• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Günter Grass

 

   Atraco frustrado

 

El miércoles.

Todos sabían cuántos escalones subir,

qué timbre apretar,

la segunda puerta de la izquierda.

Reventaron la caja.

Pero era domingo

y el dinero estaba en la iglesia.

 

 

   En el huevo

 

Vivimos en un huevo.

Hemos cubierto su interior

de dibujos obscenos

y garrapateado los hombres de nuestros enemigos.

Nos están incubando.

 

Quienquiera que nos incube

incuba también nuestro lápiz.

Cuando rompamos la cáscara un día

nos haremos una idea

enseguida de quien nos incuba.

 

Suponemos que nos incuban.

Nos imaginamos un ave bonachona

y escribimos trabajos escolares

sobre colores y raza

de la gallina que nos incuba.

 

¿Cuándo romperemos la cáscara?

Nuestros profetas del interior del huevo

discuten, por un sueldo medianejo,

sobre el período de incubación.

Suponen un día X.

 

Por aburrimiento y necesidad auténtica

hemos inventado las incubadoras.

Nos preocupa mucho nuestra descendencia en el huevo.

Con gusto recomendaríamos nuestra patente

a quien nos guarda.

 

Tenemos un techo sobre nuestras cabezas.

Pollitos seniles,

embriones que saben idiomas,

hablan el día entero

y todavía discuten sus sueños.

¿Y si no nos incubaran?

¿Si nunca se hiciera un agujero

   en esta cáscara?

¿Si nuestro horizonte fuera sólo el horizonte

 

de nuestros garabatos y no dejara de serlo?

Confiamos en que nos incuban.

 

Aunque si hablamos sólo de incubaciones

hay que temer también que alguien,

fuera de nuestra cáscara, sienta hambre

y nos eche a la sartén, sazonándonos con sal…

¿Qué haremos entonces, mis hermanos

   de dentro del huevo?

 

 

   Normandía

 

Los búnkeres de la playa

no pueden deshacerse de su hormigón.

A veces llega un general semidifunto

y acaricia las troneras.

O bien los pueblan turistas

por cinco atormentados minutos.

Viento, arena, papel y orina:

la invasión no cesa.

 

 

   La batalla naval

 

Un portaaviones americano

y una catedral gótica

se hunden

mutuamente

en medio del Pacífico.

Hasta el final

el curita joven tocaba el órgano…

Ahora el aire está lleno de ángeles y aviones

que no pueden aterrizar.

 

 

   Pequeña exhortación a

     abrir mucho la boca,

      o habla la gárgola

 

Quien quiera

liberar, exhalar la podredumbre

que vivió largo tiempo tras la pasta de dientes

tendrá que abrir la boca.

 

Vamos a abrir la boca

y a entregar a las autoridades

los horribles dientes de oro

que rompimos y quitamos a los muertos.

 

Para derrocar y escupir

padres gordos

-ahora que somos padres y estamos cada vez más gordos-,

habrá que abrir la boca;

 

lo mismo que nuestros hijos, a veces,

abren la boca y escupen, derrocando

la gran podredumbre, los horribles dientes de oro

y los padres gordos.

 

(De “Poemas”, con traducción de Miguel Sáenz, Visor Madrid, 1999. Gúnter Grass nació en Danzig –actualmente Gdansk, Polonia- en 1927. Su primera publicación, en 1956, fue de poesía, pero es también novelista, dramaturgo, ensayista e ilustrador. Entre numerosísimas obras, una de las más renombradas es la novela “El tambor de hojalata”. Ganó el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1999. Intervino activamente en asuntos políticos, apoyando a la socialdemocracia alemana. “El tambor de hojalata” fue llevada al cine).

 

 

 

   Mi gran sí construye frases

        con un pequeño no

 

             Matrimonio

 

Tenemos niños, eso hace dos.

Casi siempre vamos a cines distintos.

De que nos vamos separando hablan nuestros amigos.

  Pero tus intereses y mis intereses

  coinciden aún

  en los mismos puntos.

  No es sólo preguntar por los gemelos de puño.

  También pequeñas atenciones como:

  Tenme el espejo.

  Cambiar bombillas.

  Recoger algo.

  O conversaciones hasta que todo ha sido conversado.

Dos emisoras que, a veces,

reciben al mismo tiempo.

 ¿Debería apagarme yo?

  El agotamiento simula armonía.

  ¿Qué nos debemos? Eso.

  No me gustan: tus pelos en el retrete.

Pero después de once años nos lo pasamos bien todavía.

Ser una misma carne a pesar de estos precios fluctuantes.

Pensamos ahorrativamente en calderilla.

En la oscuridad me lo crees todo.

Deshacer y tejer de nuevo.

Precaución dilatada.

Dar las gracias.

  Domínate.

  Tu césped en nuestra casa.

  Ahora estás siendo otra vez irónico.

  Pues ríete.

  Lárgate si puedes.

  Nuestro odio es incombustible.

Pero a veces, distraídos, somos cariñosos.

Hay que firmar

las notas de colegio de los niños.

  Nos deducimos mutuamente de los impuestos.

  Hasta pasado mañana hay tiempo.

  Tú. Sí, tú. No fumes tanto.

 

 

   De los residuos bajo las uñas

 

¿De qué hablar, del botón aún

y los posos que quedaron,

de ceniceros, Luz y Sonido,

de lo que se dejó, sobró;

del interés de las cuentas pequeñas

y del tiempo que nos queda?

 

¿De qué hablar, del amor?

¿De qué? ¿Del amor otra vez?

¿De qué? Como si sólo el amor contara

y cada uno no estuviera solo con sus heces,

solo en el retrete

con sus uñas: totalmente solo.

 

Eso se abre al rascar, no se cura

y acumula residuos bajo las uñas:

no me separaré, no me las limpiaré

y alejaré todo instrumento

duro: porque el amor va con avaricia

a la cama y la mesa, pero no se lava.

 

¿De qué, si no del amor?

Hablaré de las reservas, cuando somos diligentes,

y de residuos grasos, negros y duramente ganados,

de cuando estamos exhaustos

y nuestras uñas, dos por diez,

están sucias de intercambiar miradas.

 

 

   Amor

 

Es esto:

Transacciones sin efectivo.

La manta siempre un poco corta.

El contacto flojo.

 

Buscar más allá del horizonte.

Rozar con cuatro zapatos las hojas muertas

y frotar mentalmente pies desnudos.

Arrendar y tomar en arriendo corazones;

o en la habitación con ducha y espejo,

en un coche alquilado, con el capó hacia la luna,

dondequiera que la inocencia se baja

y quema su programa,

suena la palabra en falsete,

cada vez diferente y nueva.

 

Hoy, ante la taquilla aún cerrada,

susurran, de la mano,

el avergonzado viejo y la vieja delicada.

La película prometía amor.

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