• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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  • @TISHA77
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  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Asidos a la tierra (II)

 

   JORGE DEBRAVO

 

    Los amantes

 

Son grandes, venturosos, como hechos de luna en

medio de la noche.

Arden como maderas. Destilan un agua fresca y

deliciosa, como la savia de los grandes árboles.

No parecen llegar de las rocas terrestres: los

imaginamos brotados de las cuevas más salvajes y

profundas. O salidos tal vez de un foso oceánico

donde han aprendido de las sirenas el arte del abrazo

hasta lograr que los brazos se transformen en culebras.

Si no tuvieran nombres como nosotros, no los

creeríamos humanos. Los pensaríamos habitantes de

estrellas desconocidas, de planetas de trigo.

Entre la sombra se confunden, a veces, con los

dioses. Resbalan y se asustan como animales, que es

otra manera de parecerse a los dioses.

No osan la palabra: usan el gemido y el arrullo. Las

palabras más cortas de la tierra y más palabras, sin

embargo.

Cuando regrese a casa le pediré a la Muerte que no

venga por ellos. Bello sería que los dejara libres para

siempre y que salieran a la calle enlazados, como

profetas de un rito vegetal y poderoso.

Nosotros les cantaríamos canciones de alegría y les

pondríamos collares de hojas frescas. Grandes collares

que les sirvieran como almohadas cuando se hallaren

sin almohadas en algún sitio amargo de la tierra.

 

 

   Poema de amor inevitable

 

Tú llegaste a mi alma cuando estaba olvidada:

las puertas desprendidas, las sillas en reguero,

las cortinas caídas, la cama descuajada,

la tristeza cuidada lo mismo que un florero.

Con tus manos pequeñas de mujer trabajosa

fuiste poniendo todas las cosas en hilera:

la mirada en su sitio, en su sitio la rosa

en su sitio la vida, en su sitio la estera.

Lavaste las paredes con un trapo mojado

en tu clara alegría, en tu fresca ternura,

colocaste la radio en el sitio apropiado

y limpiaste la alcoba de sangre y basura.

Acomodaste todos los libros dispersos

y tendiste la cama en tu enorme mirada

encendiste los pobres bombillos apagados

y enceraste sus pisos de madera gastadas.

Fuiste de pronto enorme, ancha, potente, fuerte:

sudaste altas fatigas lavando trastos viejos.

Supiste que en mi alma de sobra era la muerte

y la tiraste al huerto con pedazos de espejos.

 

 

   Los anudados

 

Por entre almohadas, sábanas, ropas torcidas,

navegan; bracean sudorosos, a brazadas enormes, como

náufragos locos.

No saben adonde van, pero navegan; ruedan hacia

cualquier islote en medio de la noche.

Una hoguera azulada los llama como un faro: hacia

ella se lanzan bebiendo a grandes tragos el jugo de la

vida que se encuentra al paso como si les quedara

una hora de vida nada más en la tierra.

Y a veces no navegan: de pronto sueñan, creen que

son tierra madura y se aran. Uno al otro se aran

como verdadero arados lujuriosos. Se riegan con

sudor como si fueran agua fertilizante y buena.

Hacen girar las manos como turbinas; tiemblan, se

vuelven casi líquidos y se siembran atormentadas

semillas de esperanza.

Y se duermen vencidos, soñando que son árboles

todos cuajados de manzanas maduras y que el viento

los mece y se lleva su olor grande, carnal. Su gran

olor a fruto y a cosecha.

 

(De “Nell’imminenza del giorno, traduzione 2007-2013”, con traducción y notas de Tomaso Pieragnolo, libro electrónico disponible en http://www.larecherche.it. Esta antología de poetas latinoamericanos y españoles incluye a Jorge Debravo, Eunice Odio, Mía Gallegos, Alfonso Chase, Laureano Albán, Julieta Dobles, Carmen Naranjo, Carlos Trujillo, Juan Carlos Mestre, José Emilio Pacheco, Omar Lara, Rubén Bonifaz Muño, Claribel Alegría, Vicente Aleixandre, Roberto Friol, Pablo Neruda, Gioconda Belli, José Carlos Becerra e Isabel Fraire. Jorge Debravo nació en Turrialba, Costa Rica, en 1938, y murió en San José, en 1967. Parte de una familia de campesinos humildes, debió trabajar desde muy niño para ayudarla, y aprendió a leer y a escribir por sí mismo, hasta que pudo encaminar su escolarización recién a los 14 años. Y aunque la pobreza lo obligó más adelante a abandonar estudios, comenzó a publicar poesía en un periódico de su pueblo, donde fundó el Círculo de Poetas Turrialbeños cuando tenía 21 años. Se casó, tuvo dos hijos y mientras trabajaba a destajo completó sus estudios secundarios y leyó intensamente poesía. Su origen y las circunstancias de su vida mantuvieron a su poesía cerca de los trabajadores, con referencias a los problemas sociales y al sufrimiento de los pueblos, como el belicismo. Su muerte prematura se debió a un accidente de tránsito. Así, fue póstuma la publicación de algunas de sus obras, como “Los despiertos”, en 1972, y “Guerrilleros”, en 1987).

 

 

   EUNICE ODIO

 

   Aprisionada por la espuma

  

   I

 

Aprisionada en cárceles de espuma,

en la medida de tu cuerpo,

no veo pasar la noche,

sólo veo el día

que entra por tus axilas transparentes

y te desnuda.

 

Veo, amor mío,

el lecho donde estamos

y compartimos

las dádivas,

los cielos...

Todo lo que nos negó y afirmó como lo que somos:

mil años de alegría corporal

y materia sin sombra

y palabras

que se dicen diurnamente porque vienen del aire

y hay que oírlas y decirlas

a través de los árboles

y en lo que no se escribe porque aún no se inventa su

nombre;

porque su júbilo

todavía no ha sido descubierto

y las flores de su alrededor

aún no son cosas del viento

(aún no han ido a un invierno ni regresado

a la primavera).

 

 

   II

 

Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,

igual que van los ríos a los pájaros

y ellos al espacio desatado y florido.

 

Vengo de ti a la era

donde todo es de todos:

los que llegan, los que se han ido,

los que aún no han venido,

los que no volverán...

 

Porque eso es tu cuerpo:

un adentro, un afuera compartido

por mí y por el viento,

por el mar y los seres que lo guardan;

por el color y las embestidas del otoño,

y las andanzas del verano

que viste cosas silvestres

y es custodio de las abejas

y funde las hierbas en un crisol matutino,

en una prolongación de azucenas.

 

(De la obra ya citada. Eunice Odio nació en San José, en 1919, y murió en la Ciudad de México, en 1974. Acompañó sus estudios con lectura intensa y, con avidez de conocimiento, viajó siendo muy joven por varios países de la región y Estados Unidos. Los poemas de su primera etapa como escritora fueron leídos por radio y publicados en varios periódicos. En 1947 viajó a Guatemala a recibir un premio de poesía y se radicó en ese país, tras lo cual se radicó en México, donde realizó traducciones, publicó cuentos y ensayos y trabajó en periodismo. Se pronunció en contra de Fidel Castro y la Revolución cubana, lo que motivó críticas hacia ella de la izquierda mexicana. En poesía publicó “Los elementos terrestres”, en 1948, “Zona en territorio del alba”, en 1953; “El rastro de las mariposas”, en 1970; “Territorio del alba y otros poemas”, en 1974; y “Eunice Odio, antología”, en 1975).

 

 

   CLARIBEL ALEGRÍA

 

    Octubre

 

Octubre es el otoño en su esplendor

es el mes en que sale

el jabalí a cazar

mientras despeina el aire

a los árboles rojos

amarillos.

Octubre es la estación

de los crepúsculos

del amor entregado

de la nostalgia invadiendo

la alegría.

Es el mes de las viñas

de los sueños que arropan

envueltos en la llovizna

de esa cita sin tregua

que en un recodo verde del camino

concerté con la tierra.

 

 

   Dame tu mano

 

                                       "Hoy me gusta la vida mucho menos

                                                           pero siempre me gusta vivir...”

                                                           César Vallejo

 

 

Dame tu mano

amor

no dejes que me hunda

en la tristeza.

Ya mi cuerpo aprendió

el dolor de tu ausencia

y a pesar de los golpes

quiere seguir viviendo.

No te alejes

amor

encuéntrame en el sueño

defiende tu memoria

mi memoria de ti

que no quiero extraviar.

Somos la voz

y el eco

el espejo

y el rostro

dame tu mano

espera

debo ajustar mi cuerpo

hasta alcanzarte.

 

(De la obra ya citada. Claribel Alegría nació en Estelí, Nicaragua, en 1924. De madre salvadoreña, vivió durante la niñez en Santa Ana, El Salvador, donde presenció la masacre de miles de campesinos e indígenas. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad George Washington. Entabló relación con Juan Ramón Jiménez, quien apoyó y orientó su escritura. En sus actividades literarias, que incluyen la narración, el ensayo y la traducción, se mantuvo comprometida con la realidad. Recibió infinidad de reconocimientos, entre ellos el premio Casa de las Américas, en 1978, por su obra “Sobrevivo”. En 1948 publicó en México, en poesía, “Anillo de silencio”, título que posteriormente tomó el poeta argentino Jorge Boccanera para una antología de poesía centroamericana editada en Buenos Aires. Libros suyos fueron publicados en gran cantidad de países, especialmente México. También en España y Holanda, entre otros).

 

 

   JOSÉ CARLOS BECERRA

 

   El otoño recorre las islas

 

A veces tu ausencia forma parte de mi mirada,

mis manos contienen la lejanía de las tuyas

y el otoño es la única postura que mi frente puede tomar

     para pensar en ti.

A veces te descubro en el rostro que no tuviste y en la aparición

     que no merecías,

a veces es una calle al anochecer donde no habremos ya de volver a

     citarnos,

mientras el tiempo transcurre entre un movimiento de mi corazón

     y un movimiento de la noche.

A veces tu ausencia aparece lentamente en mi sonrisa igual que

     una mancha de aceite en el agua,

y es la hora de encender ciertas luces

y caminar por la casa

evitando el estallido de ciertos rincones.

En tus ojos hay barcas amarradas, pero yo ya no habré de soltarlas,

en tu pecho hubo tardes que al final del verano

todavía miré encenderse.

Y éstas son aún mis reuniones contigo,

el deshielo que en la noche

deshace tu máscara y la pierde.

 

(De la obra ya citada. José Carlos Becerra nació en Villahermosa, Tabasco, México, en 1936, y murió en Brindisi, Italia, en 1970. Cuando tenía 18 años comenzó a publicar cuentos y artículos en periódicos de Villahermosa, y muy pronto recibió reconocimientos. En 1966 comenzó a publicar sus obras y fue incluido en la antología “Poesía joven de México”. Obtuvo posteriormente la beca de la Fundación Guggenheim, viajó a Nueva York y luego a Europa, donde recorrió varios países. Su muerte se debió a un accidente de tránsito).

 

 

   ISABEL FRAIRE

 

   Día de verano

 

Día de verano

hilo de araña plateado meciéndose

puente delgado y tenso

contra un azul profundo blancas nubes

verde claro e intenso contrastado con sombras

pasó la primavera se aproxima el invierno

vuela un pájaro un ladrido se oye en la distancia

mientras el sol

aquí calienta

nada por ahora se mueve

el hilo de la araña se destaca meciéndose

frágil

resistente

tendido

de lo oscuro a lo oscuro.

 

(De la obra ya citada. Isabel Fraire nació en Ciudad de México en 1934. Su obra “Poemas en el regazo de la muerte” obtuvo, en 1978, el premio Xavier Villaurrutia. “Isabel Fraire, Poemas”, edición bilingüe, fue publicado en Ohio, en 1975. Se especializó en la traducción de poetas en lengua inglesa, como Pound, Eliot, Stevens, Cummings y W. C. Williams, entre otros. En 1997 se publicó en México su “Poesía reunida”. Está radicada en Nueva York).

 

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