• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Campero, De La Torre Guarderas, Laso, Figueroa, Herrera, Roca

(Jorge Campero, de Bolivia; Sandra De la Torre Guarderas y Margarita Laso, de Ecuador; Damsi Figueroa, de Chile; Georgina Herrera, de Cuba, y Juan Manuel Roca, de Colombia, están convocados al Festival Latinoamericano de Poesía en Buenos Aires, en junio. Como se informa en la sección "Noticias", ellos se sumarán a numerosos poetas argentinos).

JUAN MANUEL ROCA

Monólogo de José Asunción Silva
A Ricardo Cano Gaviria

La ciudad que me rodea
Y se duplica en los charcos de la lluvia
Tiene un ropaje de sombras.
El viento que viene del páramo de Cruz Verde
Con su negro levitón nocturno
Rasguña los vitrales de la casa,
Se cuela en los campanarios,
Golpea
Los aldabones de bronce de La Candelaria.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Entre cercanos silencios
Resuenan las guerras del país
Mientras tintinea el quinqué
Con el que alumbro mis confusos libros
De comercio.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Los corrillos de seres embozados
Murmuran a mi paso. Figuras fijas al paisaje,
Estatuas de nieve a la entrada de una iglesia,
Maniquíes
Apenas movidos por el frío cuchillo del
Páramo.

Ese viento, mi alma es ese viento.

¿Quién dibuja en mi blusa el mapa del corazón?
¿Quién traza un centro a la ruta de mi fiebre?
La hermana muerta atraviesa el patio:
Su voz ya pertenece
A las construcciones secretas del vacío.

Ese viento, mi alma es ese viento.

La aldea despereza su piel de adormidera,
Filtra una luz en los costados de la plaza
A una hora en que la ciudad parece viva.
Hablo de su lentitud, de su pasmosa fijeza:
Mientras concluye el gesto de un hombre
Que lleva de la mesa a la boca su pocillo,
Cruza la eternidad, el mundo cambia de
Estaciones,
Pasan las guerras, hay futuros en fuga
Y el hombre no termina el ademán
Que funde sus labios a la taza de café.
Todos parecen tocados del embrujo,
Acaso miren en su quietud
El pájaro invisible
Que les señala un oculto retratista.
Y de nuevo, el viento.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Un disparo más, dirá el vecindario,
Un disparo más en las eternas guerras
Del olvido.
La vida, esa feroz bancarrota.


Diario de la noche

A la hora en que el sueño se desliza
Como un ladrón por senderos de fieltro
Los poetas beben aguas rumorosas
Mientras hablan de la oscuridad,
De la oscura edad que nos circunda.
A la hora en que el tren tizna la luna
Y el ángel del burdel se abandona a su suerte,
La orquesta toca un aire lastimero.
Una yegua del color de los espejos
Se hunde en la noche agitando su cola de cometa.
¿Qué invisible jinete la galopa?



Tristeza de las cosas

Estos zapatos
Me acompañaron a un estanque
Donde el único sonido lo hacían Dios
Y un caballo tragalunas.
Alguna vez se empinaron
Frente a una madona de cabaret,
Una mujer que parecía
Subida en dos gatos de lomos erizados.
Estos zapatos desaliñados
Se agitaban solos,
Cuando la voz de Big Mama Thornton
Brotaba de algún lugar del vecindario.
No fueron de un inválido,
Pero mi pereza les recetaba
La cuarentena del reposo.
No fueron de un ahorcado
Pero nunca traicionaron su vocación de aire.
Alguna vez subieron
Al pequeño pedestal de un lustrabotas
En una alameda olvidada.
Jamás se negaron,
Cuando les caía del cielo un balón perdido,
A romper un trozo de lejanía.
No hicieron fila con los veteranos de guerra
Y se mantuvieron lejos del reparto de mendrugos.
El zapatero que los fabricó
Debió ser descendiente
Del judío errante que huye de sí mismo
Tras el viento tragaleguas.
Volteaban a su aire la esquina de los bares
Y en ciudades desconocidas
Me acompañaron a buscar calles sin fondo.
Estos hermanos siameses como espejos
Que ahora viajan en el camión de la basura,
Se llevan el secreto de caminos desandados
Mientras la noche esconde millares de zapatos
/debajo de las camas.


JORGE CAMPERO

Piedra fría sin respuesta

Tú eras
la que dabas de beber
agua a los bueyes
o
apagabas las luces
a los caracoles
o a comer
guayabas a los papagayos
Tú la altisonante / la distorsionada
La antipoética
Con quien quiera que estés
Donde quiera que estés
La lluvia no será la hermosa lluvia.


Los amantes

Los amantes esas aves raras
que se alimentan con frutos silvestres
que no tienen tronos predilectos
que braman cruentos
no se retratan juntos
por razones obvias
no son epistolarios ni se prometen la nada
sus cuerpos son de piedra macho
de piedra hembra líquida
cortan amancaes para adornar el camastro
y velar el tiempo
suelen adivinar sus rostros en el fuego
y cuando la distancia puntual y pasajera
se dedican una venia
y en antiguos poemas
vuelven a la eterna cita
a devolverse las blandas macuquinas


Villano de película muda

No edifiques ciudad alguna sobre la nostalgia
Tienes por obligación ser un extraño
Olvida ese cuerpo piel de mariposa
Olvida sus tigras palabras silenciosas pisadas
Su voz de vidrio
Borra ese olor
Ese sabor
Amarra con su cabellera el pálido sol
Tú eres la música del poema
Cruzando un ancho de sala
Hazte a un lado
Si no quieres ser un escarabajo estrellado
arañando la barriga del cielo
Estatuas de sal hablan a tu espalda
No vuelvas atrás no maldigas no digas nada
Olvida ese delirio aurífero
Los hombrecitos no lloramos nos desangramos


DAMSI FIGUEROA

Autorreconocimiento

Yo no soy la que se pierde
tan pronto como se la encuentra
El amor en mí no se toca
se escribe
Yo no soy piadosa con los hombres de poca fe
no intercambio los calzones con nadie
en cambio asumo la desvergüenza
de una desnudez colectiva
en una casa de playa
o en una playa a secas
Yo no escribo para nadie
aunque intente escapar
y evite sacarte al baile
Tus malabares y piruetas
siempre exigen un aplauso cerrado
es decir, una palabra
Yo no me complico la vida
omitiendo adverbios y conjunciones
Patino por la hoja
y tapo los surcos amargos
con la sangre de mis amigos
Yo no hago el amor
lo desarmo
por el puro gusto de volverlo a armar
una y otra vez
hasta tener sexo
para olvidarme del amor
y de todos ustedes

Poema de lenguas

Temo a la espina que surce tu lengua
y a ese hilo de azufre que te escurre
y amamanta el dócil canal
tus hendiduras
Así como a la muerte temo a tu arcilla
a la moldura que la sostiene
temo al diente que se te clava en la sombra
Temo a la boca que se traga tu lengua deliciosa
y como a hostia envenenada la devuelve a tu boca
Temo, pero aún así permanezco
triste en la desmesura
sola en mi amor por los espejos.


La idea de estar

Sé lo que soy
y aún sabiéndolo no me nombro
La idea de estar a medias en todas partes
como si las mitades no fuesen sólo dos
Soy tanto más cuando me sé
nombrarse es pertenecer
Y yo, yo no logro juntar las sílabas
que me atrapen
Me sé, es cierto, soy
y aún sabiéndome
no me nombro.

 

GEORGINA HERRERA

Reencarnación

Como será si vuelves
y yo también,
sin que sepamos
que fuimos ya; sin un indicio.
Ser otra vez, sin más destino
que encontrarnos así,
como si nunca.
Quiero llegar a ti y que tú vengas
en despacioso viaje, como
tú sólo sabes.
No tener más destino
que el de siempre.
Asombrarnos los dos.
No importa que paguemos
deudas que no sabemos cuáles fueron,
pero que vuelvas
y venga y, para estar juntos,
queriéndonos, mientras
se hace palabras sobre mi piel
aquel asombro tuyo al descubrirme;
yo, asombrada también.
Que me concedas lo que ya me diste,
que nuevamente
me prometas lo que sí cumpliste.


MARGARITA LASO

Erosonera (VIII)

qué sabes tú de trepanarme, reno
donde no estás
mis huesos crujen y granizan
sin mordaza
donde no estás
relincha un río hacia mis muslos
y es fresca la lechuga
que lo acoge
no te he olvidado
pero otros ojos son panteras
en el agua
otro es dragón y daga
otro es presa de mi caza
qué sabes tú, reno inútil
quédate mejor entre las reses


Sangre fría
I

Es un cajón de 90 x 90 x 90.
En él se exhibe la espléndida pitón.
Carnívora de bronce y estaño.
No oye a su mandíbula elástica quebrantar
los huesos calientes de su comida.

Está enroscada sobre su lujuria.
Sorda y satisfecha.
No puede estirarse pero sus anillos de serpentina
helados se tocan como presas.
Espera su merienda.
Por medio de una persiana
un ratón de blanco impecable
ha sido llamado a esta cena.
Será tragado sin que medie de cascabel o crótalo
advertencia alguna.
Sin que una orquesta de metales le despida.
Sin una danza funeraria.
El público está atento al momento del asalto.
El ratón merodea con unos saltímetros
esos pasitos que da en la epidermis el escalofrío.
Sus bigotes transparentes pronto temblarán
de una vez para siempre.

II
También yo
como la gorda constrictora
gozaré en la quietud estos banquetes.
Cada vez mis glándulas termo-sensibles me dirán
si has venido a lucir tu miserable gabardina
tu cola aguzada de escalpelo.
Si has venido quizás a llevarte la piel que mudo
o acaso
a mirarte en las placas y escudos de mi cuerpo.
¿No ves que tendrías que limar mis escamas?
¿Que arrancarme un colmillo?

III
Ven pues
que toda yo soy brazo que abrasa y destroza.
Y antes de engullirte
sabrás volar
con la sustancia tóxica que traigo en mi saliva.
Sabrás meterte en cintura.
Y engrosarme.
Ven
que notarás que soy ciega y siseo.
Que toda yo soy cuello y talle.
Que soy una víbora modesta.
Ven ratón que he perdido la línea.
Pero no el apetito.
Y tampoco el veneno.

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