• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Alberto Blanco

   Nació en Ciudad de México, en 1951. Ganó la edición 2016 del premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, reconocimiento que en el pasado recibieron Jaime Sabines, Carlos Fuentes y Octavio Paz, entre otros autores.

 

   El pinzón real

 

Un salmo cadencioso peina el bosque

De raya en medio: la luz solar

sobre las hojas y el abrigo

de la sombra en un costado.

 

Hay un eco ancestral en la salmodia

de los pinzones reales: el otoño

tiene sus plumas propias y el color

de los corazones que se despiden.

 

Caen las hojas y se eleva el canto

del pinzón como un adiós a la belleza

de la estación cordial: como una fiesta

de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.

 

 

   Levadura

                                                a César Vallejo

  

Al fin de la mesa redonda

y muerta la literatura, vino hacia ella un crítico

y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos profesores y repitiéronle:

"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a ella veinte, cien, mil, quinientos mil,

estudiantes: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

La rodearon millones de lectores,

con un ruego común: "¡Quédate hermana!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los poetas de la tierra vinieron,

la rodearon; los vio la literatura triste, emocionada;

¡qué más da! Emocionada…

 

Incorporóse lentamente.

abrazó al primer poeta; echóse a andar…

 

 

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