• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Pere Gimferrer

   Nació en Barcelona, en 1945. Publicó su primer libro a los 18 años. En noviembre de 2017 obtuvo el premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, que se sumó a muchos otros, entre ellos el Nacional de Literatura, el de Literatura Catalana y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

 

   Llevan una rosa en el pecho los enamorados y suelen besarse...

Llevan una rosa en el pecho los enamorados y suelen besarse
               entre un rumor de girasoles y hélices.

Hay pétalos de rosa abandonados por el viento en los pasillos
               de las clínicas.

Los escolares hunden sus plumillas entre uña y carne y oprimen
                suavemente hasta que la sangre empieza a brotar.
                Algunos aparecen muertos bajo los últimos pupitres.

Estaré enamorado hasta la muerte y temblarán mis manos al
                coger tus manos y temblará mi voz cuando te acerques
                y te miraré a los ojos como si llorara.

Los camareros conocen a estos clientes que piden una ficha
                en la madrugada y hacen llamadas inútiles, cuelgan
                luego, piden una ginebra, procuran sonreír, están pensando 
                en su vida. A estas horas la noche es un pájaro azul.

Empieza a hacer frío y las muchachas rubias se miran temblando 
                en los escaparates. Un chorrear de estrellas silencioso se
                extingue.

Luces en un cristal espejeante copian el esplendor lóbrego de
                la primavera, sus sombrías llamaradas azules, sus flores de
                azufre y de cal viva, el grito de los ánades llamando desde
                el país de los muertos.

 

   Una sola nota musical para Holderlin

Si pierdo la memoria, qué pureza.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende 
                                                             y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Que esperaba el silencio? Príncipes de la tarde, 
                                                         ¿qué palacios
holló mi pie, que nubes o arrecifes, qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas
                                                                       del agua.

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