• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Palabras a los duendes

 

   El poeta mexicano Hugo Gutiérrez Vega, quien murió el 25 de septiembre de 2015, escribió lo que se presume es su último poema sobre Aylan Kurdi, el niño sirio cuyo cuerpo sin vida apareció en las costas turcas, en el marco de la tragedia humanitaria que afecta a la región, asolada por guerras que estimulan potencias extranjeras y grupos armados transnacionales. En un homenaje posterior, su esposa, Lucinda Ruiz, dio a conocer en Ciudad de México ese poema, “Niño en la arena”. Le dice en un tramo el poeta al niño: “te has ido porque este mundo de fronteras y garrotes no te merecía”. Como homenaje al poeta, en adhesión a sus sentimientos humanitarios, que recorren su obra y marcaron su trabajo incansable a favor de las letras, publicamos una selección de poemas, de varios autores, que tienen a la niñez como tema.

 

    ENRIQUE LIHN

 

   Monólogo del padre con su hijo de meses

   (Fragmento)

 

 

Nada se pierde con vivir, ensaya;

aquí tienes un cuerpo a tu medida.

Lo hemos hecho en sombra

por amor a las artes de la carne

pero también en serio, pensando en tu visita

como en un nuevo juego gozoso y doloroso;

por amor a la vida, por temor a la muerte

y a la vida, por amor a la muerte

para ti o para nadie.

 

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta

como a nosotros este doble regalo

que te hemos hecho y que nos hemos hecho.

Cierro, tan sólo un poco

del vergonzante barro original, la angustia

y el placer en un grito de impotencia.

Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza

del huevo, a plena luz, ligero y jubiloso,

sólo un hombre: la fiera

vieja de nacimiento, vencida por las moscas,

babeante y resoplante.

 

Pero vive y verás

el monstruo que eres con benevolencia

abrir un ojo y otro así de grandes,

encasquetarse el cielo,

mirarlo todo como por adentro,

preguntarle a las cosas por sus nombres

reir con lo que ríe, llorar con lo que llora,

tiranizar a gatos y conejos.

 

Nada se pierde con vivir, tenemos

todo el tiempo del tiempo por delante

para ser el vacío que somos en el fondo.

Y la niñez escucha:

no hay loco más feliz que un niño cuerdo

ni acierta el sabio como un niño loco.

Todo lo que vivimos lo vivimos

ya los diez años más intensamente;

los deseos entonces

se dormían los unos en los otros.

Venía el sueño a cada instante, el sueño

que restablece en todo el perfecto desorden

a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;

allí en ese castillo movedizo

eras el rey, la reina, tus secuaces,

el bufón que se ríe de sí mismo,

los pájaros, las fieras melodiosas.

Para hacer el amor, allí estaba tu madre

y el amor era el beso de otro mundo en la frente,

con que se reanima a los enfermos,

una lectura a media voz, la nostalgia

de nadie y nada que nos da la música.

 

Pero pasan los años por los años

y de aquí que eres ya un adolescente.

Bajas del monte como Zaratustra

a luchar por el hombre contra el hombre:

grave misión que nadie te encomienda;

en tu familia inspiras desconfianza,

hablas de Dios en un tono sarcástico,

llegas a casa al otro día, muerto.

 

(De “Poesía chilena de hoy, de Parra a nuestros días”, con selección a cargo de Erwin Díaz, ediciones/ metales pesados, Santiago, 2012, undécima edición. Enrique Lihn nació en Santiago de Chile en 1929 y murió en esa ciudad en 1988. Comenzó sus publicaciones de poesía en 1949, con “Nada se escurre”. Entre numerosos reconocimientos y premios, recibió el Casa de las Américas, en 1966. Fue también dramaturgo, crítico, novelista y dibujante. Tras su muerte se publicaron varias antologías. Poemas suyos fueron traducidos al francés y al inglés).

 

   DANIEL CHIROM

 

 

   El jardín

 

La infancia,

un jardín enloquecido

donde un jardinero deja crecer los matorrales

y mutila las rosas

para que su recuerdo no nos vuelva inocentes.

 

 

    Infancia

 

La desesperación es un niño gritando en la noche

y una voz ordenándole que calle.

 

 

    Cuando Ariel duerme

 

Cuando Ariel duerme la bruja blanca

vela su sueño;

Cuando Ariel duerme una luna

enciende las copas de los árboles

y si aguzas el oído podrás escuchar

a las hadas haciendo su ronda nocturna

mientras los gatos hacen el amor

y el mar lame los lechos

donde las bellas durmientes esperan al Príncipe Sapo;

Cuando Ariel duerme los reyes

de las cascadas salvajes

abren las ventanas de las horas

con sus botones dorados y sus porcelanas chinas

para que los jardines de La Alhambra

acunen con su música los osos y los conejos;

Cuando Ariel duerme

Saturno conversa con las Tres Marías en voz baja

y los viejos amantes se dicen sus secretos

mientras la bruja blanca barre con su escoba

sonajeros mudos y trompos rotos

y una sonrisa juega en los ojos niños

donde un búho ha hecho su nido;

Cuando Ariel duerme el día vive en la noche

y un sol bosteza aviones, barcos y autos

al compás del tictac de un reloj escondido

donde los duendes hilan

la gracia y el aire,

una oración,

la risa.

 

   Magdalena

 

Su cuerpo tiembla.

En su sonrisa juega un ángel que cansado del cielo

bajó a su cuna y le acaricia las mejillas.

De vez en cuando despierta

aturdida por el galope de los caballos que cruzan su sueño.

Entonces abre sus ojos,

luego vuelvo a quedarme solo.

Permanezco a orillas de su mar

enjoyado en silencio.

 

(De “Candelabros”, El Jabalí, Grupo Editorial Agora, Buenos Aires, 1996. Daniel Chirom nació en 1955 en Buenos Aires, donde murió en 2008. Publicó “Crónica a Robledo Puch”, en 1975; “Los Atlantes”, en 1979; “La Diáspora”, en 1983; “El Hilo de Oro”, en 1989; “El ojo de los días”, en 2003, y “Manjar del exilio”, en 2005, publicado en Bogotá. Fue compilador de “Nueva Antología de la Poesía Argentina”, que se editó en 1980, obra que contó con prólogo de Raúl Gustavo Aguirre y estudio introductorio de Cristina Piña. Fue responsable de antologías de Wallace Stevens, Walt Whitman, Raúl Gustavo Aguirre y Edgar Bayley, publicadas por el Centro Editor de América Latina. “Candelabros” ganó el Premio de Poesía Fundación Inca, en 1994).

 

 

   SALVATORE QUASIMODO

 

   Compañero

 

No sé qué luz me despiertas:

nupcial elipse de blanco y de celeste

cae y en mí se derrumba. Tú eres,

tocándome, beato nacimiento

y en los silencios aúnas figuras de la infancia:

dulcísimos ojos de oveja traspasada,

un perro que me mataron,

y fue un compañero feo y áspero

con escápulas secas.

 

Y yo amaba a aquel niño

más que a nadie; diestro

jugando a la rayuela y a la billarda

y tácito siempre y sin sonrisa.

 

Crecíamos a la vista de altos cielos

corriendo tierras y vapores de planetas:

misteriosos viajes a la luz de una lámpara,

y el tardo sueño me encerraba absorto.

 

 

   Caballos de luna y de volcanes

 

                                                           A mi hija

 

Islas en que viví,

verdes sobre mares inmóviles.

 

De algas abrasadas, de fósiles marinos,

las playas donde corren en amor

caballos de luna y de volcanes.

 

En el tiempo de los desmoronamientos,

las hojas, las grullas asaltan el aire:

con luz de aluvión resplandecen

cielos densos abiertos a las estrellas;

las palomas vuelan

de los hombros desnudos de los niños.

 

Aquí termina la tierra:

con fatiga y con sangre

me hago una prisión.

 

Por ti tendré que arrojarme

a los pies de los poderosos,

suavizar mi corazón de bandolero.

 

Mas expulsado por los hombres,

en el rayo de luz yazgo todavía,

infante de manos abiertas,

a orillas de árboles y ríos:

 

allá la latomía al naranjo griego

fecunda para las bodas de los dioses.

 

(De “Todos los poemas”, versión y notas de Leopoldo Di Leo, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1976. Salvatore Quasimodo nació en Módica, sur de Sicilia, Italia, en 1901, y murió en Napoles, en 1968. Publicó por primera vez poesía en 1930, en la revista “Solaria”. Fue una selección de textos reunidos bajo el título “Aguas y tierras”. Siguieron “Oboe sumergido”, en 1932, “Erato y Apolión”, en 1936; “Y de repente la noche”, en 1942; “La vida no es sueño”, en 1949; “La tierra incomparable”, en 1958; y “Dar y tener”, en 1966. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1959. Su discurso de aceptación, así como ensayos y otros textos, fueron reunidos en “El poeta y el político”, publicado en 1960).

 

 

   EUNICE ODIO

 

   Corazón con parque y niños

 

Ángeles de cuatro sílabas

llevaba tu corazón;

 

en el parque lo dejaron,

suma de arribo,

temblor,

 

contracielo del estanque,

agua que nunca llegó.

 

Ahora, cuando los niños

dibujan con tiza el mundo,

 

y llueven sobre la gente

campanadas de crepúaculo,

 

tu corazón, a la sombra,

consulta los silabarios,

 

lleno de pecho y de humo.

 

(De “Anillo de silencio, Centroamérica en la Poesía”, con selección y prólogo de Jorge Boccanera, Ediciones Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2009. Eunice Odio nació en San José de Costa Rica, en 1919, y murió en Ciudad de México, en 1974. Publicó, en 1948, “Los elementos terrestres”, obra con la que consiguió el Premio Centroamericano de Poesía. Siguieron, en 1953, “Zona en territorio del alba”; en 1957, “El tránsito de fuego”; en 1970, “El rastro de las mariposas”; en 1974, “Territorio del alba y otros poemas”; y en 1975, “Antología”).

 

    JUAN GELMAN

 

   Déjenla en paz

 

 

A la niña que cumplió dos años

le van a maltratar el saber.

Su sangre vuelve

del mar que es a su cristal

donde el temblor no fue elegido.

Cuando vendrá septiembre con

la sensación de nubes blancas

en extremos del ser.

Niña que deberás sacarte clavos

que te ajenizan el deseo,

nadie traiga a tu cuna

fuegos borrados.

 

(De “de atrásalante en su porfía”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2009. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930, y murió en Ciudad de México, en 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía" y “Hoy”. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco. Después de su fallecimiento se publicó en México “amaramara”).

 

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