• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Sigue latiendo (II)

 

 

   MARÍA E. GRAVINA TELECHEA

 

 

   Ocho de noviembre

   Carta

 

un terremoto quiero

o en un amante mío

que te transforme el sol

como fuiste una vez y las estrellas

 

te tengo que tomar de alguna forma

 

hoy beso tus ridículos

y beso tus miserias

y beso tus huidas cotidianas

y lloro insulto y amo

y quiero

no sólo tu verdad que me estremece

sino todos tus grises   tus puntos suspensivos

 

nunca nadie me desamó tan duro hasta los huesos

 

 

   Carta de octubre al empezar

 

estrellas de

dejarte dormido y los huesos molidos de haber amado

tú con tu equipaje de estaturas

yo como perpleja inmóvil retrocedida absurda

y todas las alas del mundo

pero por sobre todo

las de las victorias

 

no escribo más

porque te quiero a ti

no a las palabras

 

(De “Cuarenta años de poesía en el Premio Casa de las Américas, 1959-1999”, con selección y notas de Caridad Tamayo Fernández y prólogo de Roberto Fernández Retamar, Poesía Hiperión, Madrid, 1999. María E. Gravina Telechea nació en Montevideo en 1939. Estudió Humanidades pero debió ir al exilio en Chile, por la dictadura militar que imperaba en su país. Posteriormente vivió en Cuba. En poesía publicó ”Lázaro vuela rojo” y “Con Violetas para un día”. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1979).

 

    ALEJANDRA PIZARNIK

 

    Presencia

 

 

tu voz

en este no poder salirse las cosas

de mi mirada

ellas me desposeen

hacen de mí un barco sobre un río de piedras

si no es tu voz

lluvia sola en mi silencio de fiebres

tú me desatas los ojos

y por favor

que me hables

siempre

 

 

   Encuentro

 

Alguien entra en el silencio y me abandona.

Ahora la soledad no está sola.

Tú hablas como la noche.

Te anuncias como la sed.

 

 

   Sentido de su ausencia

 

si yo me atrevo

a mirar y a decir

es por su sombra

unida tan suave

a mi nombre

allá lejos

en la lluvia

en mi memoria

por su rostro

que ardiendo en mi poema

dispersa hermosamente

un perfume

a amado rostro desaparecido

 

 

   Dos

 

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti

me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor.

 

--

 

sólo la sed

el silencio

ningún encuentro

cuídate de mí amor mío

cuídate de la silenciosa en el desierto

de la viajera con el vaso vacío

y de la sombra de su sombra

 

 

   Amantes

 

una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío

 

(Los tres primeros poemas son de “Obras completas, poesía & prosa”, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1990. Los tres siguientes son de “Poemas”, con selección y prólogo de Alejandro Fontenla, Capítulo, Biblioteca Argentina Fundamental, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982. Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, en 1936, y murió en la misma ciudad, en 1972. Publicó por primera vez en 1955, “La tierra más ajena”. Siguieron “La última inocencia”, 1956; “Las aventuras perdidas”, 1958; “Árbol de diana”, 1962; “Los trabajos y las noches”, 1965; “Extracción de la piedra de locura”, 1968; “El infierno musical”, 1971; “Texto de sombra y últimos poemas”, edición póstuma, de 1982. En prosa, publicó “La condesa sangrienta”, en 1971. Estaba hospitalizada en 1972, por padecer depresión. Se quitó la vida ingiriendo barbitúricos, durante un permiso de salida).

 

 

   ISAAC FELIPE AZOFEIFA

   

   b

 

Hoy no has venido al parque.

Podría ponerme a recoger del suelo

la luz desorientada y sin objeto

que ha caído en tu banco.

Para qué voy a hablar

si no está tu silencio.

Para qué he de mirar sin tu mirada.

Y este reloj del corazón que espera

golpeando

y doliendo.

 

 

   c

 

Esta noche de luna y tú lejana.

Necesito a mi lado tus preguntas.

Y encontrarte en el aire vuelta brasa,

vuelta una llama dulce,

vuelta silencio y regazo,

vuelta noche y reposo, como cuando

guiábamos la luna nuestra hasta la casa.

 

 

   ch

 

Qué manojo de rosas olvidadas.

Qué tibia pluma y mansa luz

tu cuerpo como un árbol,

como un árbol gritando,

con tanto poro abierto, con tanta sangre

en olas dulces elevándose.

Oh, sagrado torrente del naufragio.

Cómo amaría perderme

y encontrarte.

 

 

   VI

 

¿Tú me dejas aquí o partes conmigo?

¿Estoy dentro de ti o es que me llamas?

¿Vives única en mí o encuentro el mundo en ti,

contigo?

El orden de las cosas en que te amo,

¿dónde empieza o acaba?

Ahora está el silencio aposentado

en la rosa del aire

y un árbol cerca trina entre los pájaros

para asombrar tu sueño, ¿o es mi sueño?

¿Es esta una prisión o acaso el vasto cielo

empieza aquí donde tus pies

tocan juntos la tierra, o es la luna?

De pronto entro en la luz en que ya habito

y mis ojos se encuentran con tu frente.

Busco salir de ti y te llevo dentro

de mí, sin encontrarte.

Sin cómo, dónde o cuándo.

Ciego en la luz con mi mirada abierta

a tanta multitud de ti que ando

extraviado en la noche en la mitad del día.

 

 

(De “Veinticuatro poetas latinoamericanos”, selección y prólogo de Francisco Serrano, antología de poesía para nuevos lectores coordinada por el CERLALC, editor responsable CIDCLI, México, Ciudad de México, 1997. Isaac Felipe Azafeifa nació en Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, en 1909, y murió en San José, en 1997. Vivió su juventud en Chile, donde se registran sus primeras actividades literarias. Regresó a su país en 1935, y dos años después publicó su primer libro de poemas, “El viejo liceo”. Fue también crítico literario y docente y se dedicó a la actividad política).

 

 

   THELMA NAVA

 

   Casi el verano

Yo no digo que el sol, inaprehensible sueño de mi piel,
entabla una demanda amorosa contra el latido del día.
Digo solamente que mi amor es un gajo desnudo
que se cubre con hojas de ruibarbo y jazmines
embotellados.
Mi amor está desnudo y ha empezado a tatuar corazones
en el viento,
iconoclastas corazones dispensadores de azules albas.

Nunca la música ha cabalgado en potros más esbeltos.
Los antiguos pavorreales del verano han empezado
a mirarse desplegando sus arpas de colores.

A la luz del verano, salta, canta corazón.
El aire quiere dormirse junto a tu boca.
Tu corazón es una maquinaria secreta que me traga.
La lluvia nos conduce de la mano hasta el pan tierno de
su abrazo.
A sus puertas estamos. Sobrecogidos y aromados.

La mañana no quiere parecerse a ninguna.
En el viento cercano una lágrima tiembla.
La niña ciega alcanza el sueño de la abeja.
En tanto que nosotros transcurrimos.

 

(De "Poesía en Movimiento", México 1915-1966, con prólogo de Octavio Paz y selección y notas de Octavio Paz, Alí Chumancero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis. Siglo XXI Editores, Ciudad de México, 1998. Thelma Nava nació en Ciudad de México en 1931. Comenzó a publicar poesía en 1957, con "Aquí te guardo yo". Poemas suyos fueron integrados a varias antologías mexicanas e internacionales, y recibió premios diversos. Integró jurados de concursos literarios de México y otros países).

 

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