• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Julio Cortázar


La patria

Patria de lejos, mapa,
mapa de nunca.
Porque el ayer es nunca
y el mañana mañana.

Guardo un olor de trébol,
una calle con árboles,
un recuento de manos,
una luz sobre el río.

Patria, cartas que llegan
y otras que vuelven,
pájaros de papel
sobre el mapa volando.

Porque el ayer es nunca
y el mañana mañana.


Blues for Maggie

Ya ves,
y yo sigo pensando en ti.
Canción de PABLO MILANÉS

Ya ves

nada es serio ni digno de que se tome en cuenta,
nos hicimos jugando todo el mal necesario

ya ves, no es una carta esto,

nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba,

ya ves,
y yo sigo pensando en ti,

no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa
y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube
y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.

Nos hicimos jugando todo el mal necesario,
el tiempo pone el resto, los oseznos
duermen junto a una ardilla deshojada.


La mosca

Te tendré que matar de nuevo.
Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima,
en Cristianía,
en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos,
en el burdel, en la cocina, sobre un peine,
en la oficina, en esta almohada
te tendré que matar de nuevo,
yo, con mi única vida.


La ciudad

El río baja por las costas
con su alternada indiferencia
y la ciudad lo considera
como una perra perezosa.

Ni amor, ni espera, ni el combate
del nadador contra la nada.
Con languidez de cortesana
mira a su río Buenos Aires.

El tiempo es ese gris compadre
pitando allí sin hacer nada.


Los días

-Ánima bendita
me arrodillo en vos...
Ronda Infantil

Ánima bendita me arrodillo en el recuerdo,
en las pesadas cucharas con su inscripción en alemán,
en la pantalla a flecos verdes de la araña del comedor,
en el sabor que ya no tienen los huevos pasados por agua,
la sopa de fideos y las fuentes de choclos.
Me arrodillo en mi piecita de niño solo, en los altos,
con sus dos ventanas al miedo nocturno,
y en las grandes falenas de cuerpos afelpados
y ojos que lucían como piedras, fantasmas
de sobremesa amable, cuando empezaban los mosquitos
y nos frotábamos las piernas con citronela...

La casa de Banfield, palomar del recuerdo,
era en mis días los duraznos y el esplendor de las ciruelas
remolacha,
con tanta agua corriendo en los canteros del jardín,
con tantas enramadas de tomates y glicinas.
Me acuerdo de las abejas, más grandes que estas de hoy,
con barrigas peludas, bebiendo en el charquito al pie de la canilla,
donde también bajaban las avispas temibles
a pisar barro, a sembrar pánicos de fábula.

(De "Papeles inesperados", edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga, Alfaguara, Buenos Aires, 2009. La obra, publicada a 25 años de la muerte de Cortázar, reúne textos inéditos, "dispersos", entre ellos los poemas que aquí se reproducen. Hay material de varios géneros, como cuentos y relatos, discursos, artículos sobre literatura, arte y política y también, dicen los editores, "autoentrevistas").

 

Via Appia Antica

Las amistosas lagartijas de la Via Appia que no huyen a la mano,
que sólo evaden la caricia con finos movimientos de ajedrez,
treparán incansables por el espejo del tiempo
y sentiré sus patas delicadas andar por mis oídos.

Oh campo del pasado, fragor de tantas tumbas estropeadas
y que quisieran encender sus lámparas,
proclamar los honores y los fastos
que fueron Quinto, Marco, Rufo, los tributos,
las batallas perdidas y ganadas,
el esqueleto riente de los dados,
la recompensa o la venganza, los navíos del trigo, las calendas,
el triunfo
de cortesanas y reciarios y habas verdes.

Pequeño vientre vegetal, la lagartija corre
sobre el polvo famoso, y lo devora
en sus formas compuestas: una mosca,
un fragmento de piel, un tallo leve
que apoya la raíz sobre la lengua
reseca de oradores, de estetas, de vanidosos generales.


Las buenas conciencias

Sos así: inteligente, clara, refinada,
vivís en armonía con las gentes, las cosas y las plantas
que has elegido despaciosamente,
rechazando sin ruido lo que quebraba el ritmo diurno,
la calma de tus noches.
Eso no significa que ignores este caos,
este fragor de sangre que llaman siglo veinte.
Al contrario, seguís muy de cerca
cosas como el racismo, el apartheid y las transnacionales,
la sangre en Argentina y Chile y Paraguay y etcétera.
Cada tarde a las seis comprás Le Monde

y te indignás sinceramente
porque todo es violencia, violación y mentira
en Dublín en Beirut en Santiago en Bangkok.
Y después cuando vienen Paulita y Juan y Pepe
les explicás con té y tostadas que esto no puede ser,
que cómo puede ser que esto sea así, y la mesa
se llena de protestas democráticas,
de migas humanísticas y Derechos Humanos (cf. Unesco).
Todos están de acuerdo, y todos sienten
que están del justo lado, que hay que aplastar a Pinochet,
pero curiosamente
ni ellos ni vos han hecho nunca nada
para ayudar (digamos, dieron plata, se solidarizaron
algunos con las campañas periodísticas),
porque les lleva lo mejor del tiempo
aplastar al fascismo con perfectas razones silogísticas
y sentimientos impecables.
Es evidente que leer Le Monde
es ya un combate frente a los que leen el Figaro.
Lo importante es saber dónde está la verdad
y repetirlo y repetirlo cada día
a los mismos amigos en el mismo café.
Casi una militancia o poco menos,
casi un peligro porque en una de ésas
te oye un fascista y ahí nomás te fichan.
Oh, querida, ya es tarde,
andá a dormir pero antes, claro,
las últimas noticias. Mataron
a Orlando Letelier. Qué horror, verdad.
Esto no puede ser, esta violencia
tiene que terminar.
(Suena el teléfono, es Paulita
que acaba de enterarse.)
Da gusto ver
como vos y tu gente participan
de la historia.
Vas a dormir tan mal, verdad, mejor quedarse oyendo música
hasta que venga el sueño de los justos.


Preludio a un texto en prosa

Debe venir de alguna parte que no es parte
de ninguna,
del cuarto lado de ese triángulo que forman
las dos cervezas y la chica rubia,
en este PUB de Chelsea. Simplemente:
queremos tanto a Glenda.

Las papas fritas huelen a pescado
y el pescado no huele: esquives y
sustituciones, estas líneas
y el barman pelirrojo y los Pink Floyd,
cada cosa desplaza lo vecino, lo empuja
a pulirse y brillar como el niño que brota de mujer.
Pero no hay como, aquí: las cosas
son lo que son porque son otras.

Sólo sé que respiro,
y que queremos tanto a Glenda.

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