2016/11/no-resignacion-antologia-de-salamanca-interior.pdf

  

   Lilliam Moro Núñez

   (Cuba)

 

   La más fermosa

 

Ese rostro que ves en el espejo

no es el tuyo.

Mírate bien:

búscate más allá del perfume barato

de la cara pintada,

del afán de agradar;

encuéntrate detrás de las ojeras,

del ojo hinchado,

de la mirada opaca

envejecida antes de tiempo,

de las palabras que arrancaron a tiras

la piel del corazón.

 

Una vez que te hallas descubierto

abrázate como si fueras la madre de ti misma,

el amante soñado desde la juventud,

el dios que siempre te ve hermosa.

 

Y rompe los espejos.

 

   Laura Cracco

   Venezuela

  

   Bocas Chanel

 

Lenguas viperinas tras los labios brillantes. Sí. Culebras. Toda una historia de reptar bajo la mesa, de susurrar en los propios pensamientos, de vencer al macho con veneno en las sortijas, de ahogarse en el alarido que si no quebraría capillas Sixtinas y Pentágonos. Reptiles por siglos, alfileres en lugar de cuchillos, gasas cuando se requería la soga. Diosas madres en los libros de filólogos nostálgicos, Marías en oraciones blancas, madames Bovary nacidas de la costilla del escritor. Silencio revestido de insultos y palabras fermentadas. Corazones que miran la luna y ven allí algo más íntimo que el amante o marido de años. Somos esas bocas Chanel con una habitación sin huésped.

 

   Jeannette L. Clariond

   México

 

   Mudanza de la nieve

   I

La palabra cielo

se pierde

entre oleajes

de niebla.

Hambre.

El hambre, madre, y tuve miedo de comer.

Lanza hendida

cuando te dimos

de beber

el agua salada.

 

   II

 

 

Su belleza profanaba aquel racimo de luz,

sus vulneradas hojas

clavadas a la existencia

desprendían un ansia de quietud.

Aquel año, aquellos cuerpos contra la balaustrada

sitiaban la memoria

dejando florecer

la lenta sangre.

 

   III

 

Las piedras pulidas

y el río

congelado

detenían aquellos pasos;

el miedo, el miedo

esparciendo su niebla

en el parabrisas,

y yo que he visto resquebrajarse bajo mis pies

                                                          el hielo...

 

   IV

 

Voz

que deja asir el soplo de los lirios

               en la abierta herida,

voz el eco esparcido

      hacia lo dulce de la sombra:

corteza que cae y se aferra

a raíces y piedras.

 

    V

 

Era el fondo de la noche

lo que brillaba,

su horizonte inicial

en un intento de esparcir el canto.

Al sacrificio

                    cosechando

                                       muerte:

rojo y quebradizo rumor en lo inasible.

 

   VI

 

 

Árbol

la historia

de la redención,

madre, oigo ese lamento,

sólo el deshielo

bajo el río

recobra la quietud

 

cuando el cielo surca la gris oropéndola.

 

 

   VII

 

La luz no disgrega el follaje.

La luz se desparrama íntegra.

 

 

   VIII

 

La niebla corona la estatua,

los blancos huertos, la cresta:

su dimensión

cede paso a la palabra:

espejeante verdad

bajo la mancha de amontonadas violetas.

 

 

   IX

 

Lento paso del caimán bajo el puente.

Lento brillo el metal que ciega

el vuelo del ave.

El sollozo de la duna

al ver la fila de mujeres,

voces que olvidaron

el salmo incial.

Suena la sirena,

su silbido hace temblar las ramas,

madres que buscan sin saber

qué cielo alcanzarán,

qué lumbre en medio del desierto

sacudirá del dolor las ramas.

 

 

   X

 

Llegará la hora del invierno,

el deshielo del río,

la lenta desolación

que herida

busca

resplandores de nieve.

El guante en el río,

la infestada corriente

que arrastra el rumor del río;

abrazamos

la luz

que ya se desvanece

entre los tifones y la bruma.

 

  Bahira Abdulatif

   Irak

 

   Mujer

 

Tendría que volver a engendrar

A la tribu,

Proteger los lobos

De sus ovejas,

Y

Cazar proezas

Hasta el crepúsculo,

Antes de disfrutar

Del status de

“Esclava”.

 

 

   Kerana Angelova

   Bulgaria

 

   Fuga

 

la mujer entró en el desierto del sueño

se convirtió en nómada de la tribu rualo

con piel ardiente

con tobillos secos de cabra de destino

con ojos de sueños de bronce

en uno de ellos se había escondido la salvación

 

debe recorrer este lugar desierto

debe llegar hasta él

en los brazos masculinos

resistentes de la salvación

hundirse

 

pero la tempestad del desierto apareció

y amontonó los secretos

de la mujer en las arenas rojas

la sal del fuerte viento erosionó sus heridas abiertas

salieron arrastrándose serpientes

con pieles de hielo

con ojos como si fueran túneles antiguos

e irrumpió por ellos

la madurez de los solitarios

 

de improviso pasos conocidos

empezaron a verse claros por la arena

rastros crueles de aquello

de lo que había partido

para salvarse

 

                                       Traducción de Violeta Bóncheva

 

 

 

   Carolina Bustos Beltrán

 

   Colombia

 

 

   Culpable

 

                    El sonido del reloj

                           tiene el alma por fuera

                           sólo él es la noche

                           y la noche que se ignora.

                                    Fernando Pessoa

 

                         A Rosa Elvira Cely

 

 

Hablemos,

pongamos andar relojes,

horas,

números.

 

Lo que llamemos

tiempo.

 

(en el que

desaparecí)

 

Habla de mí.

 

Cuéntale al mundo

que ayer grité

y

. . .

nadie escuchó.

 

Desnuda,

rota en pedacitos,

el tejido de mi ropa,

mi cuerpo empalado

escurriendo su dignidad

por un barranco:

                          abismo de una ciudad sorda.

 

Cuéntale al mundo

que marqué mil veces

 

al número;

                  la cifra;

en la hora que no salva.

 

El que respondió no supo; no quiso saber nada de mí.

Ese que respondió no comprendió que iba desapareciendo

sin querer.

 

La agonía es un sonido largo

en la espera de:

 

–“Un momento, ¿dónde dijo que está?”

 

Se entrecorta la garganta, mi pulmón arde,

mis muslos, mi cabeza, mi pecho, mi vagina, mi SER SIN VOZ,

MI SER CULPABLE,

 

no cabe en este segundo.

 

–¿Cuál bolsillo? ni siquiera lo veo.

 

Quizá también se esfuma para esconder el frio de mis manos.

 

y la noche que se ignora…

 

Hablemos

de Montañita

dos niñas gritan.

 

Y hablemos de la niña tartamuda

que la violó su padre

cada día, cada noche de su infancia

bajo el amparo de su madre.

 

y el sonido del reloj…

 

–¿Pretende saber dónde estoy?

–…

–Muriendo.

 

En la calle 45,

en el edificio de la portería Norte,

en la arena de la playa,

ahí donde las manecillas del reloj no se detienen.

 

Hoy escribirás

la derrota, la ruina de la justicia

desde tu silencio y la distancia.

 

Escribirás que sientes

la muerte,

mi miedo,

el dolor que cercena la paz

ruge entre los miembros descuartizados,

de cadáveres de mujeres.

 

–“C u l p a b l e”

–Eso dijeron.

–“C u l p a b l e”

 

Me culpan por ser Mujer

macabra condición llamarse Rosa.

Deshojada, marchita y abandonada.

Rosa de cementerio.

 

Hablaré de ti,

en este injusto minuto que pasó y ya no te nombramos.

 

Hablaré de ellas

una a una

como las horas que se van.

 

Voy a contarle al mundo

como fueron sus perversas muertes,

como desaparecieron,

como las culparon por ser mujeres.

 

No me consuela la lluvia,

ni la brisa que pasa.

Tengo vergüenza de dormir tranquila

104

mientras ellos nos mienten,

mientras otras son cómplices:

 

                                            Vergüenza & Burla.

 

Y nos repiten cual letanía

 

que fueron culpables

 

que soy culpable

 

que tú te lo buscaste

 

                                     y la noche que se ignora…

 

 

                                                                                   París / La Défense 9h47, 17 de mayo de 2016

 

 

   La Poesía Alcanza ya había publicado otras dos selecciones tomadas de “No Resignación”. Estos son los enlaces:

http://www.lapoesiaalcanza.com.ar/poemas/3103-25-de-noviembre-no-resignacion-ii

http://www.lapoesiaalcanza.com.ar/poemas/3092-25-de-noviembre-no-resignacion

 

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