• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Alberto Blanco

   Nació en Ciudad de México, en 1951. Ganó la edición 2016 del premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, reconocimiento que en el pasado recibieron Jaime Sabines, Carlos Fuentes y Octavio Paz, entre otros autores.

 

   El pinzón real

 

Un salmo cadencioso peina el bosque

De raya en medio: la luz solar

sobre las hojas y el abrigo

de la sombra en un costado.

 

Hay un eco ancestral en la salmodia

de los pinzones reales: el otoño

tiene sus plumas propias y el color

de los corazones que se despiden.

 

Caen las hojas y se eleva el canto

del pinzón como un adiós a la belleza

de la estación cordial: como una fiesta

de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.

 

 

   Levadura

                                                a César Vallejo

  

Al fin de la mesa redonda

y muerta la literatura, vino hacia ella un crítico

y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos profesores y repitiéronle:

"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a ella veinte, cien, mil, quinientos mil,

estudiantes: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

La rodearon millones de lectores,

con un ruego común: "¡Quédate hermana!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los poetas de la tierra vinieron,

la rodearon; los vio la literatura triste, emocionada;

¡qué más da! Emocionada…

 

Incorporóse lentamente.

abrazó al primer poeta; echóse a andar…

 

 

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