• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

José Antonio Fernández Sánchez

 

   Nació en Terrasa, Barcelona, en 1963. Además de sus libros publicados y de haber sido integrado a antologías, es muy activo en revistas impresas y electrónicas. A fines de julio le fue adjudicado el Premio Alegría 2017, convocado por el Ayuntamiento de Santander.

 

    ¿A qué suena un bolero?

 

Hoy, no sé, me apetece

desempolvar el traje de frambuesa,

alinear las solapas

y planchar el pañuelo de sedales;

me apetece, no sé,

perder en el camino mis poemastros

-tres letras sueltas y un borroso adverbio-,

dejarme el nudo flojo y que la voz descanse en los barnices.

 

Hoy, ya que me apetece,

vaciaré mis bolsillos de recuerdos,

esos que me retienen en la silla

y, ya sin peso, escogeré el camino

que me proponga la sorpresa.

Dejaré que la miel sin nicotina

suavice las fronteras de alambrada

y que una gota desbordada de su vaso

emborrone la huella de mi nombre

que penetre en el filo de su sílex, el poro,

el marfil, en su diente.

 

Hoy, sí, decidiré,

seguramente, porque me apetece,

sacarle el corcho al tiempo, hacer un brindis

con las burbujas de sus horas,

doblar el pergamino

empezando por la esquina y esperar

a que se apague el sol, a que la hamaca

se pare, a que se forme el ámbar.

 

 

   Redes

 

Todos los sueños siguen un sentido

donde la fibra es el tenor

de una composición estructurada.

El sueño forma siempre espacios

cosidos con las pieles de hilatura

donde la fiebre ocupa sus momentos

de reina de la noche,

niquelando las grietas de las sombras,

abreviando el sabor de una metáfora

agarrada a la arteria como un liquen.

Todo sueño despide el ornamento,

sea una hebilla, un cordón, un nudo, el roce

de una nube o su escarcha, sea una lengua

que cautiva o un silencio en su penumbra.

Todo sueño comienza en una luna

aunque esa luna nazca de una gota

de lejía, a pesar de que esa gota

se retegna en un ojo sobreexpuesto

cansado de ablandar arcillas,

de afilar cartabones, rotos

en el lóbulo izquierdo de su ceja.

Y cuando el ventanal se opere los juanetes

y nos abra de par en par sus piernas,

tirada ya la red

que obliga a contestar a las preguntas

sólo falta contar el número de versos.

Rota ya la deriva,

la pretensión es calcular

el espacio que queda entre las ramas

y decidir el salto

aunque la lluvia sople y el viento moje.

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