• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Carlos Juárez Aldazábal

 

   Sufragio

 

Un plebiscito para esculpir el sueño del triunfo,

modelar la pasión con un temblor alcohólico.

 

Celebro la música de las letras unidas,

                                       la convicción,

la empecinada astucia del adverbio,

la reunión del asesino con el caso animal

           que lo motiva

                                 lastimar el papel.

 

Celebro el plebiscito de lo inútil,

por eso la derrota:

                 voy a votar en blanco.

 

Pronto, cuando abran las urnas,

cenizas de mi cuerpo,

de mis letras.

 

 

   Escena

 

Foca de circo.

 

Con su nariz empuja las preguntas,

la pelota de sangre.

 

En el acto final

toca el tambor.

 

Pescados del recuerdo

le crecen en los dientes.

 

 

   Variaciones sobre un tema de Piazzolla

 

   1

 

Las lágrimas llenaron

los vasos del tiempo,

el llanto corrosivo, llanto de tango.

(Ahí está el dolor,

tortuga que camina por la arteria,

caparazón con púas).

 

Si lloro es por el viento:

los álamos se agitan cuando pasa

y yo soy ese piano torcido y esmirriado

al que no toca y de lejos le silba.

 

Clorofílicas, piñones en la hierba,

lágrimas derramándose en vasos,

vasos a los que el tiempo olvida

como el viento

              se olvida de los pinos.

 

 

   2

 

No se trata de llanto.

 

Se trata de ablandar la digestión.

 

La entereza de saberse perdido,

estatua en algún parque.

 

El destino del bronce

con el brillo mojado

             que le ensucia la cara.

 

 

   Los derrotados

 

Algunos perdimos.

Pero no tanto como la sangre

caída en el Bermejo.

No tanto como el Bermejo

con sus peces cansados,

dormidos en la costa.

 

Boca tendida al Occidente.

 

Brújula del miedo.

 

Algunos perdieron

la intención, otros la calma,

pero no tanto como la sangre

caída en el Bermejo

no tanto como el rumbo.

 

Llega hasta el monte el día,

llega el hachero,

llegan los carpinchos y las plumas.

Y la boca tendida comenta la derrota,

que el monte siempre gana:

 

la brújula marcaba el Occidente

y los peces se ahogaron en la tierra.

 

 

   Comúnmente

 

Esta costumbre de vivir con tantos gestos,

con esas expresiones de amanecer nublado,

no es más que consecuencia del oficio.

 

Mis amigos comerciantes

emprenden la jornada adormecidos,

apilando monedas en cajones,

   o mejor dicho,

      tratando de que la muerte se lleve las monedas

      y no la esperanza que los salva del tedio.

 

En el barrio se hace lo posible

por conservar la indiferencia entera,

por eso somos pocos los que nos saludamos.

 

Pasa que el comercio es un mal hábito

y en esta vecindad no hacen otra cosa

que proseguir con esos gestos

                   que les nublan,

                                   para colmo,

          la poca humanidad que por ahí les amanece.

 

 

(De “Las visitas de siempre. Poesía reunida, 1996 - 2007”, colección Poesía fuera de serie, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2014. Carlos Juárez Aldazábal nació en Salta, norte de Argentina, en 1974. Esta antología toma poemas de los libros ya editados “La soberbia del monje”, de 1996; “Por qué queremos ser Quevedo”, de 1999; y “El caserío”, de 2007. Los poemas publicados más arriba corresponden a estas obras, y los que siguen estaban inéditos en libro convencional. Juárez Aldazábal fue incluido en varias antologías y poemas suyos fueron traducidos al árabe, inglés e italiano. Recibió varios premios y reconocimientos, entre ellos el primer premio del Fondo Nacional de las Artes de su país, por su ensayo “El aire estaba quieto. Cultura popular y música folclórica”. Coordina el espacio Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, de Buenos Aires).

 

 

   Debo estudiar francés

 

Olga Orozco preparó un arrollado

  bañado en chocolate

y vino Miroslav, que es cocinero,

      a la hora del té.

 

También estaba yo, poeta inédito

  incapaz del francés y el galicismo.

 

El rito comenzó con la vajilla.

“Leeré en el futuro las llaves del abismo

para saber qué puertas nos tocarán en suerte.

Qué casas cruzaremos, qué portal venturoso,

qué llanto inagotable hablará en las gargantas”.

 

No recuerdo el pronóstico.

Pero sí su paciencia,

la mágica infusión de su voz poderosa.

Y el “estudie francés” imperativo

                que siempre descarté.

 

El domingo pasado tuvimos otro encuentro.

Pero estaba en La Pampa:

un museo de infancia que ahora es Olga.

 

Ahí viven sus libros (incluyéndome a mí),

y sus plantas, sus piedras.

Y además Berenice maúlla en tono bajo

                 profiriendo ladridos.

 

Ella se preocupó por explicarme

                        (esta vez sin rodeos)

cómo la muerte juega en los jardines

y los portones crujen

cuando suenan pavanas y milongas.

 

Y el llanto comenzó como gotera,

y no quiso parar hasta vaciarme

el poco mineral que hay en mis huesos.

 

Olga me consoló con galletitas y un pocillo de mate.

 

El llanto no cesó.

 

Aunque leo francés no puedo hablarlo

 y no puedo nombrar

 

                     con esta boca

 

                     en este mundo

desde esta pena.

 

 

   Amelia Biagioni me habla por teléfono

 

Hoy no hay alfombras para Amelia.

Pero su voz me visitó de pronto

            aletargando el sueño.

 

Ese viento feliz me permitió su imagen:

su lento deambular de Diana Cazadora

    detrás de la sonrisa y el poema.

 

¿Cómo salgo de aquí para encontrarla, Amelia y su jazmín

en su alfombra encantada, en su hilito de voz,

temerosa y lunar, hilanderita, preocupada en llamar, en acordarse,

aunque tema salir a la vereda por los lobos del mundo

                              y prefiera quedarse visitando de lejos?

 

Que no me corte.

 

Que la muerte se olvide de nosotros.

 

Que el tiempo se congele para siempre.

 

 

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