• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
  • @L0laM0ra
    A cierta distancia nos leemos más cerca
  • @DamaElegante_
    Es bueno tener sonrisas a punto, en la trastienda de los sueños rotos
  • @sweetcamelot
    Un alma inquebrantable se refleja en una dulce sonrisa
  • @noessineso
    Aunque lo imagino,/ lo sueño,/ ese atardecer/ juntos/ fue de otros
  • @jfsounds
    Cual farol quemar/ Las corazas de papel/ Desde adentro
  • @loretosesma
    Porque escribo mejor desde mi herida pero sonrío mejor desde la cicatriz
  • @NegroPermanente
    Sigo anclado en la estación en donde nos dejamos los sueños
  • @Aline_RFagundes
    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Rigoberto Paredes

  

   Nació en Trinidad, Santa Bárbara, Honduras, en 1948. También ensayista y editor, recibió el Premio Nacional de Literatura Juan Ramón Molina, en 2006. Fue viceministro de Cultura de su país, entre otras funciones, e impulsor de proyectos editoriales. Para abril de 2018 la revista “El Cobaya”, que edita el Ayuntamiento de Ávila, España, anunció un número especial dedicado a él.

  

 

   Arcano

 

Algo en pie quedará

de este reino de furia: seres, brasas, semillas

guardan fresca memoria de otro tiempo

que hoy se estanca entre ruinas.

Sangre fértil

estalla

en algún lugar de Centroamérica.

No tardará en llegar el verde de los días.

 

 

   Memoria del solo

 

¿En qué ajeno paraíso abandonaron

mi humeante corazón, quemado vivo, las mujeres que amé?

¿Bajo que cielorraso se desnudan

y muestran victoriosas el reino que perdí?

Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.

Una a una me dieron la gloria merecida

y derrotado fui con sus mejores armas.

El amor es la única batalla

que se libra en igualdad de condiciones.

yo no pude escudarme, devolver las palabras

con la misma osadía, sin cuidar mis entrañas,

y los más leves golpes

me alcanzaron de lleno, a la altura del pecho.

Dado ahora a morir en cama extraña

(orgulloso de mí, en paz conmigo),

cierta gloria atesoro, ciertos nombres,

como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

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