• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Juan Manuel Roca

Última costura en el agua

Es vano remendar el agua,
Hacer trenzas de lluvia,
Pintar lagos de voces
Y lotos de silencio.
Escribimos la palabra grifo,
La dejamos abierta
Y soñamos,
Oh gavilla de ilusos
Que se convierta en río.


La caída del reino

Para Gustavo Pereira

El poema ocurre así:
Uno llega el templo con sus dioses,
Lo puebla de objetos
Sacros para el rito
Pero puede poblarse
Con el brillo de los mercaderes.
El poema sigue así:
Uno regresa a él,
Latiga las palabras que le sobran,
Desaloja a los mercaderes y su brillo,
Desperdiga por el suelo
Los objetos del rito,
Advierte que sus dioses
Son ídolos de arcilla
Y sólo encuentra
El peso de un silencio malogrado.
El poema termina
Como un barco de papel
En los deltas del vacío.


Oración al señor de la duda

Más que fe, dame un equipaje de dudas.
Ellas son mi puente, mi afluente, mi oleaje.
Venga a nos el Reino de lo Incierto.
Mantén en vilo mis verdades,
Concebidas, muertas y sepultadas
En los telares del olvido. Llévame
Por las arenas movedizas,
Dame a comer el plan de la derrota,
A beber el agua del silencio.
No hay timos ni trucajes:
Estoy herido y soy mi camillero.
Sean las certezas palacios de nieve
A los que alguien asedia con el fuego.
Señor de la duda, si existieras,
Escucha la oración del descreído.


Postal de ninguna parte

Para Fernando Rendón

En mi país, ese país que es un deseo de espíritu,
un contrasepulcro.

RENÉ CHAR.

Crecen los tulipanes
En el parque
Donde las mujeres pasean
Con levedad de nube.

Ningún habitante tiene que verse
Forzado a exprimir piedras
O a pastorear fantasmas
En su alcoba.

Los cuchillos no tienen
Apetencia de heridas
Ni hambre de piel.

No gobiernan las sombras
Este lugar hecho de nieve.

Confortables son las casas
Con sus leños ardiendo
Como la zarza milagrosa.

Es el Reino de la confianza
Donde nadie te hiere
Por la espalda.

No serás condenado
A disparar la flecha
Y además ser su blanco.

El sueño es bienvenido,
Ningún jabalí gruñe en la noche
Asediado por una jabalina.

No es este un mapa
De transterrados, de desterrados,
De gentes desplazadas
Como una gavilla de viento.

Es posible que este lugar
Resulte inexistente,
Pero a decir verdad,
Es todo lo que no es mi país,
Lo que nunca fue mi país,
Cada vez más lejano.

(De "Botellas de náufrago", antología poética 1973-2008, con prólogo de Stefania Mosca y selección de Juana Burghardt, Tobías Burghardt, Stefania Mosca y Enrique Henández-D'Jesús. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2007. Juan Manuel Roca nació en Medellín en 1946. Obtuvo los premios de poesía Eduardo Cote Lamus de la Universidad de Antioquia, el Nacional de Poesía 2004 del Ministerio de Cultura de Colombia, el Lezama Lima 2007 de Casa de las Américas y el Poetas del Mundo Latino de México, 2007. Es también ensayista y periodista).

 

Botellas de náufrago

En la pequeña habitación en donde vivo
Como Jonás en el vientre de un cetáceo,
Pienso: quizás los poemas sólo sean
Mensajes enviados por un náufrago,
Botellas con gritos pobremente escritos
Que acaso vayan desde el mar de los silencios
A las playas del olvido.
Pero he aquí que lanzo una botella y otra,
Y una última habitada por mis miedos.
En la pequeña habitación en donde vivo
Como Jonás en el vientre de un cetáceo,
Van quedando pocas botellas del naufragio.


Los muros de la noche

Correteando los rincones de la noche
Viene de ronda mi voz
Por la oscura nación de los espejos.
Amplio presidio, mi país,
En su alta torre de mil pájaros
Asomarse a la ventana sanea el corazón.
Aún corre mi antigua voz
De la edad de los aromas,
Corre junto al sonoro mar de cafetales,
En el olor de los manglares
Sube hasta el cielo.
Mi voz resuena en las praderas del pecho
Cuando un trampero camufla
La boca a la cisterna
O pinta un túnel en los muros de una celda.
Inmenso hospicio, mi país,
Evadiendo trampa a trampa, muro a muro,
Viene de ronda mi voz
Por la oscura nación de los espejos.

Bogotá, octubre 10/80


Memoria del muro

Bajo la piel de la pintura,
Bajo su leve cascarón, la tosca grafía del acosado
Reclama la muerte del tirano.
Hunde el punzón en el muro. Despelleja su color,
Y ese muro te hablará de días propicios para el
crimen.
Si te asomas a su más antigua piel
Verás que otras letras se fueron en el barco de
los años.
Quítale capas al muro, almanaque de otros días,
Y acaso encuentres el búho de negro tizón
Dibujado por quien hoy es sólo sombra.
Oye transpirar en su centro, como si deshojaras
la alcachofa,
Esa tapia cubierta de pieles como una antigua
dama.
Sólo empañeta su piel, viejo albañil, cubre el
deseo,
Pinta el debajo del debajo, el color que se
oculta en el color,
Y una boca de sombra engullirá todas sus voces.


Exiliados

Recorren parajes de trenes
En cuyas blancas estaciones
Se viaja al olvido.
Hombres con el gesto de quien se sabe
Limítrofe entre el aire y el presidio
Hablan en lenguas extrañas
De una luz, de un nuevo viento.
Hombres cuyo país
No es más que un trozo azul de lejanía.


Canción del que fabrica los espejos

Fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
Llevo por la calle la luna de azogue:
El cielo se refleja en el espejo
Y los tejados bailan
como un cuadro de Chagall.
Cuando el espejo entre en otra casa
Borrará los rostros conocidos,
Pues los espejos no narran su pasado,
No delatan antiguos moradores.
Algunos construyen cárceles,
Barrotes para jaulas.
Yo fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.

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