• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
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  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Los poetas de la Senda

 

   Carmina Casala

 

 

   Poema VI

 

Porque hay veces

que nos transita un astro de cenizas

y nos miente un sueño

que seduce y ahoga,

en el desorden mismo de la sangre.

Porque hay veces

que nos deja vencidos

el parto de la estrella

y una lágrima inútil nos sorprende

con el pecho apretado,

rompiendo contra el cuerpo

la suerte inexorable

de ser hombres.

Porque hay veces, y lunas y minutos

que nos vierten hacia dentro los eclipses

y nos dejas oscuros,

sin armas ni silencios

para desentrañarnos.

Porque hay veces

que se puede suicidar el rostro en los espejos

sin que se altere el pulso de la rosa.

Las alas sin usar.

La avenida sin manos…

a lo lejos.

 

 

   Tomás Díaz

 

   A los proselitistas

 

Vayamos al grano:

a ustedes no les interesa viajar en caparazón de tortuga por las

               llanuras pedregosas del Sahara

y yo no quiero su producto

no me interesa

eso de la vida eterna en un paraíso que según su propia

descripción encajaría perfectamente en una casa de lenocidio con todo gratis

y tampoco quiero hacer penitencia

porque estoy muy a gusto con la mayoría de mis pecados

y pienso seguir disfrutando de ellos para ponerle un poquito de

chispa a esta vida extraña tan monocorde que nos toca vivir por ahora

sobre todo lo demás

incluido ese cuento tan colorista sobre el fin del mundo en el que

reconozco mérito literario

poco tengo que decir

excepto insistirles en que me compren un corazón de tortuga

porque verán

en realidad es todoterreno

y también sirve para llevarles por las cumbres heladas de los

montes Urales

y si pagan por adelantado y firman un contrato de mantenimiento

hasta lo más profundo de la fosa séptica.

 

 

 

   María Fraguas

 

   De Pasión que Florece

 

No nací en una ribera del Arauca vibrador

fui niña bien de padres vencedores

en bahía del Norte donde los tamarindos

siguen levantando el acta precisa de los días y las noches.

Me formaron mil mentes de tatas y tutores

y nadie me educó sino yo misma:

soledad compensada en libros de aventuras.

Navarra Villoslada a la luz del carburo,

que impregnaba también la mecha enjuta de la melancolía.

¡Qué magma de prejuicios conseguí sacudir de mis espaldas!

¡Cuánto papanatismo!

¡Qué significativa falta de cultura

y mantos de antañones maleficios!

Niñita fui por mucho, mucho tiempo,

Finales de cristal me protegían…

Niña niña, niña cosa, niña pava, niña esposa,

niña madre, niña amante, niña inerte, niña muerte

o simplemente niña cataléptica…

Niña al fin que nunca mujer fui, sino para romperme

después de mil pedazos que jamás he conseguido reunir.

Hoy vivo vigilante del amor que germina por mi entorno

que de pasión florece, de juventud crece

y grita sus vivencias aún desde el silencio…

Revolución, ternura, tormentas incruentas…

Vida que amando y recreando la función del lenguaje

consigue suspirar en poesía.

 

 

   Rodrigo Galarza

 

 

   Carta a Miguel Hernández

 

Lloverá por fin, viejo amigo

y ya no habrá huesos que no blanqueen su verdad

 

ya no ardes en esperanza porque la última sílaba se enfrió en tu boca

con el fulgor de un jazmín extinguido desde antes,

pero la lluvia traerá de nuevo

tu desnudez abierta a las estrellas

y silenciosos sobre tu pecho

los fusiles desatarán la soñada tormenta de pólvora,

tu pecho horadado por horas impías: pastor de mansedumbres

altivo trashumante de colinas donde solo la hierba

daba testimonio de lo que fue escrito con sangre

 

Lloverá por fin, viejo amigo

dicho será lo que decían tus vísceras

que desorientaban a los augures de capa y espada

a los que bebían vinos feudales y les desesperaba

tu hermandad del humus con las nubes

 

Lloverá por fin, recóndito amigo

y quizá al fin pueda darte un breve abrazo

transparente y liviano como una libélula,

como el fulgor de un jazmín

habitando nuestras manos

 

(De “Los Poetas de la Senda, Selección Natural. Muestra Internacional de Poesía Contemporánea 1958-2013”, con ilustraciones de Mar Lozano y edición de Chema Rubio. Obra coordinada por “opera prima”, Madrid, 2014. Como expresó el editor Chema Rubio en la presentación, el libro “es una selección de poesía mundial recogida durante cuatro años”, iniciada tras el homenaje por el centenario de Miguel Hernández, en 2010. La “selección” o muestra, como prefiere llamar el editor al conjunto de poemas, que no antología, parte como se dijo del homenaje a Hernández, y evoca la senda que se recorre en su honor, y a la vez fue concebida también en honor al artista español Julio Álvarez, “lector voraz” de poesía y quien murió cuando Rubio ya había comenzado a trabajar en el proyecto del libro. Carmina Casala nació en Guadalajara, España. Promotora cultural, organizadora de encuentros y recitales de poesía y actividades teatrales, obtuvo numerosos premios, como el Carilda Oliver Labra, el Rafael Morales y el Marco Fabio Quintiliano. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías. Tomás Díaz nació en Madrid, se especializó en energías renovables y fue colaborador de medios periodísticos. Fue cofundador del grupo de poesía de la Academia de Letras y Arte Libre de San Antón. María Fraguas nació en San Sebastián, se graduó en comunicación y trabajó como promotora cultural. Además de poeta, es ensayista y novelista. Rodrigo Galarza es argentino, nació en 1972. Fue cofundador del grupo literario Pájaro de Tinta y director de la revista literaria homónima. Además de la publicación de libros propios, poemas suyos fueron integrados a antologías).

 

 

   Raquel Lanseros

 

   Yago Bazal se deja ver dos horas

 

          La luna nueva late dentro del corazón

de un hombre declarado clandestino.

Es una noche oscura como un crimen.

Yago Bazal avanza monte abajo

entre sombras azules que susurran su historia.

 

Porque los ideales se volvieron ceniza

hace tiempo que Yago no hace fuego.

Así,

va dejando jirones de sus mejores sueños

en las plateadas jaras

a su paso.

Lo recuerda muy bien.

 

Un búho reconoce el rostro tenso

a veces decidido a rebelarse

contra quienes lo excluyen de los seres humanos

aunque otras veces también muestra, de pronto,

el cansancio plomizo y demacrado

de una lucha sin plazo.

 

Hay pocos camaradas

y mucha escarcha rota.

 

No es la palabra frío la que agrieta la cara

ni amorata los dedos en las botas deshechas.

Es el frío de verdad.

Es el frío espeso

de esta primera Navidad después de la derrota

pegándosele al cuerpo igual que una serpiente.

 

          En la guerra Yago había odiado las palabras.

Podía notar el pulso

tibio como la tierra

en las letras de sangre.

Sin embargo, ahora sabe

que no son las palabras quienes matan.

 

          Cada letra es un pez en el océano,

un árbol florecido,

pero hay labios que usan las palabras

como se usa una ametralladora.

Fuera se han encendido

las farolas ausentes de la calle.

Mientras,

suspira muy despacio.

El frío le acompaña como entonces.

Se cierra bien los ojos fatigados

Yago se puede ver

trepando el muro de su propia huerta

acallando a sus perros

penetrando furtivo en su mísera casa

de trigo húmedo y ajo.

Aún puede oír el sollozo desvalido

de la mujer que ama

al verlo tan delgado y polvoriento.

 

Todas las noches Yago vuelve a huir monte arriba

con pocas previsiones y un beso triste quemándole los labios

con los ojos perdidos de los hombres

cuyo futuro ha sido demolido.

 

Todos nosotros somos ahora y para siempre

las pisadas de Yago contra la piedra helada,

yo soy el pan callado de aquella Nochebuena,

tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse.

 

Y hoy es mil novecientos treinta y nueve.

 

 

   Javier Payeras

 

   poesía incompleta

 

somos el cuchillo sangriento

bajo la pelota radiante

unos charlatanes condecorados

unos condones rotos

unos zapatos sucios

la eme amarilla

la danza del venado y el

whisky

menos que un morfema

fonema                  punto

una araña

un minuto

 

la España equivocada

el dolor en la cancha

el toillet del mundo

la uretra de américa

 

somos los escombros

somos la herencia

somos la posguerra

 

 

   Alicia Quiñones

 

   (1)

   Cuarteto para sombras

 

Tengo todas las dudas en mis labios

y en los jazmines de mi infancia.

El amor –que juega en estas manos-

se detuvo en un sillón:

se hizo medialuna.

Gira triste.

Lejos y tangente.

Se convirtió en pianos que mueren de silencio.

Se convirtió en dioses que no escuchan sinfonías:

donde niños con su paso rápido deslizan su tristeza,

la olvidan,

caminan,

continúan como brillo que muere, renace y se vuelca transparente;

aves tornasol cuyo vuelo rompe el viento del verano.

Tu cuerpo, el mío:

adolescentes perseguidos por las luces,

libélulas que derrumbadas toman vuelo para consumirse

como fuego y llanto en medio del idilio

del otoño.

El amor se transformó en un cuarteto para sombras,

donde estás de pie con los siglos corriendo por la sangre:

                                                           Siglos mundos

                                                           Siglos luces

                                                           Siglos hombres

                                                           Siglos agua

No me importa el norte o sur de su siglo:

con el ritmo entre mis brazos

voy por tu cuerpo transparente como por el mundo.

Voy por tu pecho como en arco iris

con el sonido de sombras,

que huye,

es espuma,

se consume,

aparece y camina lenta hacia tu oído.

Viajo hasta tu rostro

-orquestas de nombres misteriosos-

en un tren sentada junto a un ángel;

en las ventanas el reflejo de tus hombres

que miran el espejo más grande de este mundo:

aquella isla creída punto cardinal, agua y hielo,

reflejo de las risas.

Olas.

Continúo por tus voces y me convierto en ángel.

Miro los rostros de tus hombres bajo las lloviznas.

El agua se hace dimensión sobre tu cuerpo

y recuerdas.

Despierto.

Te miro después.

A mis oídos llega

el cuarteto para sombras:

deseos musicales de un dios que al caminar se enamoró de tu silencio.

El invierno hace agua;

nosotros: países de sonidos;

los cellos rotos: ecos;

las jacarandas: bocas y sonidos:

redes violetas que esperan la melancolía de una mujer y un hombre

para mostrarles la música del viaje.

Somos, entonces…

dioses enamorados.

Lo somos.

A veces.

Ahí: entre la niebla y la noche,

cuando a lo lejos, más lejos cada vez,

se escucha el cuarteto para sombras.

 

(Del libro ya citado. Raquel Lanseros nació en Cádiz, en 1973. Recibió, entre otros reconocimientos, el premio Unicaja de Poesía y el Antonio Machado, en Baeza. Es licenciada en filología inglesa y, además de obras propias, poemas suyos fueron integrados a varias antologías y traducidos al francés, inglés e italiano. Javier Payeras nació en Guatemala, en 1974. Es promotor cultural y, además de poeta, es narrador. Alicia Quiñones nació en México, en 1982. Además de poeta es fotógrafa y crítica de teatro. Publica artículos en diarios y revistas).

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