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    El viento es una armónica de mil tonos
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    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

El poeta y las cosas

  

   JORGE BOCCANERA

 

   Cuchara

 

Nace del verbo dar,

como si el corazón tuviera mango.

Está hecha de lo que le falta y jamás se

guarda nada para sí.

Podría medir el mundo, acunarlo, transportar

su misterio, sus campanarios de agua de una

orilla a la otra.

Más humana que un perro.

Más a mano que Dios.

 

 

   Espejito de mano

                                      a Laura Yasán

 

Mírate bien, hoy eres

una cara de trapo al fondo del aljibe,

un perfil oxidado que ondea bajo el agua.

Mírate bien, hoy somos

el ladrido del viento. Te advertí, te lo dije,

es un sepulturero que cobra como artista.

Seguro ya te olió. Su corazón helado

vende casas de polvo en los despeñaderos.

Te advertí, te lo dije, el espejo, compra muebles

usados

y trabaja en el rostro con cuchillos sin filo.

Mírate bien, hoy eres un hospicio,

un extraño,

reverso de una imagen que se repite y dice:

uno de los dos está muerto.

 

 

   El Hogar

 

El cuchillo golpeando la madera.

Sobre la tabla de picar cebolla

el tableteo de los días,

el cuchillo

golpeando en la madera.

Aguijón que retumba sobre la tabla de picar

y el día desplumado al fondo de la olla,

y el cuchillo golpeando la madera.

Cizaña de la música y redoblante, escarcha

del acero que corta y que desgarra las sombras asustadas

detrás de cada puerta.

Y el cuchillo golpeando la madera,

y los labios rodando bajo el filo mellado

que se callaron, que se oxidaron sin reclamar el aire que

nos falta,

y el cuchillo golpeando,

y aquella empuñadura que es la mano de un muerto,

y las horas hirviendo al fondo de la olla.

 

(De "Bestias en un hotel de paso", Narvaja Editor, Córdoba, Argentina, 2001. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1952. Obtuvo numerosos premios, entre ellos el Casa de las Amércias de Cuba, en 1976; el Nacional de Poesía Joven de México, en 1977; el Premio Internacional "Camaiore" de Italia, en 2008; y el premio de poesía Casa de América de España, en 2008. Autor de ensayos sobre Juan Gelman y Luis Cardoza y Aragón. Autor de prólogos y estudios sobre Raúl González Tuñón, Federico García Lorca, Augusto Roa Bastos, Ernesto Cardenal y Pablo Neruda. Es también periodista).

 

 

   GERMÁN CARRASCO

 

    La cartera

 

Ella posa sus dos manos sobre la cartera.

Quizá piensa que algo le va a ser arrebatado

o insinúa que su sexo no se alquila

a ningún precio. Tal vez se cuida, se pone en evidencia,

o resguarda los instrumentos esenciales

para la arena de la vida.

O quizá robó algo valioso:

el imprescindible regalo para quien ama.

 

 

   Just like

 

   I

como esas barras o pilares cromados que usan las bailarinas de

topless o los bomberos

para homenajear al falo las primeras

o deslizarse vertiginosa y resbaladizamente

de un piso a otro y ahorrar tiempo

los segundos,

los minutos, los siglos;

como si uno se arrojara abrazado desesperadamente a esos pilares

como a boyas o tablas de salvación

tratando de asir el tiempo que no está

ni ahí

con uno

y no hubiera primer piso y uno descendiera en un vértigo eterno

 

("La cartera", de "Calas", J.C. Sáez Editor, Santiago de Chile, 2003. "Just Like I", de "Clavados", J.C. Sáez Editor, Santiago de Chile, 2003.  Germán Carrasco nació en Santiago, en 1971. Después de estudios en Humanidades y de participar de talleres de poesía, comenzó a publicar en 1994, con la obra poética “Brindis”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías. Recibió, entre otros, los premios Jorge Teillier, en 1997; el Hispanoamericano Diario de Poesía, en Buenos Aires, el Enrique Lihn, en Valdivia, y el Sor Juana Inés de la Cruz, en México-Costa Rica, todos en 2000; y el Pablo Neruda, en 2005).

 

 

   WILLIAM OSPINA

 

    Espejo

 

Mágicamente el resplandor asila

mi rostro que me mira, el asombrado

rostro que acaso soy del otro lado

y que se multiplica en mi pupila.

Cautiva del cristal, la luz me teje

esta ilusión de ser preciso y cierto,

pero en ella no está mi desconcierto

y el rostro no estará cuando me aleje.

Vuelvo a mirar al otro, al prisionero

de un día de cristal profundo y terso,

y mientras pienso ante ese rostro inverso

cómo será su mundo verdadero,

parece preguntar su rostro vivo

de qué raro cristal estoy cautivo.

 

 

    Piedra

 

No hay corteza en la piedra,

sólo piedra.

No hay raíces, ni sed en las raíces,

sólo piedra.

No hay ojo que vigile o voz que clame,

sólo piedra.

Inexpresiva pesadumbre.

Piedra

Pasa la joven mano acariciando

la áspera piel idéntica,

tibia de sol, como con vida.

Piedra

que parece haber sido

algún milenio, reina de lo inmóvil,

flor que algún dios vio abrirse

antes del frágil vértigo

de la carne, y el pétalo.

 

(De "Poesía, 1974-2004", Ediciones de Arte Dos Gráfico, Revista Número Ediciones, Bogotá, Colombia. Esta antología incluye "Hilo de arena", "La Luna del Dragón", "El país del viento", "¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?", "Africa", "Poemas tempranos" y "La prisa de los árboles", estos dos últimos inéditos al momento de la edición, en noviembre de 2004. William Ospina obtuvo reconocimientos numerosos: Premio Nacional de Ensayo 1982, Premio Nacional de Poesía 1992, Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada otorgado por Casa de las Américas, en 2003, y Premio Rómulo Gallegos 2009).

 

 

   FRANCISCO AMIGHETTI

 

    La escalera

 

La escalera la diseñaron grada por grada

con sus pasamanos y sus adornos.

Con los años se ennegrecieron sus maderas

y rutilaron con destellos de cobre.

Se fue gastando con los pasos que hunden la huella,

se pulieron sus pasamanos con las manos atormentadas

de los que regresan embriagados y,

con las manos claras de las mujeres.

 

En su ámbito resonaron los gritos,

de las madres clamando,

y de los hijos que lloran el nombre de su madre,

de los que pequeños o grandes, abandonados,

se asoman a la ventana en silencio de gárgola.

Se humedecieron los peldaños con lágrimas,

se enrojecieron con el vino o la sangre, y

crujieron las maderas con el amor violento

que busca con ansiedad los recodos de sombra.

Besos, gritos ahogados, canciones, juramentos

y silencios tétricos,

acompañan al hombre cuando sube

aquel calvario de peldaños

que conduce al cielo de la ventana.

 

Bajaron por sus gradas los enfermos,

y también los muertos

con sus enterradores de cara de marfil envejecidos.

Subió la policía, bajaron raudos los muchachos

que no se resignan a las cárceles,

ascendieron los acreedores con recibos

amarillos y verdes, y papel sellado,

y pasaron las mujeres bellas

que introducían la primavera con su llegada.

No sólo en el mar nace Venus Anadiomeda,

también en la escalera

entre los olores a sopa, a alcohol y a perfumes baratos.

Transita el violinista con su música enlutada,

y los contrabandistas con los ojos puestos en todas partes,

y la mujer que regresa desolada.

La escalera es un palimpsesto nacarado,

la ruta de nuestro sitio cotidiano,

madera crucificada a golpes

tatuada en la elegía del presente y pasado.

 

(De “Anillo de silencio”, con selección y prólogo de Jorge Boccanera, Desde la Gente, Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2009. Francisco Amighetti nació en San José, Costa Rica, el 1 de junio de 1907, y murió en esa misma ciudad el 12 de noviembre de 1998. Comenzó a publicar poesía en 1936. Se destacó también como pintor y fue docente universitario).

 

 

   UMBERTO SABA

 

    El vidrio roto

 

Todo se mueve contra ti. El mal tiempo,

las luces que se apagan, la vetusta

casa que baten ráfagas y que amas

por el mal padecido, las fallidas

esperanzas, algún bien gozado en ella.

Sobrevivir te parece un rechazo

de obediencia a las cosas.

Y el romperse

del vidrio en la ventana es la condena.

 

(De "Poetas italianos del siglo XX", selección, prólogo, traducción y notas de Horacio Armani, Edición de Librerías Fausto, Buenos Aires, 1973. Umberto Saba nació en 1883 en Trieste, y murió en Gorizia, en 1957. Comenzó a publicar poesía en 1910, con “Poesie”. Combatió en la Primera Guerra Mundial y, a raíz de una enfermedad, se interesó en la teoría psicoanalítica de Freud, lo que influyó en su escritura. Sufrió la persecución del fascismo por su origen judío, y en la última etapa de su vida se dedicó también a la narrativa).

 

 

   JOSÉ PAULO PAES

 

    Al Espejo

 

Lo que más me beneficia

en nuestro frecuentísimo

comercio es tu

pedagogía de opuestos.

En nosotros se vuelven defectos

las virtudes que enseñas:

el brillo de superficie

la profundidad mentirosa

el existir apenas

en el reflejo ajeno.

No obstante, sin ti

al menos nos reconoceríamos

el otro de un otro

otro a su vez

de algún otro, en el infinito

corredor de espejos.

Eso hasta el vacío final

de toda imagen

espejo de un sí mismo

anterior, posterior

a todo, a nada.

 

 

   A los anteojos

 

Sólo fingen poner

el mundo al alcance

de mis ojos miopes.

En verdad me exilan

de él filtrándole

la menor imagen.

Ya no veo las cosas

como son: las veo como ellos quieren

que las vea.

Luego, son ellos los que ven,

no yo que, incluso consciente

del logro, les estoy agradecido

por anticipar en mí

el Edipo curioso

de sus propias tinieblas.

 

(De "Puentes Pontes, Poesía argentina y brasileña contemporánea”, selección y ensayo de Jorge Monteleone, y selección y ensayo introductorio de Heloisa Buarque de Holanda. Antología bilingüe, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires y México DF, 2003.  José Paulo Paes nació en Taquaritinga, en 1926, y murió en San Pablo, en 1998. Además de poeta, se destacó como traductor, al llevar al portugués a gran cantidad de autores, entre otros Joseph Conrad,  Charles Dickens, William Carlos William y Konstantinos Kavafis).

 

 

   NANCY BACEDO

 

 

    Doy vueltas y qué carta

 

Doy vueltas y qué carta

qué carta me saldrá digo destino mancha

digo nombres barajo lentamente

mientras detengo arrastro la magia que se sube

como cruel borrachera a la garganta

qué remolino sueño apresurado

expectativa cruel ruta secreta

esta marca en la punta qué jugada

(en la muñeca de la sota cuelga

una cadena de color violeta

y en el asiento tiemblo como un cuerpo

impulsado en la noche por fantasmas)

qué me dirá me digo

y más te pienso

como obsesión terrible como ciega presencia

permanente

como lucha de dos en cuerpo y alma

cierro los ojos y en la mano oculta

la verdad me sonríe

como un niño a la luz cuando despierta.

 

(De "Antología Plural de la Poesía Uruguaya del Siglo XX, estudio preliminar, selección y notas de Washington Benavides, Rafael Courtoisie y Sylvia Lago, Seix Barral, Editorial Planeta, Montevideo, 1996).

 

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