• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
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    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
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  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
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  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Edgar Bayley, cuando el aire

 

   Decisión

 

partiremos la hogaza del abandono y la esperanza

para volver al acero al viejo abeto la avenida

para avanzar en el fulgor velado

porque no podemos ser ajenos a la estrella que nos une

no podemos abandonar el camino que nos marca

   esa estrella

temer la batalla

seducidos por el engañoso estanque

por su falsa efímera comodidad

porque no compensa esa soledad cualquiera

el rico ahora de dos amantes reencontrados

somos nosotros y juntos quemaremos la lejana ruina

y unir nuestras bocas y cuerpos y frutos

de nuestros soles propios

de nuestras banderas silencios espumas bendecidas

nuestro amor es el único azar posible

el solo camino despierto

el único sueño que nos devora y alimenta

que nos da nombre y nos da impulso

para vencer el repecho

y vivir juntos

convencidos por fin del canto que nos guía

decididos en la esperanza en el cielo y la rosa

decididos

mi amor

decididos

 

 

   Poema

 

cuando llegas

a la hora precisa

algo se despierta

 

es la hora de tu piel

de tu mediodía

el sol sigue su camino

 

los niños se agolpan

en los puntos cardinales

tu voz

tu puño vuelve a aclararse

 

dios mío

deja que por una vez sola

mi palabra ruede a la luz del día

 

todo es inmortal

ahora

y al viajero que llega

fatigado y tarde

le es permitido callar su nombre

comprendemos

le dicen

puedes sentarte a nuestra mesa

 

tanta libertad

tanta ardida mudanza

no ha sido en vano

los ojos se vuelven

a la mañana del sueño

han visto lo suficiente

en la calle

entre las sombras

en el aire

en el grito

en el pecado y la salud

han conquistado su alegría

 

 

 

   Ni razón ni palabra

 

cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa

de frente al olvido

a la pregunta y la canción inexcusable

 

es necesario empaparse herirse hundirse

buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo

pero el fuego desgrana tus razones de tierra

debes perder la luz plena

los motivos de la victoria

agrio pesado cruel

la ciudad te vuelca te vacía

corazón vacío

miseria burbujeante

 

no es preciso razón ni palabra

para este airado hogar

que nadie después sume su nieve o su festejo

despierto queda allí en su momento

en cambio y permanencia

en nube recia

en la libre mano

y el cabalgar del sueño

 

 

   Cuando el aire

 

cuando el aire se puebla estoy presente

canta la puerta el fuego la esperanza

conoces tu nombre y la sangre de su sueño

la tierra donde amanece el día

cuando la luz llega canta mi silencio

 

 

es suficiente el lejano retumbar del trueno

la verde falda de la montaña

y este momento ayer mañana

es suficiente

confiar esperar

estar despierto

 

(De "Obras" de Edgar Bayley -Buenos Aires, 1919-1990-, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999. Este libro cuenta con presentación de Francisco Madariaga y prólogo de Rodolfo Alonso. Asimismo, ofrece una revisión y estudio preliminar de la obra de Bayley a cargo de Daniel Freidemberg. Incluye "En común" (1944-1949), "La vigilia y el viaje" (1949-1955), "Ni razón ni palabra" (1955-1960), "El día" (1960-1963), "Celebraciones" (1968-1976), "Nuevos poemas" (1977-1981), "Alguien llama" (1981-1983), "Algunos poemas más" (1984-1990), "Otros poemas", "Poemas inéditos", "Vida y memoria del doctor Pi", "Otras historias". También las piezas teatrales "Burla de primavera", "Farsa de Isopete y el sastre" y "Dulioto -en cinco momentos-", y una serie de ensayos, reflexiones y relatos. También tres poemas en honor a Bayley, uno de Enrique Molina y dos de Francisco Madariaga).

 

 

   Entre un hombre y una mujer

 

entre un hombre y una mujer

la vida crece

y crecen las lunas

los techos

la intemperie

mientras se entrecruzan palabras halcones arañas

zigzagueos de la sombra y la espera

 

entre un hombre y una mujer

la pasión crece

el fulgor de una lucidez relampagueante

que traza en lo oscuro sus presagios

y cada uno teme al otro

y cada uno confía entrega una almendra al otro

y cada uno espera y dice: dios mío amor mío

y cada uno quisiera un reino azul para el otro

en cualquier parte del cielo o de la tierra

una magnolia

la arcilla

unos balcones que dan a un bosque espeso

mientras oscurece

pero el otro no sabe nada y calla

 

esto suele pasar entre un hombre y una mujer

que se aman

y que apenas se conocen

hasta que las caricias estallan

y se dicen todo sin decírselo

con las manos sus cuerpos

con la respiración entrecortada

la misma de la tierra toda

 

 

    Los hombres y los años

 

a uno y otro lado de la muralla

los años quedan clausurados en su primer regazo

en los ojos abiertos hacia el amanecer

 

hablo de la sed y el sueño líquido del hombre

de los deseos la esperanza el insomnio en el extremo del valle

del enjambre de la memoria y nuestras mandíbulas fuertes

del temblor la ronca membrana de los rieles

y el humo del poblado

 

hablo de los vidrios lentos a la madrugada

de la parturienta amenazando la medianoche

con sus gritos y sus cadenas puras

hablo de los fusiles y de la carne fluyente

herida

descompuesta

de las horas por llegar

de los frutos de la ternura

de los ojos digitales

mezclados a la multitud en las manifestaciones

 

 

hablo del amor adolescente

y de las ventanas del alba

de los expedicionarios perdidos

inmóviles en espera de la claridad

hablo de los niños y la demencia lindando la poesía

de la mentira la humillación las torturas renovadas

 

 

hablo de cosas simples

de las manos extendidas

gratuitas

es necesario inventar el mundo

iluminar los ojos

ver la extensión abierta a nuestro impulso

una rama en la luz

acunada por las voces de los héroes anónimos

castigada por el peso muerto de los consuelos

 

 

la alegría de las conversaciones ingeniosas

el contagio de los sentidos

el buen apetito la sed de buena ley

el olvido y la palabra absorbidos en la fronda

la siesta a ras del suelo

el debate moroso de los reptiles

el plácido quejido del pajonal

el polvo del camino ahogando las viñas

el apremio de las multiplicaciones

y el vacío irremediable

del signo viejo y nuevo

 

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