• @martamj32
    Eres el primer lugar donde me buscaría
  • @annablue22
    El espejo intacto y nosotros rotos
  • @Hora_Teta
    Algo no va bien y yo voy dentro
  • @sirena_sinmar
    Vivir para regalar flores a los vivos
  • @mikhailenko
    La madrugada es un género literario
  • @ferxdexleon
    Solo con música se le concede a la palabra su breve deseo de muerte
  • @MarilarAlei
    Mi silencio también quiere estar contigo
  • @aquinomires
    Avisadme cuando abrir los ojos merezca la pena
  • @morganfredman
    Llueve como narrando algo. Lluvia ciega.
  • @aliferod
    Con las ganas de irte no te quedes
  • @lilith19751
    No sé decir lo que beso
  • @Tu_Funamiento
    El tiempo no espera a sus acompañantes

John Ashbery

   Nació en 1927, en Nueva York, donde murió el 3 de septiembre de 2017. Además de poeta, fue narrador y traductor. Tuvo numerosas publicaciones en español, especialmente en España. Recibió gran cantidad de reconocimientos. Críticos estadounidenses y de otros países lo ubican como uno de los poetas más trascendentes de su país en los últimos cincuenta años.

 

   Animales de todas partes

 

El tigre regresa a su casa, y el castor;

los otros regresan a sus casas.

La esposa regresa a su casa, las ayas regresan a las suyas.

Y yo, en esta noche azul de estrellas amarillas

¿a dónde volveré?

“Regresa a los autos que pasan,

los oscuros y misteriosos autos que pasan veloces”.

 

   Heidi

Enfrente de la casa hay un jardincito.

Hay seis flores en él.

Enfrente del jardín hay un auto.

¿Hay un ramo de flores en el asiento del auto?

Eso no te lo puedo decir.

¿Qué canciones nos cantas a nosotros, Heidi?

¿Qué otras flores nos traes a nosotros?

 

 

   Poema sinfónico

Ya no es de noche. Pero hay una semejanza

de intención, de todos modos, en las formas

en que nos dirigimos a ella, hosco

color de qué mundo tan asombroso,

al apagarse o desaparecer, y esto

es una maravilla, creemos, y nos cuidamos de no pasar de largo.

 

Pero lo que todos estamos viendo es lo mismo,

nuestro mundo. Ve tras él,

cógelo, chico, dice el hombre del bastón.

Come, dice el hambriento, y otra vez nos sumergimos a ciegas

en la recámara que hay detrás del pensamiento.

Lo oímos, incluso lo pensamos, pero no podemos zafarnos de la mente.

Aquí en la mano tengo el billete ganador. Aquí mismo.

Pero todo vuelve a ser del mismo color, como si el clima

tiñera las cosas del mismo colorido. Es más práctico,

pero el paisaje, esas carteleras, envejece tan rápido como antes.

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