• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Asuntos con el mar


HARRY MARTINSON

Cortinas de niebla

La niebla aclaraba sobre una parte del mar,
descorrió los cortinajes
y el sol entonó su melodía en los vientos alisios.
¡No había habido una claridad semejante desde
hacía mil años!

Junto a Guinea había una boya de sirena que
anunció la salida con un aullido,
aulló terriblemente en el pequeño trozo de mar
que vigilaba
y que pensaba que era todo el mar.

Pero el mar era infinito -
A lo lejos, en el nebuloso golfo de la Ballena
había un barco carbonero inmóvil,
tocando sus campanas del ancla y llorando como un niño encerrado.


Nocturno marino

Clara noche invernal,
las estrellas resplandecen gélidas;
un muchacho que ansía embarcarse
está inmóvil envuelto en un frío mortal con las piernas temblando
en la mesa sin poner del muelle:
no está contando las estrellas,
está contando los barcos anclados en este mundo.
En las cubiertas se oyen los vigilantes, los suspicaces pasos de sus zapatillas.

Las chimeneas de la flotilla
dejan caer luz estelar en su hollín.
En las profundidades duermen las oscuras anclas de los barcos;
por húmedas cadenas trepa la luaz de las estrellas de a bordo
para huir en alguna parte a una isla terrenal.


El viento marino

Sobre océanos infinitos avanza ondeante el viento marino -
extiende sus alas por la noche y el día,
asciende y desciende
sobre el ondulante pavimento solitario de los mares eternos.
Se avecina la aurora
o se avecina la noche
y el viento marino siente en su rostro - el viento terral.

Las boyas de campana entonan canciones matutinas y vespertinas,
el humo de un barco carbonero
o el humo de la hoguera de la pez fenicia se desvanece por el horizonte,
una medusa solitaria se mece intemporalmente con sus resplandecientes raicillas azules.
Se avecina la noche o la aurora.

(De "Antología poética", colección Los Premios Nobel, Ediciones Orbis S.A., Buenos Aires, 1984. Harry Martinson nació en Jämshög, Suecia, en 1904 y murió en Estocolmo, en 1978. Obtuvo el premio Nobel en 1974, compartido con Eyvind Johnson, compatriota suyo. También fue dramaturgo).


EMILY DICKINSON

Salí temprano - llevé mi perro -
visité el mar -
las sirenas del sótano
subieron para verme -
y las fragatas - del piso alto
tendieron sus redes de cáñamo -
creyendo que yo era una laucha -
encallada - en la arena -

ningún hombre me conmovió - hasta que la marea
cubrió mis inocentes zapatos,
llegó hasta mi delantal - hasta mi cinturón,
traspasó mi corpiño -

fingió que iba a devorarme -
totalmente, como el rocío
sobre un macizo de verbenas -
entonces - yo también me volví -

y él, él - me siguió - de cerca -
sentí su tacón de plata
contra mi tobillo - luego mis zapatos
desbordaron de perlas -
hasta que llegamos al pueblo en tierra firme -
parecía no conocer a nadie -
e inclinándose - me miró intensamente -
el mar - se retiró -

(De "60 Poemas", con traducción de Silvina Ocampo, Mitos Poesía, Grijalbo Mondadori, Madrid, 1998. Emily Dickinson nació en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, en 1830, y murió en esa misma localidad en 1886.


SALVATORE QUASIMODO

De nuevo se oye el mar

Por las noches de nuevo se oye el mar,
leve a lo largo de la arena lisa.
Eco de una voz encerrada en la mente
que vuelve desde el tiempo; y también este
lamento asiduo de gaviotas: acaso
de aves de la torre, que abril
empuja hacia la llanura. Otrora
tú estabas junto a mí con esa voz;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, un eco de memoria mía,
como ese oscuro murmullo de mar.

(De "Todos los Poemas", con versión y notas de Leopoldo Di Leo, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1976. Nació en Modica, Sicilia, Italia, en 1901, y murió en Nápoles en 1968. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1959).

 

 


HENRI DELUY

42

El mar se repite.
Es lo que se podría creer.
Se podría pensar que busca
Un movimiento en su propio interior.

Permaneciendo al mismo tiempo detrás de su cuerpo.

Pero es una ilusión que uno encuentra en las palabras.

--

El mar estaba todo en la superficie. - Con
Cabañitas - en lo alto de la colina -
Que tenían aspecto de estar en el secreto.
Las gaviotas - numerosas - se convertían
En el suelo - en relieves calcarios.

*

Numerosos pájaros eran gaviotas.

--

El mar se ocupaba del paisaje.
A mi me tocaba estar sentado - ahí,
Cerca de un vaho incoloro. - Una luz
Purpurada caía en ondulaciones apretadas
Y azuladas. - Fragmentos de conversaciones
De la víspera nos volvían a la memoria.
El mar estaba desnudo.

*

Estaba realmente desnudo.

(De "Poemas", edición bilingüe con traducción de Jorge Fondebrider, colecciónd de poesía Personnae, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires. 1995. Henri Deluy nació
en 1931 en Marsella. Fundó el festival Bienal Internacional de Poetas en Val-de-Marne. Es también traductor).


RAFAEL ALBERTI

18

Retorcedme sobre el mar,
al sol, como si mi cuerpo
fuera el jirón de una vela.
Exprimid toda mi sangre.
Tended a secar mi vida
sobre las jarcias del muelle.
Seco, arrojadme a las aguas
con una piedra en el cuello
para que nunca más flote.
Le di mi sangre a los mares.
¡Barcos, navegad por ella!
Debajo estoy yo, tranquilo.


Desde alta mar

No quiero barca, corazón barquero,
quiero ir andando por la mar al puerto.
¡Qué dulce el agua salada
con su salitre hecho cielo!
¡No quiero sandalias, no!
Quiero ir descalzo, barquero.
No quiero barca, corazón barquero,
quiero ir andando por la mar al puerto.

(De "Antología poética", Maestros de la Literatura Contemporánea, Losada, Madrid, 1996. Rafael Alberti nació en El Puerto de Santa María, Cádiz, en 1902, y murió
en ese mismo lugar en 1999. Padeció el exilio durante la dictadura franquista, por su pertenencia al Partido Comunista).


IDEA VILARIÑO

Por allá estará el mar

Por allá estará el mar
el que voy a comprarme
que veré para siempre
que aullará llamará
extenderá las manos
se hará el manso el hermoso
el triste el olvidado
el azul el profundo
el eterno el eterno
mientras los días se vayan
la vida se me canse
el cuerpo se me acabe
las manos se me sequen
el amor se me olvide
frente a su luz
su amor
su belleza
su canto.

(De "La poesía del 45", antología a cargo de Enrique Fierro, Biblioteca Uruguaya Fundamental, Centro Editor de América Latina, Montevideo, 1968. Idea Vilariño
nació en Montevideo en 1920 y murió en esa ciudad en 2009. Fue también docente, ensayista y traductora).

 

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