• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Raúl González Tuñón (II)

 

   La botella arrojada al mar con un mensaje

 

¿Dónde habrán ido, insólitos, a parar los mensajes

victoriosos o atroces que temblorosas manos

de mujeres perdidas o extraños pasajeros,

capitanes sin brújula y poetas malditos

lanzaron al azar de las ondas fugaces

desde islas sin nombre o viejos transatlánticos?

¿Cuál de ellos llegó a destino, y en qué forma

cambió una vida, un mito, un país, el futuro?

¿Qué cifra misteriosa jamás fue comprendida?

¡Saluden! quienes vean pasar una botella

sobre olas que agitan de pronto los delfines

desde el barco o la costa, y no pueden asirla,

como si fuera esa flor del hielo

y el gran silencio blanco, la novia de los icebergs,

la empecinada edelweiss.

 

Así es de fascinante ver que se nos va un sueño

en busca de quién sabe qué puerto, qué ventana

de qué otra memoria oscura o deslumbrante,

de alguien que está esperando cuando el día se muere.

 

 

   La muerte de la muñeca pintada

 

                  Todo el mundo está siempre tironeando de una.

                           Todos parecen querer un pedazo de una.

                                                             Marilyn Monroe.

 

Todos la tironeaban.

Hollywood le arrancó el pedazo más grande.

Sólo quedaba de ella el corazón

-Un Desolado Corazón-,

la lluvia pródiga de su cabellera,

la última claridad de su mirada

y una calle de infancia y abandono.

 

Construida en la fábrica de sueños

se rompió como un sueño

rodando en pesadilla al césped donde yacen

los gorriones caídos y el verano.

 

Y fue el tocante Réquiem para una Marilyn:

Las extras acunaron la muerte de la estrella

Con un terrible blues de lágrimas oscuras.

 

 

   Bertolt Brecht

 

Agregó tipos y pasiones de hoy

a la increíble, vasta geografía de Shakespeare.

Era dos veces revolucionario:

por poeta y por militante.

Y también la verdad devino en él

como diría el lúcido Stéphane Mallarmé:

la forma popular de la belleza.

 

 

   Rimbaud

 

¿…Pero por qué murió allá en Marsella,

tan cerca de la luz atrevida del muelle,

la Canabiere, la sopa de pescado,

las robustas mujeres de la feria

y el viejo olor que viene de los barcos,

sin confesar dónde enterró a la poesía

-como a un pájaro loco-, en qué baldío,

en qué lámpara pura, en qué ventana,

en qué lluvia crecida con violetas?

Donde el futuro está esperando.

 

 

   Baudelaire

 

Fue profeta: vislumbraba el siglo

en que la acción fuera ‘hermana del sueño’

y reiventó la poesía; una manera

de recordar que el poeta es un hombre

al que a veces agobian la incomprensión, el barro,

el alquiler, la luna.

Pero él fue poeta, inmenso como un río.

Un río puro impuro

que arrastró légamo y estrellas.

 

 

   Walt Whitman

 

Aquí yace un buen viejo Walt.

El gran amante de la tierra.

¡No hagan caso!

Fue una fanfarronada más

del hijo inmortal de Manhattan.

 

 

   El optimismo histórico

 

Yo sé que todo cambia,

que nada se detiene,

ni un árbol se detiene

y aun la piedra es viajera.

La soledad no existe.

Ni la muerte está sola.

Todo lo que es, es lucha.

Soy inmortal, pues paso.

¡Y aun ella se mueve!

En vano os empeñéis

En detener la Historia.

¡Sé que llegará un día!

También lo sabe el sol.

 

 

   Los niños abandonados

 

El río está en la ciudad.

El puente está sobre el río.

Bajo el puente están los granujas.

No se ha hecho nada por ellos.

A la orilla, perros sarnosos,

tristes naranjas, agua oscura,

el cielo gris, las altas nubes,

sobre el puente pasan los carros.

Sobre el puente pasa mi féretro

un triste día, un triste día.

Los granujas se rascan, miran,

y alguien exclama: Ahí va uno.

 

(De “Poesía reunida”, compilación de Eduardo Álvarez Tuñón y Adolfo González Tuñón, prólogo de Jorge Monteleone, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Raúl González Tuñón nació en 1905 en Buenos Aires, donde murió en 1974. Entre sus obras más reconocidas se encuentran “El violín del diablo”, de 1926; “Miércoles de ceniza”, 1928; “La calle del Agujero en la Media”, 1930; “Todos bailan”, 1934; “La rosa blindada”, 1936; “Canciones del Tercer Frente”, 1941; “Caprichos de Juancito Caminador”, 1943; y “El rumbo de las islas perdidas”, 1969. Ocupó un lugar muy especial en la poesía argentina porque tomó elementos de dos grandes corrientes de su época, ya que abrazó la llamada poesía social pero explorando renovaciones estéticas. Mantuvo una amistad estrecha con Pablo Neruda, a quien ayudó a crear en Chile la filial de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura, el grupo antifascista surgido de un congreso de escritores en Barcelona, realizado en medio de los bombardeos franquistas. Trabajó intensamente también en medios periodísticos, como lo hacían muchos grandes escritores argentinos en las primeras décadas del siglo XX).

 

 

  

    Relato de un viaje

 

Pasa una estación en el regazo del viento.

Jefe telégrafo teléfono carpeta mapa horario todo vuela.

Pasa un árbol con una escopeta

pasa un niño

pasa una canilla abierta

pasa un pequeño féretro blanco con manijas doradas

pasa adentro una niña que maduraba para los guardabosques.

Estoy en el sur del Brasil en el corazón de la montaña

estoy asomado a la calera

los obreros trabajan

las cigarras cantan todo el verano y al invierno estallan

dónde irán a parar las cigarras de los trópicos

oh las cigarras enamoradas del día dónde irán a parar las cigarras

después de cantar todo el verano.

Me entregan un telegrama que dice venga viernes Renée

qué viernes cualquier viernes ella estará esperando

ella estará recostada

ella tendrá la mano en el sexo cálido

ella estará soñando con la cabeza en la ventana.

Vertiginosamente me alejo venga viernes Renée

veletas pasan pasan caminos pasan torres venga viernes Renée

ella no sabe que yo también paso para Raúl Tuñón

dicen los obreros de la calera

las muchachas de los bosques dicen

las cigarras del trópico dicen Raúl Tuñón pasa.

Veo sepulturas recién abiertas

veo cruces

veo atajacaminos estrellándose contra los trenes rurales.

Estoy apurado no sé dónde voy siempre de un lado a otro

siempre cambiando barcos trenes aviones

y mis amigos los viejos camaradas los viejos compañeros de escuela

todos estarán apurados

toda la vida estaremos apurados jamás nos quedaremos en un sitio

las muchachas nos saludan con sus pañuelos

adiós adiós

mañana cuando estemos muertos qué terrible

tal vez tampoco podamos permanecer en un sitio.

 

(De “Todos bailan, Los poemas de Juancito caminador”, colección de poesía Todos Bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987).

 

 

   La libertad que muere

  como un viejo patriarca

 

Sin velorio, sin caja, sin mortaja

-no hay medida para ella, no hay estatua

donde pueda caber su infinita estatura-

con orgullo tremendo cayó asesinada inaugurando

la soledad, el invisible mausoleo donde aguarda

la última batalla del hombre contra el mito.

¡Porque ella al fin regresa!

 

Allí quedó, ruina liviana y poderosa

abstracción pura cargada de futuro.

Cuando al fin abandone su muerte, el gran exilio,

por encima de tantas sepulturas donde esperan

las novias imposibles del olvido

¡cuidado!

            la sombra medieval del asesino

alevoso y nocturno, y sus lacayos

mordidos por las ratas obsesivas del miedo.

 

¡Cuidado!

           Cuando ella avance con su túnica loca

enfrentando a los bárbaros clarines.

 

 

   La luna allá esperando

       la primea visita

 

Ella, la manoseada, la ofendida lámpara silenciosa,

cómplice de ladrones, poetas y arrecifes.

Ella es la que nos mira desde sus pálidas colinas

y de la alucinante soledad de sus cráteres,

polvo de islas muertas, piel de arenas suicidas

y trozos de cometas antaño sucumbidos.

Su historia es nuestra historia, y su medida

sólo cabe en el sueño de los niños queridos.

 

Cuando allá llegue el hombre quizá ella descubra

el mundo que él encierra, y que tal vez la muerte,

esa otra luna, en su instancia conozca, y se lo calle.

 

(De “El rumbo de las islas perdidas”, Colección de poesía Todos Bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1994).

 

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