• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Yolanda Bedregal

 

   Nació en La Paz, en 1916, y murió en esa ciudad en 1999. Sus primeras publicaciones datan de 1936. Fue también autora de relatos y novelas. Realizó una antología de la poesía de su país, publicada en 1977. Obtuvo, entre otros, los premios Nacional de Poesía y Nacional de Novela. El más importante premio de poesía de Bolivia lleva su nombre.

 

   Nacimiento

 

Ultimo día del invierno y primero de la primavera.

Ultimo día de la tibia tiniebla de la entraña

para entrar en la fría luz del mundo.

 

Yo estaría madura de la sombra, de la nada,

del amor: madura de la carne en que crecía.

Y asomo mi cabeza con un grito:

flor de sangrante herida

cúspide lúcida del dolor mas hondo

jubiloso momento de tragedia!

 

Mi madre habrá tenido sus ojos, lacrimosa,

a la semilla de las cruces.

 

Nadie pensaba entonces que relojes

de cuarzo o girasol la esperarían.

 

Al vórtice de esta hora, cuantos muertos

habrá resucitado en el vagido

que tenia la alcoba de luz verde.

 

Yo habría de cumplir cuantos designios,

tendría que repetir la mascara de algún antepasado

quién sabe la ponzoña de su alma, o su nobleza;

realizar sus venganzas, restañar sus fracasos.

 

Venir de la resaca de unos seres lejanos

que se amaron un día

que se encadenaron con la vida

ser argolla mas de esa condena.

 

Saber que somos frutos de un punto de alegría

y ese germen, ¡Dios mío!

desde qué grietas sube, de qué simas?

 

De la tibia tiniebla a la luz fría

hendiendo vida y muerte

la frágil levadura su eternidad mordida.

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.