• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Marina Izquierdo

 

Si tuviera un día más

regresaría a la mina

para arrancar la esmeralda.

 

La única piedra

que respira

es la esperanza.

 

 

   Siempre hay una esquina

 

Siempre hay una esquina,

no importa el país

ni el hemisferio,

donde la fragilidad de acero se desnuda.

Donde el débil se hace hierro

donde el hierro pierde forja.

Donde el fuerte se desarma

donde ya nada ni nadie importa.

 

Siempre hay una esquina,

no importa la ciudad

ni el continente,

con el sexo abierto y los sueños

vendidos al mejor postor.

Donde dar y pedir, donde soñar y llorar.

Donde vender el alma al desalmado.

Donde humillar al humillado.

 

Siempre hay una esquina

no importa la calle

ni el puerto o el centro,

que evitas y frecuentas,

que ignoras y traicionas,

que miras sin saberte espejo

con la mano tendida arrugada de ayer.

 

Siempre hay una esquina

que nos duele, que no vemos

invisibles, tú y yo, él y ella.

Indoloros, él y ella, tú y yo.

Apuntalados todos en el cable de hormigón

sobre alcantarillas de esperanza.

 

 

   Escribirse

 

Quién tuviera dos vidas para amarse.

Amarrarse, soltarse.

creer en ti para descreer.

 

Quién tuviera dos vidas para versarse.

Jugar con sus grafías.

Estirarlas hasta que la piel aguante.

 

Quién tuviera dos vidas para equivocarse.

Aprender y desaprender.

Descontar los años y rehacerlos.

Dejar de ser para volver a ser.

Otra. La misma, llena, vacía.

Escribirse en todas.

 

 

   El temblor de un domingo

 

La noche ruge a dos bandas

con hambre de ruidos dispares.

Dos relojes perpendiculares y motos

que retan a las sirenas anónimas.

 

Todos corren para beberse el sábado,

todos menos este cuerpo detenido

en contar las montañas inciertas.

 

La noche ruge a dos bandas

en el rellano de un domingo que tiembla.

 

Desde mi ventana empieza y termina la vida.

Desde mi ventana huye por el alféizar el amor.

 

 

   Huesos por crecer

 

Maquillar el dolor para que grites

tus pocos años

con la algarabía despreocupada

de los huesos por crecer.

 

Sonreír las penas.

Masticar los miedos.

Encalar las pistas.

Camuflar ojeras.

 

Todo antes que el hurto

de esa patria

con bandera de infancia.

 

 

   Adolescencia

 

No te repitas en mí.

Equivócate.

Aciértate.

Canta cuando yo hable.

Que la espuma añeja

resbale yerma.

 

No te repitas en mí.

Ríe sin mirar atrás.

Llora como si fueras la primera.

Apaga los espejos

Olvídanos en el bosque

donde talamos las siluetas.

 

Amanece en ti.

 

(De “La mitad silenciada”, Lastura, Ocaña, Toledo, 2016. Marina Izquierdo nació en Valencia. Fue finalista del XVII premio Ana María Matute de Narrativa de Mujeres y del XIII certamen de Narrativa Breve de Igualdad del Ayuntamiento de Valencia. Ganó el XXVII premio Voces Nuevas de Poesía y fue finalista del tercer Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador con “La mitad silenciada”. Textos suyos fueron publicados en antologías y publicaciones literarias. Es profesora de lengua y literatura, organizadora de actividades culturales y periodista).

 

 

   La mitad silenciada

 

Hoy te busqué en mis lomos de cuero

y te hallé ausente y desnuda.

Enterrada boca abajo.

Amortajada en un hábito de rabia plena,

esa que se macera en el regusto de la resignación.

Escondida y silenciada.

Hueca en cuerpo e intuida en los márgenes

por arqueólogas modernas.

 

Hoy te busqué entre colores y formas,

acariciando las paredes con los ojos rojos

de cifrar firmas sin nombre de mujer.

Imaginándote más allá del lienzo

con los pinceles desde el dintel

sin espejo en el que repetirte.

Fundida en negro con los pigmentos ocultos

en el doble fondo de otra vida.

 

Hoy te busqué entre fórmulas y probetas,

más allá de la bata blanca cuya pulcritud

anuncias entre manos y senos frotados.

Con la mirada perdida entre el logro

y el traspié provocado a través del cristal,

caleidoscopio de sueños,

de tu vocación inquebrantable

en la invisibilidad más absoluta.

 

Hoy te busqué entre páginas y primicias,

anhelando que ganaras la carrera del noticiario.

Que abrieras media hora de talentos con pene

para que las niñas supieran que tener vulva

no es pecado. Que el esfuerzo esférico tiene premio,

o debería tenerlo, sin la visible redondez de los genitales.

 

Hoy te busqué en las mochilas de mis hijas,

en la tercera del periódico,

entre las tertulias de corbatas.

En la cerámica de las calles,

en el cian de las plazas.

Entre las líneas de mi voto obligado.

 

Hoy te busqué entre márgenes y cornisas.

Paspartús y cortapisas.

En sucesos, en contactos.

En anuncios, en revistas.

En las aguas del lavadero.

En las cenizas del medievo.

En el suburbio de los laureles.

En el epicentro del agravio.

En la periferia expatriada.

En la ciudadanía que

fingen plena.

 

Hoy te busqué en las afueras del mundo,

en la humanidad cercenada.

En esa todavía su mitad silenciada.

 

--

 

Mis huesos todavía crepitan

en la hoguera del escalofrío de un futuro.

 

  

   Sueños mojados

 

El filo de tu navaja

amanece en mis sueños mojados

donde el ajuar reposa.

 

La vieja que rompe niñas

y fabrica quebrantos de mujer

en el aquelarre de aquella tarde.

 

Mi madre, mi abuela, mi hermana,

también la vieja.

Todas en mi sueño, cercenadas.

 

La pesadilla perpetua

que hoy crecerá en el desgarro

de las bodas con verdugo sin príncipe

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.