• @martamj32
    Eres el primer lugar donde me buscaría
  • @annablue22
    El espejo intacto y nosotros rotos
  • @Hora_Teta
    Algo no va bien y yo voy dentro
  • @sirena_sinmar
    Vivir para regalar flores a los vivos
  • @mikhailenko
    La madrugada es un género literario
  • @ferxdexleon
    Solo con música se le concede a la palabra su breve deseo de muerte
  • @MarilarAlei
    Mi silencio también quiere estar contigo
  • @aquinomires
    Avisadme cuando abrir los ojos merezca la pena
  • @morganfredman
    Llueve como narrando algo. Lluvia ciega.
  • @aliferod
    Con las ganas de irte no te quedes
  • @lilith19751
    No sé decir lo que beso
  • @Tu_Funamiento
    El tiempo no espera a sus acompañantes

Alejandro López Andrada

  

   Nació en Villanueva del Duque, Córdoba, España, en 1957. Fue finalista del premio Adonáis y consiguió otros reconocimientos. En octubre de 2017 presentó “El horizonte hundido”, publicado por Hiperión, con prólogo de Antonio Colinas.

 

    Siluetas femeninas

 

Las mujeres más tristes llevan mirlos          

dentro del corazón,   

tocan el aire   

cercadas por la muerte;        

cruzan raudas,          

bajo la sombra gris de los castaños.

La más anciana de ellas       

se detiene,     

nos mira brevemente, como un árbol          

doblado por la lluvia, 

nos esquiva,  

nerviosamente, y sigue caminando.

 

 

   La ventana

 

Antes de abrir de nuevo la ventana,

quiero tocar

despacio las arrugas, los surcos

que la noche abandonó

en la fragilidad de tus pupilas.

La sencillez

fue alzando entre tus ojos

paredes de piedad. En la penumbra

de los pasillos,

toco el resplandor

de tu mirada de agua. No te has ido.

Nunca te retiraste.

Me habitabas,

como aún me habitas hoy. Siempre decías,

cuando te visitaba:

“Acércate,

quiero tenerte al lado”. ¿Lo recuerdas?

Los días del invierno se llevaron

tus lágrimas de arcilla, tus silencios.

Mas déjame que ahora, en este instante,

cuando mis dedos abran la ventana

pueda tocar tu voz

para dejarla

como una flor de música en las piedras,

en esas piedras blancas del corral,

donde aún respiras

limpio,

como entonces. Debo decírtelo:

a veces, llego al patio

y creo observar palabras de aquel tiempo

flotando en el granado,

porque estás -aún suenan tus pisadas

entre los lirios-,

y, ahora, de nuevo,

cuando florece el aire y en el corral vibran las golondrinas,

te siento aquí, a mi lado:

en el murmullo

de las abejas vuelvo a estar contigo.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.