• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Palabra de América (II)

 

   Los poemas que se publican a continuación pertenecen a poetas latinoamericanos que ganaron el Premio Casa de las Américas, que se otorga en Cuba.

 

 

   CARLOS PATIÑO

 

   Para ganar el pan

 

el poeta no

encuentra

el poema en el aire y lo caza

el poema no es un pájaro / el poeta no

recibe visitas clandestinas de números graciosos

que se instalan en su egregia cabeza

iluminándola / el poeta es

como un viejo minero solitario y muy terco

que arrastrando su mula

penetra cada día al socavón pico pala esperanza

golpe a golpe a la piedra tras la eterna quimera

e igual que los mineros

son muy pocos los que dan con la dorada veta / pero

una vez y otra vez pico pala esperanza

tras la eterna quimera

golpe y golpe a la piedra jornada tras jornada

pisoteando palabras el aire enrarecido

polvo sobre la frente

sudor lucha trabajo / el poeta es

como el viejo minero

que acostumbra morirse

abrazado a su mula a su pico a su pala.

 

 

   Armas llevar

 

Un arma sólo sirve para

matar /

si quiere ser honesta

un arma

debe ser ligera y acerada

porque

matar es siempre una desgracia

 

por eso un arma

si quiere ser honesta

no puede tener angelitos dorados

en el cargador

cachas de nácar

o dibujos festivos de ninguna índole

seca

austera

de pocas palabras

un arma

si quiere ser honesta

carecerá de toda fioritura:

 

matar no es una fiesta

 

 

   Otra ausencia

 

                                   Y si la felicidad no es esto de vivir contigo

                                                   dentro detigo, yo te prefiero a la felicidad.

 

                                                           Jorge Enrique Adoum

 

 

Como el barco que se ha ido separando del muelle

mientras caen los cables acerados y alaridan los marineros

-la nave rola, cabecea, toma su rumbo hacia nuevos destinos-

agrandando el hueco entre muelle y barco, barco y muelle;

el hueco

no solamente significa que se agrandó la distancia

que el agua está metida entre el barco y el muelle;

quiere decir que atrás quedó, en el hueco,

tu piel

entre otras cosas.

Quiere decir que como el barco que se ha ido separando del muelle

me separo de tu pelo en la almohada

de tu espalda

de tu mano en la mía

mientras la nave rola, cabecea,

toma su rumbo hacia nuevos destinos

crea el camino por donde yo en las noches

retrocedo para encontrarte

caminando sobre las aguas

para encontrarte

atravesando sombrías superficies y esqueletos piratas.

Por eso algunas noches sentirás como un viento

algo así como alas de gaviotas jugueteando en tus pechos

como voces lejanas, como música, llamándote, rodeándote.

 

Soy yo

que me separo del lugar en que estoy y no estás

soy yo

que me separo de mi cama vacía

soy yo

que me separo de este extraño no hallarte

como esa vez el barco se alejaba del muelle

            dejándote

                           y dejándome.

 

(De “Cuarenta años de poesía en el Premio Casa de las Américas, 1959-1999”, con selección y notas de Caridad Tamayo Fernández y prólogo de Roberto Fernández Retamar. Poesía Hiperión, Ediciones Hiperión, Madrid, 1998. Carlos Patiño, Premio Casa de las Américas 1990, nació en Buenos Aires, en 1934. También dramaturgo, ganó el primer premio del concurso de obras “Nuestra América”, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, México, donde estuvo exiliado desde 1976, cuando la dictadura cívico-militar asaltó el poder en Argentina, hasta 1985. En poesía publicó “Buenos aires por la cabeza”, en 1966; “Hombre de doce menos cuarto”, en 1969; “Retratos”, en 1975; “Ceremonia y otros desórdenes”, en 1985; “Esquinas silenciosas”, en 1990; y “Caderas, lejanías y diagonales”, en 2013. Murió en Buenos Aires, en 2013).

 

 

   JULIO PAZOS BARRERA

  

   El solitario

 

Juan Montalvo viaja por el sur de Colombia sin un centavo.

 

En su cafetera pone agua y panela,

sus manos frías son más seguras.

 

Volver a callar. Partir; en París el hambre no es menos hambre

   que en Barbacoas.

 

Juan Montalvo no gusta de las coristas,

no fuma ni bebe.

 

La ira le circula en las venas,

el insulto se le cuaja en la lengua,

pero a las diez de la mañana

busca los chaparros que se dejan en todo pueblo,

cruza sus manos sobre la frente y llora.

 

 

   Meditaciones de aves

 

Por esos caminos subimos;

nuestras alas aterciopelándose,

en turquesas nuestros ojos,

de coral los triformes patas; subimos para encontrarnos con el

   desfile de otros mundos; subimos para mirar

aljófar de las hoyas, cada luz es una casa.

 

En una conciencia colmada de niebla y astros,

y definida en soledad

crecen terciopelos, turquesas y corales voladores.

 

La tierra pone ante los ojos:

una mujer,

el agua de panela,

la sangre frita que puede ser una sorpresa,

el arroz blanco y sobre todo el peso de la vida,

el incesante, gozoso e inexplicable peso de la vida.

 

(Del libro ya citado. Julio Pazos Barrera nació en Baños, Ecuador, en 1944. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1982. Fue editor de la revista Letras del Ecuador. Comenzó a publicar poesía en 1963, con “Plegaria azul”. Siguieron, entre otras obras, “Entre las sombras las iluminaciones”, en 1977; “Oficios”, en 1984; “Contienda entre la vida y la muerte o personajes volando en un lienzo”, en 1985; “Constancias”, en 1993; y “El sabor de la memoria”, en 2008. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 1979).

 

 

 

   EDUARDO LANGAGNE

 

   Dispersiones

 

   I

 

ella tiene el pelo corto y su cara toma los más

despiadados amarillos, tensa las cuerdas pensando

en los guerreros que limpiaban su lanza en la

entraña enemiga.

luego canta con la seguridad de un pirata que ha

encontrado en su mapa el sitio exacto del tesoro.

 

 

   III

 

con la guitarra desgarramos nuestros odios, nuestros más

amorosos rencores: al cantar elegimos la manera de morir

permanecemos en la muerte.

 

 

 

   Números

 

   SEIS

 

y tú pensando que duerme el sustantivo

porque tropieza tu mirada en el poema

y lo observas escrito en el papel

y es más inofensivo que un alacrán sin cola

y no se ve la espuma que rabia por la boca

y lo arrinconas

en el sitio de las cosas desgastadas

 

entonces no puedes entender

si el sustantivo es hipócrita

o te faltó coraje para hacerlo vomitar

o si te mira con los ojos de animal desconocido

que te va carcomiendo poco a poco

o si ya te ha matado y tú aún no percibes

el olor desgarrado de tu entraña

 

 

   SIETE

 

las palabras no siempre llevan música

el poema puede nacer a deshoras

y chirriar como un rostro entre las llamas

-cuando mis manos te acarician

reproduce metáforas-

puede tener dientes firmes

y volverse salvaje

cuando un hombre una mujer se arrancan el pellejo

para juntar sus cuerpos más desnudos

 

 

   DIEZ

 

tal vez la muerte no regrese hoy a tus papeles

y no por eso olvidarás encontrarla cada noche

no por eso dejarás de asombrarte de sus pájaros

su sol atravesando la ventana

 

rompiendo los cristales

como si alguno la hubiera arrojado con rencor

 

(Del libro ya citado. Eduardo Langagne nació en México, en 1952. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1980. Fue cofundador de publicaciones y editoriales. Es también traductor y guionista de cine. Publicó, en poesía, “Crónica de la conquista de la nueva extraña”, en 1981; “Navegar es preciso”, en 1987; “Tabacalera”, en 1992; “Como calles estrechas”, en 1994; “Cantos por una exposición”, en 1995; y “XXX Sonetos”, en 1998. Ganó el Premio Nacional de Letras Gilberto Owen, en 1990, y el Premio de Poesía Aguascalientes, en 1994).

 

 

   HERNÁN MIRANDA

 

   Poema

 

Con viejas cartas encontradas al azar

Con fotografías infrarrojas tomadas desde el aire

Distinguirán campos de cultivo sepultados por la vegetación

Leves contornos de edificios y plazas públicas.

 

Y llegarán un día viejecillos de pantalones cortos

De ojos afiebrados

Llegarán con sus picotas, con sus cuerdas húmedas

A abrir zanjas, a buscarte.

 

Hurguetearán dentro de habitaciones recién desenterradas

Pasarán por el harnero oscuras arenas.

Harán indagaciones todo el día por el lugar.

Y alguien ha de contar leyendas acerca de un hombre

Parado en una esquina

Con los ojos fijos en una ventana cerrada

Y tiritando de frío al amanecer.

 

 

   Insectario

 

Yo me enamoré una vez de una muchacha maravillosa

Y los dos preferíamos los vanos de las puertas

Los rincones más oscuros de los cines

De las plazas públicas.

Huíamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad

Y esperábamos la noche

Y apagábamos todas las luces para hacernos el amor.

Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo

Centímetro a centímetro

Como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.

Y ella tenaz

Y laboriosa como ninguna

Tejía y destejía su tela sobre mis labios.

Un días nos equivocaríamos de grieta

O la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones

Y nos perdimos de vista entre la multitud.

De ese tiempo

Mi sensación de llevar antenas en la frente

Y los ojso facetados.

De ese tiempo

Mis pestañas sensibles a la luz del sol

Y mi forma de andar

De insecto extraviado entre los hombres.

 

(Del libro ya citado. Hernán Miranda nació en Quillota, Región de Valparaíso, Chile, en 1941. Ganó el Premio Casa de las Américas en 1976. Obtuvo, en 1969, el premio del concurso literario de la Federación de Estudiantes de su país. Su primera publicación de poesía fue en una antología de 1963, “Cuba sí. Poetas chilenos cantan a la Revolución Cubana”. En 1970 publicó “Arte de Vaticinar”, seguido, entre otros, por “Versos para quien conmigo va”, en 1986; “Sonetos”, en 1992; “Anna Pink y otros poemas”, en 2000; “Viajes inconclusos”, en 2010; “Bar abierto”, en 2014. Luchó contra la dictadura del genocida Augusto Pinochet, que detentó el poder entre 1973 y 1990. En 1984, durante ese período de terrorismo de Estado, realizó junto con otros dos poetas, Enrique Lihn y Nicanor Parra, una acción de protesta singular y osada, cuando se internó en el Parque Metropolitano de Santiago vestido de oficinista, junto con un escritorio y una máquina de escribir. Lihn vociferaba “el hombre es el único animal que usa lentes oscuros”, mientras Parra vigilaba por si llegaba la policía).

 

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