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    El eclipse del lector es su imaginación
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    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
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William Ospina

   Nació en Herveo, Tolima, Colombia, el 2 de marzo de 1954.

 

   Los hijos del soldado

 

Mi padre era maestro. Yo tenía siete años.

Y un día recibió, como todos, la carta.

Había sido aceptado en el partido

(aunque él jamás habría solicitado el ingreso).

Le enviaron un escudo con la esvástica.

Unos meses después marchaba rumbo a Rusia.

Mi madre estaba enferma aquel invierno,

los tres niños debíamos hacerlo todo en casa.

Y a veces venían cartas desde el frente oriental.

La guerra era una ausencia, un silencio, un temor que crecía.

Después las cartas se acabaron, y se acabó la guerra.

Y los hombres volvieron, pero él seguía en el frente.

Qué larga fue la infancia; qué triste está Alemania en la memoria.

Los tres íbamos juntos cada sábado

a esperar aquel tren.

Sin hablar lo esperábamos.

Y mi madre creía que estábamos jugando en los campos vecinos.

Años tras año, sin faltar, cada sábado,

sin decírselo a nadie,

esa estación nos vio crecer callando.

Cuando caía la noche, regresábamos.

 

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