• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
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    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Ciudades como versos

 

   JORGE LUIS BORGES

 

   Montevideo

 

Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.

La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.

Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.

Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.

Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.

Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.

Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.

Ciudad que se oye como un verso.

Calles con luz de patio.

 

   Texas

 

Aquí también. Aquí, como en el otro

confín del continente, el infinito

campo en que muere solitario el grito;

aquí también el indio, el lazo, el potro.

Aquí también el pájaro secreto

que sobre los fragores de la historia

canta para una tarde y su memoria;

aquí también el místico alfabeto

de los astros, que hoy dictan a mi cálamo

nombres que el incesante laberinto

de los días no arrastra: San Jacinto

y esas otras Termópilas, el Álamo.

Aquí también esa desconocida

y ansiosa y breve cosa que es la vida.

 

 (De "Obra Poética", Sudamericana, Buenos Aires, 2011. Este libro comprende las obras "Fervor de Buenos Aires", "Luna de enfrente", "Cuaderno San Martín", "El hacedor", "El otro, el mismo", "Para las seis cuerdas", "Elogio de la sombra", "El oro de los tigres", "La rosa profunda", "La moneda de hierro", "Historia de la noche", "La cifra" y "Los conjurados". Jorge Luis Borges nació en 1899 en Buenos Aires y murió en 1986 en Ginebra, Suiza. Al conjunto de la obra, que incluye ensayos y cuentos, se atribuye su trascendencia universal. Infinidad de escritores se declararon influidos por Borges, y los críticos extienden la lista con muchos otros que no lo enunciaron expresamente. Fue distinguido con gran cantidad de títulos académicos. Entre numerosos premios, se pueden mencionar el Internacional de Literatura, que compartió con Samuel Beckett en 1961. En 1980 recibió el premio Cervantes, junto con Gerardo Diego. Escritores, críticos y académicos esperaron durante años que recibiera el Nobel de Literatura, pero ello no ocurrió. Se presume que sus definiciones políticas, fuertemente contrarias a movimientos populares, como el Peronismo en Argentina, y el respaldo a dictaduras cívico-militares genocidas, fueron un obstáculo para que se le adjudicara el Nobel. Borges quedó ciego cuando tenía 55 años).

  

   JOSÉ EMILIO PACHECO

 

   Amanecer en Buenos Aires

 

Rompe la luz el azul celeste.

Se hace el día en la plaza San Martín.

En cada flor hay esquirlas de cielo.

 

 

   Venecia

 

                        Cada golpe de agua provocado por los

                        motores hunde un poco más a Venecia.

                                                           Excélsior, 1967

 

Venecia es un fantasma.

Fue inventada

por Canaletto.

La pintó en el agua.

 

Negación de Lepanto,

cada piedra

es oriental

y floreció en Bizancio.

 

Todo lo unido tiende a separarse.

Los islotes se hunden en la laguna.

El mar que la esculpió

hoy la destruye.

 

En su agonía romántica desciende

al lodo original.

Perla en el lodo,

joya entre muladares subacuáticos.

Víctima del motor fuera de borda.

 

    Ile Sait-Louis

 

 

Desde el balcón el Pont de la Tournelle.

Una muchacha se detiene y mira.

 

Fluye el Sena.

Desgarrado un instante por la isla,

corre al encuentro de sus mismas aguas.

 

Aguas de musgo verde, verdes aguas

con el verdor de miles de veranos.

 

La muchacha se aleja, se extravía,

se pierde de mis ojos para siempre.

 

Arde la misma rosa en cada rosa.

El agua es simultánea y sucesiva.

El futuro ha pasado.

El tiempo nace

de alguna eternidad que se deshiela.

 

(De “Tarde o temprano, poemas 1958-2009”, Colección Nuevos Textos Sagrados, dirigida por Antoni Marí, Tusquets Editores, Ciudad de México, 2010. Esta antología incluye “Los elementos de la noche”, 1958-1962; “El reposo del fuego”, 1963-1964; “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, 1964-1968; “Irás y no volverás”, 1969-1972; “Islas a la deriva”, 1973-1975; “Desde entonces”, 1975-1978; “Los trabajos del mar”, 1979-1983; “Miro la tierra”, 1984-1986; “Ciudad de la memoria”, 1986-1989; “El silencio de la luna”, 1985-1996; “La arena errante”, 1992-1998; “Siglo pasado, desenlace”, 1999-2000; “Como la lluvia”, 2001-2008; y “La edad de las tinieblas”, 2009. José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, y murió en ese mismo lugar el 26 de enero de 2014. Su relación con la literatura y sus actividades iniciales en ella comenzaron en la revista “Medio Siglo” de la Universidad Nacional Autónoma de México. Posteriormente dirigió colecciones y publicaciones vinculadas con las letras. Se especializó en literatura mexicana del siglo XIX, y estudió al argentino Jorge Luis Borges. Se lo considera uno de los exponentes de la “Generación de los cincuenta”, también llamada “Generación de medio siglo”, junto con Salvador Elizondo, Eduardo Lizalde, Carlos Monsiváis y Sergio Galindo, entre otros escritores. Sus publicaciones de poesía comenzaron en 1963 con “Los elementos de la noche”. Después de la antología “Tarde o temprano”, de 2009, se publicaron “Como la lluvia” y “La edad de las tinieblas”, en el mismo año, y “El espejo de los ecos”, en 2012. Fue también novelista, cuentista, ensayista y traductor. Obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Cervantes, en 2009, el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, en 2005, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2004, y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2003).

 

    GERMÁN CARRASCO

 

   Fintas

   I

Como si tuviera los pinceles sucios, humo en ojos
que nunca se sabe exactamente lo que miran,
alcanzado en varias partes por la infección cotidiana;
mezcla de milico pobre, tinterillo
y obrero peinado ante la aurora.
Aperrado
ante peros y prejuicios
y los perros de la cuadra;

con pinceles sucios y humo en ojos,
entre vuelos y versos de golondrinas
y bajo esta luna de Santiago,
piensa
y piensa
77 veces 7
la canción anómala que intenta reflejar
estas alambicadas y raquíticas
pero ante todo
ajenas
enredaderas
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
y las calas;
su diseño y tersura.

 

 

   II

 

Escucha –dice- el canto

y las historias del charlatán sagrado

que descubre las frentes, vuela archivos.

Canícula. Insidia del sol sobre las cosas:

sillas de ruedas, muslos voluptuosos,

fachadas continuas de Santiago.

El calor se hace insoportable,

Julián y Rita se encierran a fornicar.

                                                        Nosotros,

deshidratados balbuceamos sinónimos y complementos de calor

o como ellos practicamos las artes siamesas o geminianas

como si la carne y las calas fueran a calcinarse

a las tres de la tarde en este lado.

 

(De "Calas", J.C. Sáez Editor, Santiago de Chile, 2003. Germán Carrasco nació en Santiago, en 1971. Después de estudios en Humanidades y de participar de talleres de poesía, comenzó a publicar en 1994, con la obra poética “Brindis”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías. Recibió, entre otros, los premios Jorge Teillier, en 1997; el Hispanoamericano Diario de Poesía, en Buenos Aires, el Enrique Lihn, en Valdivia, y el Sor Juana Inés de la Cruz, en México-Costa Rica, todos en 2000; y el Pablo Neruda, en 2005).

 

 

   JUAN MANUEL ROCA

 

   Los perros de nadie

 

Callejean,

Escarban los restos del día

Como quien acude a un tanatorio:

Perros góticos apaleados en misa,

Un domingo raído por la lluvia.

 

Bogotá duerme al fondo de su hartazgo

Y los perros de Nadie

Rastrean los días en fuga,

La sombra perdida de un Virrey.

 

Un niño ata en sus colas de cometa

Latas de avena

Con la efigie de un cuáquero

Que no pierde su torva dignidad.

 

Los perros sin dueño

Recorren centro y sur de la ciudad,

Las zonas donde Nadie

Tiene su reino de olvidos.

 

¿A quién ladran

En la calle vacía?

¿A quién dirigen

Sus orejas vacilantes?

 

Acaso descubren el paso de Nadie.

Del que se fue una vez,

Envuelto en brumas.

 

(De “Testigo de sombras. Antología personal”, con prólogo de Jorge Boccanera, colección El viento de los locos, Editora Patria Grande, Buenos Aires, 2015. Esta colección fue puesta en marcha con este libro de Roca, junto con antologías del mexicano Jaime Sabines y del argentino Boccanera. Juan Manuel Roca nació en Medellín, Colombia, en 1946. Es también narrador y ensayista. Su primera publicación de poesía, “Memoria del agua”, data de 1973. Tres años después siguió “Luna de ciegos”, con la que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia. Ya en 1983 publicó una antología poética y en 2005 otra, llamada “Cantar de lejanía”. Esta obra tuvo prólogo del poeta chileno Gonzalo Rojas, que dice en un tramo: “Lo que más celebro en Roca es la fiereza, esa amarra entre vida y poesía que llega a lo libérrimo”. Roca recibió también el Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura, en 2004, el Casa de las Américas José Lezama Lima, en 2007, por “Cantar de lejanía”, y el Casa de América de Poesía Americana, que se otorga en España, en 2009. También obtuvo reconocimientos por sus cuentos y por su labor periodística. Dirige la publicación cultural “La sangrada escritura”. Asimismo, publicó libros junto a artistas plásticos, entre ellos Augusto Rendón, Antonio Samudio, Fabián Rendón y Patricia Durán).

 

 

   ENRIQUE MOLINA

 

   Aire en México

He despertado bajo las patas de un pájaro, bajo una manta
indígena,
se oían campanas remotas y relinchos.
¿Es el último hotel? me he dicho, perdido entre cactus,
la gente es muy antigua, con máscaras de tierra roja,
jinetes cubiertos de alamares, mujeres
siempre en las playas ardientes de la muerte.
Honro a los dioses con tequila y ají,
aquella canción del mar sopla aquí entre calaveras de azúcar,
y de pronto tanta algarabía en mi corazón,
el sabor de la idolatría, el gusto por semejantes estrellas,
blusas bordadas, caballerías,
y la orquesta de esqueletos haciendo sonar sus huesos
cubiertos de papel picado,
despidiéndome, despidiéndome una vez más.
Despidiéndome de estas materias solares
donde despierto de pronto perdido en mi memoria.

 

   Cielo de Lima

¡La atmósfera siempre unida a tu alma como dos espejos que
se enfrentan!
Cielo de invierno en Lima, húmedo y gris como una perla
inmensa en la que estábamos cautivos,
mujer de altos pómulos por quien tantas faces desconocidas
de la realidad me fueron reveladas.
Después de meses el cielo se limpia, el nácar de la niebla
desaparece en el calor,
y las casas, que jamás conocieron la lluvia, se abren
para que pase el Señor de los Milagros de labios violeta,
seguido por sus sensuales devotas de grandes cinturas
sudorosas.
Los gallinazos, vigilantes y ávidos en su miseria reasumían su
fealdad,
las habitaciones se poblaban con oraciones obscenas poco
comprensibles, rojos ajíes,
la que yace en la caverna perfumada con hirsutos secretos
despierta con el fuego y sigue a la procesión.
La nube de gaviotas posada en la playa levantaba vuelo
cuando la peruana se acercaba,
sólo un instante como la dicha, sólo un instante
giraban sobre su cabeza como un patio de alas,
sólo un instante en las dunas solitarias sobre su cabellera
revuelta.
¡Gaviotas! ¡Gaviotas!

A mí también me hablarán de la crueldad del horizonte
y el pozo de sombra en que caigo desde las ciegas olas,
después de su pasaje.


(De "Orden terrestre", obra poética, 1941-1995, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 1995. Enrique Molina nació en Buenos Aires en 1910 y murió en esa misma ciudad en 1997, dos años después de publicar esta antología, que él mismo prologó. Fue también pintor, una obra que según los críticos sintoniza plenamente con sus textos poéticos. Asimismo, publicó una novela, "Una sombra en la que sueña Camila O'Gorman").

 

   OTONIEL GUEVARA

 

   Ciudad

San Salvador:
un tren sobre los guijarros de la noche.
Vagones apretados de mendigos.
Avenidas de Dante y Diosmeguarde.

San Salvador no tiene nombre propio:
se llama miseluz guarhumo puñaluna

Un fósforo se enciende
y brillan las heridas

San Salvador ya no echa de menos a la lluvia

Se convirtió en maroma que observamos
con la boca redonda
de sorpresa y de hambre.


   DAISY ZAMORA

 

   Managua

El monte está crecido entre las casas.
Las corrientes arrastran desperdicios por las calles.
Nuestros recuerdos
perdieron su antiguo telón de fondo.

...En verdad que tu destino ha sido cruel, Ciudad.
Tus despojos insepultos solamente han logrado
multiplicar los zopilotes y los buitres.

(De "Anillo del silencio, Centroamérica en la poesía", selección y prólogo de Jorge Boccanera, Ediciones Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2009. Otoniel Guevara es salvadoreño, nació en 1967. Daisy Zamora es nicaragüense, nació en 1950).

 

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