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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Antonio Gamoneda

 

Una pasión fría endurece mis lágrimas.

Pesan las piedras en mis ojos: alguien

me destruye o me ama.

 

--

 

Acerqué mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad

de los sueños.

 

Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios.

 

--

 

Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra

imprecisa;

 

habré existido en un instante en que la alegría y la piedad

ardían en tus ojos.

 

Pero también quiero permanecer desconocido en ti.

 

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

 

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así,

imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

 

Aunque quizá estamos ya separados por un cabello de

sombra y cada uno está en su propia luz.

 

y la mía es la que tú vas abandonando.

 

 

--

 

¿Es la luz esta sustancia que atraviesan los pájaros?

 

En el temblor del sílice se depositan cuarzo y espinas

pulimentadas por el vértigo. Sientes

 

el gemido del mar. Después,

 

frío de límites.

 

 

--

 

Lame tu piel el animal del llanto, ves grandes números

infecciosos y, en el extremo de la indiferencia, giras insomne,

musical, delante del último dolor.

 

Vienen, extienden

sobre tu corazón sábanas frías

 

--

 

Tu cabello encanece entre mis manos y, como aguas silenciosas,

nos abandonan los recuerdos. Siento la frialdad de la existencia

pero tu olor se extiende en las habitaciones y tu lascivia vive

en mi corazón y entra mi pensamiento en tus heridas.

 

--

 

En la humedad me amas

y eres azul en tus pezones. Hablas

suavemente en mis labios y regresas

a tu prisión en la melancolía.

 

--

 

Nuestros cuerpos se comprenden cada vez más tristemente,

pero yo amo esta púrpura desolada.

 

Ah la flor negra de los dormitorios, ah las pastillas del

amanecer.

 

--

 

Vi la serenidad en los ojos de las reses destinadas a los

cuchillos industriales y los caballos inmóviles en la tristeza;

 

después, la cal, su luz en los ancianos, y grandes grietas

habitadas por lamentos.

 

 

--

 

 

Edad, edad, tus venenosos líquidos.

 

Edad, edad, tus animales blancos.

 

--

 

Un bosque se abre en la memoria y el olor a resina es útil al

corazón. Vi las esferas del sudor y los insectos en la dulzura;

 

luego, el crepúsculo en sus ojos:

 

después, el cardo hirviendo ante el centeno y la fatiga de

los pájaros perseguidos por la luz.

 

 

(De "Lengua y herida", con selección y prólogo de Vicente Muleiro, colección Musarisca, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2004. Antonio Gamoneda nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. Comenzó a publicar poesía en 1960. Poemas suyos están traducidos a varios idiomas, y compilados en gran cantidad de antologías, en varios países. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía, en 1988; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2006, y el Cervantes, ese mismo año. Es también ensayista. Fue convocado para abrir en noviembre de 2016 las actividades del Salón de la Poesía de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara).

 

 

   Tango de la misericordia

 

 

Es la última lana de mi vida;

 

hay azúcar, amor, hay vigilantes

 

en las arrugas de mi corazón

 

y aún eres pobre dulcemente en mí

 

 

--

 

 

   Diván de Nueva York

 

Tú en la tristeza de los urinarios, ante las cánulas de

   bronce (amor, amor en las iglesias húmedas);

 

ah, sollozabas en las barberías (en los espejos, los

   agonizantes estaban dentro de tus ojos):

 

así es el llanto.

 

Y aquellas madres amarillas en el hedor de la

   misericordia:

 

así es el llanto.

 

Ah de la obscenidad, ha del acero.

 

 

 

Vi las aguas coléricas, y sábanas, y, en los museos, junto a

   la dulzura, vi los imanes de la muerte.

 

Te desnudaron en marfil (ancianas, en los prostíbulos

   profundos) y te midieron en dolor, oscuro:

 

así es el llanto, así es el llanto.

 

 

Ten piedad de mis labios y de mi espíritu en los

   almacenes;

 

ten piedad del alcohol en los dormitorios iluminados.

 

 

Veo las delaciones, veo indicios: llagas azules en tu

   lengua, números negros en tu corazón:

 

ah de los besos, ah de las penínsulas.

 

 

 

Así es el llanto;

 

así es el llanto y las serpientes están llorando en Nueva

   York.

 

Así es el llanto.

 

 

 

 

   Blues para cristianos

 

Antes algunos hombres se sentaban a fumar
y a mirar la tierra despacio.
Antes muchos hombres se sentaban a fumar
y poco a poco comprendían la tierra.
Ahora no se puede fumar cuando viene la noche.
Ahora ya no queda tabaco ni esperanza.

Ya han debido de pasar el cielo y la tierra
y todas las casas están vacías.
Han debido de pasar el cielo y la tierra
porque todas las casas están vacías.
La madre ya no quiere volver a sus cazuelas.
Aquí toda la gente está muy triste.

Ahora vendrá Dios con su madero.
Dicen que viene Jesucristo con su madero.
Bien, que venga con su madero.

Cuando venga Jesucristo con su madero,
vamos a verle la chaqueta vieja.
Cuando venga Jesucristo a vivir con nosotros,
habrá que verle el corazón cansado.

Aquí ya no hay otra majestad que el dolor.
Sí, buen amigo, ya no hay más en la tierra.

 

 

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