• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Palabra de América

 

   Los poemas que se publican a continuación pertenecen a poetas latinoamericanos que ganaron el Premio Casa de las Américas, con un matiz en el caso de Lourdes Casal, quien murió cuando el jurado ya había decidido adjudicarle el galardón. Así, el reconocimiento que se le otorgó recibió el nombre de “Premio Homenaje”, único en su tipo en toda la historia del concurso.

 

 

    LOURDES CASAL

  

   Definición

 

Exilio

es vivir donde no existe casa alguna

en la que hayamos sido niños;

donde no hay ratas en los patios

ni almidonadas solteronas

tejiendo tras las celosías.

Estar

quizás ya sin remedio

en donde no es posible

que al cruzar una calle nos asalte

el recuerdo de cómo, exactamente,

en una tarde patines y escapadas

aquel auto se abalanzó sobre la tienda

dejando su perfil en la columna,

en que todavía permanece

a pesar de innumerables lechadas

y demasiados años.

 

 

   Año VII

 

Como otros coleccionaban mariposas,

sellos, caracoles,

minuciosamente

vas guardando memorias.

 

Pienso

cuál será mi color en tu catálogo,

en qué cajas me guardas,

con qué otras

(fiebres, sonrisas)

me codeo,

y qué notas al margen

apretadas,

ilegibles quizás

-irremediablemente viejas-

has escrito, al pasar, en mi tarjeta.

 

En cuanto a ti

yo sé muy bien qué dice mi fichero:

encuentro, espera,

vuelta en redondo,

el salto,

y un larguísimo viaje hacia mi centro

tras negociar, ganar, la paz difícil

con aquel hueco que dejó tu cuerpo.

 

Por eso hoy,

para tu colección

-innecesario ya tapar recuerdos-

te ofrezco este poema al año séptimo

(aunque según la prudencia dictamina,

te lo doy por escrito

y desde lejos.)

 

 

   La Habana 1968

 

   I

 

Que se me amarillea y se me gasta,

perfil de mi ciudad, siempre agitándose

en la memoria

y sin embargo,

siempre perdiendo bordes y letreros,

siempre haciéndose toda un amasijo

de imágenes prensadas por los años.

 

Ciudad que amé como no he amado otra

ciudad, persona u objeto concebible;

ciudad de mi niñez,

aquella donde todo se me dio sin preguntas,

donde fui cierta como los muros,

paisaje incuestionable.

 

Diez años llevo

sin catarla ni hablarla excepto en hueco;

cráter de mi ciudad siempre brillando

por su ausencia;

hueco que no define y que dibuja

el mapa irregular de mi nostalgia.

 

 

 

   MARÍA GRAVINA TELECHEA

  

   Alguna decisión bajo este techo

 

me voy

porque no quiero este codo con codo miserable

no quiero así tus partes de persona

de corazón de pensamientos

mientras el mundo cae sobre ti sobre mí

lloviéndose la noche

lloviéndose los fuegos

tú fecundado por las alegrías

que mueven en el aire sus victorias

yo por todos los rostros de la calle

tú fecundado por los huesos

que muerden en las profundidades

los dolores de parir nuevas vidas

o de no parir nada

yo por unas imágenes de muertos

y de los que ejecutan los martirios

nosotros fecundados por esos mismos pájaros

de vivir y morir

nosotros entregando a la tierra nuestros genes

cada uno con su fecundación universal e independiente

con su acto de amor individual al fin

 

voy a volver

como buscando algunas vibraciones

como buscando un brillo

como buscando aquella luz exacta

que no me dan los mundos que me habitan

que no me dan las gentes que yo habito

 

voy a volver seguro

 

pero tendrá que ser a manos llenas

 

 

 

   Ocho de noviembre

   Carta

 

un terremoto quiero

o en un amante mío

que te transforme el sol

como fuiste una vez y las estrellas

 

te tengo que tomar de alguna forma

 

hoy beso tus ridículos

y beso tus miserias

y beso tus huidas cotidianas

y lloro insulto y amo

y quiero

no sólo tu verdad que me estremece

sino todos tus grises     tus puntos suspensivos

 

nunca nadie me desamó tan duro hasta los huesos

 

(De “Cuarenta años de poesía en el Premio Casa de las Américas, 1959-1999”, con selección y notas de Caridad Tamayo Fernández y prólogo de Roberto Fernández Retamar. Poesía Hiperión, Ediciones Hiperión, Madrid, 1998. Lourdes Casal nació en La Habana, en 1938, y murió en esa misma ciudad en 1981. Emigró temporalmente a Estados Unidos, donde fue profesora de Psicología de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, pero regresó a su país y se identificó con la Revolución. Murió cuando el jurado del Premio Casa de las Américas había resuelto entregarle su premio de poesía por “Palabras juntan revolución”. Se le otorgó entonces el Premio Homenaje, el único en su tipo en toda la historia del certamen. María Gravina Telechea nació en Montevideo, en 1939. Estudió Humanidades pero debió ir al exilio en Chile, por la dictadura militar que imperaba en su país. Posteriormente vivió en Cuba. En poesía publicó ”Lázaro vuela rojo” y “Con Violetas para un día”. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1979).

 

 

   HILDEBRANDO PÉREZ

 

   Javier Heraud

 

El agua turbia del silencio

no mezclará

tu voz con el olvido.

A través de mudos y sombríos

calendarios

surge

la luz de tu palabra.

Sobre el antiguo tapiz de la amargura

brilla

tu nombre derramado

como un río hacia el mañana.

El agua turbia del silencio

no mezclará

tu voz con el olvido.

 

 

   5

 

Para los ojos muertos del turista, Cuzco

es un souvenir, un regalo de bodas, piedra

y tiempo cantada por Neruda, Martín Adán

y otros más pequeñitos como Diego López.

Para quienes arañan los surcos, Cuzco

es tierra o muerte

 

 

                            (vale la pena recordarlo).

 

 

   6

 

Quemaré tu luto, tu falsía

               palomita.

Quemarás mi nieve, mi indolencia

               dueña mía.

Vuela, Poesía, vuela.

Vuela si quieres volar:

               cruzaríos

               pasacalles

               rompemuros

               habla

por los que no pueden hablar.

 

Vuela, Poesía, vuela:

vuela si quieres volar.

 

(Del libro ya citado. Hildebrando Pérez nació en Lima, en 1941. Estudió Literatura en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad San Marcos. Editor literario, además de profesor y compositor musical, en poesía publicó “Aguardiente” y “Sol de Cuba”. Publicó también la antología “Poesía completas de Javier Heraud”. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1978).

 

  

   MANUEL ORESTES NIETO

 

   Ciudad  Ciudad

 

Se me ocurriría pensarla

ni más grande ni más pequeña

más habitable    libre    inviolada

dispuesta en cada esquina    en cada calle

hermosa una vez más

sin altas cercas limitando    dividiendo    partiendo

sin manchas de sangre

sin muertes increíbles

sin ser juzgada en la mesa de deliberaciones

                   (esto no es vendible ni negociable

                   muy señores míos)

 

se me ocurriría pensarla sin terror

sin confusas explicaciones

sin mujeres alacranes aguijoneando extranjeros

en bares y hoteles on limits

sin hombres vampiros multiplicando fraudes

y souvenires

en la Avenida Central

sin niños de azúcar      (eso significa: niños     que nacen

de a pura suerte)

sin un dólar circulando y asesinando a crédito

sin un gringo comprando

y alardeando de su forma de jugar

a las canicas con el mundo

 

se me ocurriría pensarla decidida    franca

insobornable     menos parásita     menos

      dependiente

menos reclinada

y muchísimo menos odiada

y oscura.

 

(Del libro ya citado. Manuel Orestes Nieto nació en Ciudad de Panamá, en 1951. Estudió Filosofía y Letras y trabajó como director de publicaciones culturales. Fue representante diplomático en varios países de América Latina. Cuenta con una extensa obra poética. En 1990 publicó la antología “Rendición de cuentas”, que abarca su obra entre 1968 y 1988. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1975).

 

  

   PEDRO SHIMOSE

 

   Epigrama pequeñoburgués superacadémicorrealista

 

Después de impresionar a las muchachas con nuestro ingenio;

después de quemar lirios, enterrar nubes e incendiar templos;

después de degollar vacas sagradas y asesinar dioses;

después de escribir sin mayúsculas y sin signos de puntuación;

después de dinamitar museos y bailar en los cementerios,

de perseguir la gloria y soñar que nos acostamos con ella;

después de pelear con dragones, imperios y quimeras,

de gemir porque publiquen nuestro nombre en los periódicos

y de reunirnos por la madrugada para derribar pirámides,

¿qué nos queda?

 

un sillón en la academia

y una chequera.

 

 

   Manifestación

 

Con la rabia en el ají,

salgo con mi cóndor bajo el brazo,

cruzo la calle con una piedra en la mano,

camino con un policía vigilándome el hambre,

busco el oído y el ojo de la noche,

pego carteles, corro por las plazas,

grito con una brasa en la lengua,

pinto las paredes: “viva el Che”

me dan agua en manguera,

                                            soy el fuego;

me dan relámpago azul en humo,

                                            soy la tierra;

me abren una herida donde sea,

                                            soy el pueblo;

me persiguen, me encarcelan, me torturan.

 

Canto mi libertad, muevo adoquines,

rompo maderas y cristales, canto,

voy a la huelga con mi miedo natural y un sorbo

      de café caliente;

vuelo por la ciudad,

rasgo el aire, trizo las vitrinas,

golpeo las páginas de los periódicos,

derribo puertas, venzo máscaras y cachiporras,

traspaso los umbrales de la historia,

¡soy!

 

(Del libro ya citado. Pedro Shimose nació en Reberalta, Bolivia, en 1940. También compositor musical, obtuvo varios reconocimientos en su país, como el primer premio del concurso nacional convocado por la Confederación Universitaria Boliviana, en 1960. En Poesía publicó, entre otros, “Sardonia”, “Poemas para un pueblo”, “Al pie de la letra” y “Bolero de caballería”. Es también cuentista y autor de “Diccionario de autores iberoamericanos”, de 1982, e “Historia de la literatura latinoamericana”, de 1990. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1972).

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