• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Yolanda Bedregal

 

   Nació en La Paz, en 1916, y murió en esa ciudad en 1999. Sus primeras publicaciones datan de 1936. Fue también autora de relatos y novelas. Realizó una antología de la poesía de su país, publicada en 1977. Obtuvo, entre otros, los premios Nacional de Poesía y Nacional de Novela. El más importante premio de poesía de Bolivia lleva su nombre.

 

   Nacimiento

 

Ultimo día del invierno y primero de la primavera.

Ultimo día de la tibia tiniebla de la entraña

para entrar en la fría luz del mundo.

 

Yo estaría madura de la sombra, de la nada,

del amor: madura de la carne en que crecía.

Y asomo mi cabeza con un grito:

flor de sangrante herida

cúspide lúcida del dolor mas hondo

jubiloso momento de tragedia!

 

Mi madre habrá tenido sus ojos, lacrimosa,

a la semilla de las cruces.

 

Nadie pensaba entonces que relojes

de cuarzo o girasol la esperarían.

 

Al vórtice de esta hora, cuantos muertos

habrá resucitado en el vagido

que tenia la alcoba de luz verde.

 

Yo habría de cumplir cuantos designios,

tendría que repetir la mascara de algún antepasado

quién sabe la ponzoña de su alma, o su nobleza;

realizar sus venganzas, restañar sus fracasos.

 

Venir de la resaca de unos seres lejanos

que se amaron un día

que se encadenaron con la vida

ser argolla mas de esa condena.

 

Saber que somos frutos de un punto de alegría

y ese germen, ¡Dios mío!

desde qué grietas sube, de qué simas?

 

De la tibia tiniebla a la luz fría

hendiendo vida y muerte

la frágil levadura su eternidad mordida.

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