• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Verónica Aranda

  

   Nació en Madrid, en 1982. En setiembre de 2017 ganó el Premio de Poesía Ciudad de Salamanca. El reconocimiento se agrega a varios ya obtenidos desde muy joven.

 

   Fragmentos de postales

 

Ciudades a destiempo

o ciudades-taberna

con siete jugadores

que apuestan a las cartas

bajo una tenue luz de queroseno.

 

Ciudades que nos abren sus bodegas oscuras

o ciudades-buhardilla

donde esperar que algún desconocido,

al final de una tarde de verano,

nos cite en una plaza de obeliscos.

 

Ciudades con jardines de papagayos verdes,

en cuyos callejones las muchachas

giran barras de incienso.

 

Ciudades-oquedad donde la pérdida

tiene sabores agrios

y nos atrapa en forma de espiral.

 

Ciudades que habitan tatuadores,

dibujando en su piel cúpulas malva

o plumas de avestruz. Los marineros

no llevan en el brazo

un nombre de mujer sino de calle.

 

Ciudades con un patio hexagonal

y aroma a ciruelas amarillas,

que tienen por trazado el lomo musculoso

de caballos aztecas.

 

Ciudades-languidez de hombres enjutos

fumando pipas de ámbar o ciudades

con heridos de bala

y huelga general. Lechos de juncos

donde yacen, exhaustos, los amantes.

 

Esta es tu poética, viajero.

No dudes en los cruces de caminos.

Demora tu regreso varios años.

 

 

   Oaxaca

 

                 Si me pierdo buscadme por Oaxaca

                     Octavio Paz

 

Te escribo esta postal desde Oaxaca,

en una plaza donde hay flamboyanes

naranjas y el olor que tiene la pobreza:

mazorca de maíz

tostada de carromatos. Imagino

la prepotencia de los españoles

cinco siglos atrás, en una furia

de espuelas y fogatas destructoras,

levantando edificios que iniciaban

el ciclo eterno de la corrupción

el fanatismo de los evangelios.

Aún conservan las calles el trazado

colonial, y en los patios interiores

florecen las magajuas, y las casas

-otrora señoriales-

son de tonos pastel. Hay una hilera

de mujeres frente a la catedral

que tejen los manteles de colores vivísimos

hasta la medianoche. Me confundo

en ese anonimato de las fiestas

populares, con músicas mestizas

y charlas de guayaba. Y hasta olvido

que tus manos olían a lavanda

la noche de la ausencia.

 

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