• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Carilda Oliver Labra

 

   Cuando te desnudas

 

Cuando te desnudas como la suerte

destinada,

como el milagro increíble de las minas,

estremecidos vamos

a ser toda la tierra.

 

Cuando te desnudas

como animal celeste, trascendido,

y yo soy ese pan que vas buscando,

esa rabia de augusta promoción,

y convergiendo raramente andamos

en lo mismo…

 

Cuando te desnudas,

di:

¿qué dioses especiales nos empujan

haciendo señas

de la vida?

 

 

   Anoche

 

Anoche me acosté con un hombre y su sombra.

Las constelaciones nada saben del caso.

Sus besos eran balas que yo enseñé a volar.

Hubo un paro cardíaco.

 

El joven

nadaba como las olas.

Era tétrico,

suave.

Vivimos ese rato de selva,

esa salud colérica

con que nos mata el hambre de otro cuerpo.

 

Anoche tuve un náufrago en la cama.

Me profanó el maldito.

Envuelto en dios y en sábana

nunca pidió permiso.

(Todavía su rayo lasser me traspasa.)

Hablábamos del cosmos y de iconografía,

pero todo vino abajo

cuando me dio el santo y seña.

 

Hoy encontré esa mancha en el lecho,

tan honda

que me puse a pensar gravemente:

la vida cabe en una gota.

 

 

   La rosa que cortamos

 

Yo venía con una paz solemne,

con una fiebre de pascua recobrada;

fija al dolor no obstante

y ya estabas allí:

pálido papel para mis besos,

como una luz humedeciendo el aire,

lejano ruiseñor copioso,

piedra y carne.

 

La noche izó su túnel.

 

Todo fue breve:

el vaso,

la soledad del sur donde comimos.

 

No era.

No podía ser

porque la rosa que cortamos vuela.

 

 

   Amo tu boca poderosa y pura

 

Amo tu boca poderosa y pura

como un lirio carnal que a mí se aferra,

amo su arrebatada arquitectura,

su modo de crecer en raso y tierra.

 

Amo tu boca que al mentir fulgura,

tu boca que combate y que me encierra

en su cerco de indómita frescura.

Amo tu boca que me trae la guerra.

 

Sí, tu boca viril siempre presente

que me trastorna con su magia ardiente

señalando esta noche a la tristeza.

 

Amo tu boca de manzana alta

que prepara la herida que me falta.

Amo tu boca que a dolerme empieza.

 

(De “Prometida al fuego”, Ediciones Matanzas, Matanzas, Cuba, 2002. Carilda Oliver Labra nació en Matanzas, en 1924. Estudió Derecho y comenzó a ejercer esa profesión en su ciudad natal, junto a actividades vinculadas a las artes. Su primer libro de poesía publicado fue “Preludio Lírico”, en 1943. Poco después empezó a reunir reconocimientos, como el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía convocado en Nueva York por la National Broadcasting Co. Ya en 1950 se le adjudica el Premio Nacional de Poesía. Dos años después poemas suyos son integrados a antologías nacionales, lo que le da progresivamente más repercusión en el país. Sigue una etapa de actividad muy intensa como gestora cultural, colaboraciones periodísticas y publicaciones. Esto incluye un encuentro con la poeta chilena Gabriela Mistral, reconocimientos sucesivos, una presentación del poeta uruguayo Mario Benedetti en Matanzas y un encuentro con Gabriel García Márquez, a raíz de una invitación del entonces presidente cubano, Fidel Castro. Asimismo, se multiplicaron ediciones en varios países de América Latina, España e Italia. Sus obras más recientes son “Una mujer escribe”, de Ediciones Matanzas, y “Biografía Lírica de Sor Juana Inés de la Cruz”, de Editorial Cauce, de Pinar del Río).

 

 

   Poema

 

Cuando se acaben estas noches

en las que yo estoy sola y tú estás conmigo,

cuando se acaben estas cosas

de destino,

cuando se acabe

lo que nos hemos dado para siempre:

no me odies;

recuérdame inocente,

y volveremos juntos al poema.

 

 

   Declaración de amor

                    

                             Make love, no war.

 

Pregunto si llevo razón

cuando despierto el peligro entre sus muslos,

si me equivoco

cuando preparo la única trinchera

en su garganta.

 

Yo sé que la guerra es probable;

sobre todo hoy

porque ha nacido un geranio.

 

Por favor, no apuntéis al cielo

con vuestras armas:

se asustan los gorriones,

es primavera,

llueve,

y está el campo pensativo.

Por favor,

derretiréis la luna que da sobre los pobres.

 

No tengo miedo,

no soy cobarde,

haría todo por mi patria;

pero no habléis tanto de cohetes atómicos,

que sucede una cosa terrible:

lo he besado poco.

 

 

   El regreso

 

Llegué muy tarde.

La luz era difícil; el cuarto, pobre.

 

Desnuda

yo parecía un juguete de oro.

 

Volví a vestirme

para ser como sus cosas.

 

 

   Combato por tu frente degradada

 

Combato por tu frente degradada,

por tu revuelto corazón combato

y abuso de mi fiebre y la desato

como una guerra desencadenada.

 

Peleo por tu boca repentina,

por tu demonio, en orfandad peleo,

y voy desde lo triste a mi deseo

con algo de paloma y de asesina.

 

Y así aborrezco lo que casi adoro

y en estos menesteres me demoro

lo que tarda en curarse alguna herida;

 

y abierta por la pena que me talla

apenas sé decir si esta batalla

la he dado por la muerte o por la vida.

 

 

   Ya no me escribas

 

Ya no me escribas

porque tu carta será polvo.

Ayer la deseaba:

me la dije en el baño,

todo quedó mojado menos ella.

 

Ya no me escribas

porque tu carta será sombra.

Ayer yo la inventé mientras comía

y la palabra amor se me enredó en los dientes, viva.

 

Porque tu carta será nada

ya no me escribas.

 

 

   Te borraré

 

Te borraré con una esponja de vinagre,

con un poco de asco;

te borraré con una lágrima importante

o un gesto de descaro.

 

Te borraré leyendo metafísica,

con un telefonazo o los saludos

que doy a la ceniza;

con una tos o con un cárdeno minuto.

 

Te borraré con el vino de los locos,

sacándome estos ojos;

con un varón metido aquí en mi tumba.

 

Te borraré con juegos inocentes,

con la vida o la muerte;

¡aunque me vuelva monja o me haga puta!

 

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