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Marco Martos / Comentan que la vida es algo duro

 

   Soledad de César Vallejo

 

Las personas mayores ya se han ido
y jamás volverán, viven en nunca,
han viajado a los fondos de la muerte
y nos hemos quedado con el ciego
Santiago tanteando en lo más duro
del nocturno metal de negro fuego.

Nadie nos habla, estamos en el fuego,
son nuestros el silencio que se ha ido
convirtiendo en el hábito más duro,
idiomas de la niebla con su nunca,
los ojos de los sueños y del ciego
observar de la vida hablando muerte.

Sabemos que la vida trae muerte,
escondido meollo de oro y fuego
que llega al más vidente y frágil ciego,
a todos los más grandes que se han ido
por la ruta de Orfeo, hasta el que nunca
soñó con la blandura de lo duro.

Comentan que la vida es algo duro,
¿saben de la blandura de la muerte?
¿con quién mamá estará en el jamás nunca?
¿a quién aplacará con nieve o fuego?
Sabemos que no está, que bien se ha ido,
que hemos sido guardados por el ciego.

Nadie nos acompaña, sino ciego,
nadie comenta nada y lo más duro
es saber que la vida ya se ha ido
a su fin natural: la misma muerte.
Las sonrisas marcadas con el fuego
de lo inerte ya viven en el nunca.

Nacemos y morimos solos, nunca
traemos diferente el sino ciego,
así es toda la vida con su fuego;
mayores delanteros en lo duro
de acercarse muy rápido a la muerte,
apenas han nacido, ya se han ido.

Lo ido, lo perdido en lo que nunca
volverá de la muerte, salvo en ciego
sueño, se torna llama, duro fuego.

 

   Gonzalo Rojas y Braulio Arenas

Desde Chillán Gonzalo Rojas llegó a Santiago
para hablar con su amigo Braulio Arenas.
"Perdí mi juventud en los burdeles",
dijo Rojas, "perdí mi mocedad en los clubes de ajedrez",
contestó Arenas.
-Los burdeles dan miedo y también alegría.
-Los clubes de ajedrez son un pánico en la vida.
-¿Cómo se puede preferir la dama
inventada del juego de ajedrez
a la mujer verdadera del prostíbulo?
-No lo sé, ambas no se entregan nunca.
-Miente el que diga que disfruta en un club de ajedrez.
-Miente el que se refocila con la puta en un burdel.
-Miente el que acaricia el rostro de la dama.
-Miente el que juega ajedrez en el bulín.
-Nosotros somos ángeles y no mentimos nunca.


   Garabato

Vida: camino en el que nada pasa
dos veces,
o un interminable ensayo
para una noche de estreno
que nunca llega,
hasta que mueres.
La mano escribe garabatos
que nadie entiende,
que semejan el deslizarse
de las zapatillas
sobre la alfombra
de la gran sala del silencio,
que llegan a tus manos
como jazmines de la planta
que sembraste
bajo la luna llena,
hace tanto tiempo.

 

   Fin de la noche

Es un ramalazo de la muerte
ese ojo zarco que está ahí
quieto como si mirara.
Desde tan lejos sólo se escucha
una música rancia,
el destello de un cuchillo
herrumbrado que parpadea,
un plomo que se disuelve
mientras el sol sube rápido
cortado en tajos
la neblina de la mañana.

 

(De "Dondoneo", Serie Humanidades del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 2004. Marco Martos Carrera nació en Piura, Perú, en 1942. En 1969 obtuvo el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano. Fue presidente de la Academia Peruana de la Lengua y fue jurado del premio Casa de las Américas. En poesía publicó, entre muchas otras obras, "Casa nuestra", 1965; "El mar de las tinieblas", de 1999; "Sílabas de la música", de 2002; "Jaque Perpetuo", de 2003; "Aunque es de noche", de 2006).

 

 

   Poema

No es la hora de Rimbaud, no es su hora.
Busquemos lo maravilloso
dando vueltas alrededor de lo concreto;
las piedras calcinadas pisemos:
una mesa es una mesa,
una alta torre, si es iglesia, tiene campanario,
las naranjas amarillean en los naranjales
y un olmo no da peras,
salvo en los sueños de misticismo erróneo.
Rimbaud sí era un místico;
hermosísimo su camino,
árbol de triunfo silente su pereza,
árbol también su voluntad.
¡Qué manera de volar!
¡Y cómo rampan ahora tras su huella!
Tan diminutos son, que el gusano
amplio tórax tiene, poderoso es, veloz ciempiés.
Uno que otro individuo se empina sobre la sombra,
y en la punta del sueño y la locura,
por seguir a Rimbaud,
es rápidamente fusilado.
Claro, eso no debe asustarnos,
pero otro es el camino.
Definitivamente otro.

 

   Yuyo

Ulula el viento sobre el mar gangoso
y las olas color tierra traen peces muertos
a la playa; vuela, lamento, sobre los bichos
sin escamas, anguilas, cangrejos, peces globo
horribles en su quietud y tollos pequeños
de rictus blanco. El agua desparrama
yuyos verde y oro, granates en el sol
de la mañana. Aquí estuviste
en el mediodía radiante, gozosa
callejeando tus ojos en el agua
de cristal de mar azul y peces vivos.
He leído que los antiguos poetas
escuchaban el silencio de los pájaros
cuando el amor moría y he sabido
también que ese era un ardid,
angustiosa mentira del azogue corazón
deambulando en la penumbra.
Así era en otro tiempo, así en uno
y en otro caso, los poetas se engañaban.
Hoy ulula la lúgubre gaviota y el viento
rancio de marzo que silba y trae
tu nombre al muelle, súbito
me sumerge en la sima más sombría
de la tierra. Tú miras el mar
profundamente desde tu torre abrileña,
serena repasas y haces el conteo de los muertos.
Mi corazón, ¿miras mi corazón?
Tu sola conoces su verdad tristísima
de pez varado en la playa.

 

   Viejo poeta

Algunos leen
sus versos, poquísimas gentes-
abundancia sin embargo
que no esperó
en años mozos.
La veta biográfica mantiene
vigencia y los críticos
discuten nimiedades:
la mujer que aparece
en el poema XII
¿es muchacha
que conoció
el poeta?
de ser así,
¿cuál es su nombre?
¿o el poema es una entelequia,
un texto para nadie
y para todas?
Consultado el poeta,
cabalmente elusivo,
declara con voz cansina
que todo amor es apócrifo
y cualquier verso que lo celebre,
vano esfuerzo
que no conmueve
a los dioses.

 

   Sancho medita sobre la muerte

Come bien los carneros, los corderos,
la descarnada alegre engulle todo,
curiosa, tiene propio, lindo modo,
de arrebatar la vida, caballeros,
pisa las altas torres de los reyes,
las más humildes chozas de los pobres,
trae abajo a los tan fornidos robles,
abate a toda clase de dementes,
a los cuerdos los mata, fina hoja,
preeminencias hincha en sus alforjas,
no respeta a prelados ni a las mozas,
traga a todas las bellas, lo disfruta,
a la gente común se la manduca,
hidrópica, malvada, la gran puta.

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