• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Alberto Blanco

   Nació en Ciudad de México, en 1951. Ganó la edición 2016 del premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, reconocimiento que en el pasado recibieron Jaime Sabines, Carlos Fuentes y Octavio Paz, entre otros autores.

 

   El pinzón real

 

Un salmo cadencioso peina el bosque

De raya en medio: la luz solar

sobre las hojas y el abrigo

de la sombra en un costado.

 

Hay un eco ancestral en la salmodia

de los pinzones reales: el otoño

tiene sus plumas propias y el color

de los corazones que se despiden.

 

Caen las hojas y se eleva el canto

del pinzón como un adiós a la belleza

de la estación cordial: como una fiesta

de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.

 

 

   Levadura

                                                a César Vallejo

  

Al fin de la mesa redonda

y muerta la literatura, vino hacia ella un crítico

y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos profesores y repitiéronle:

"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a ella veinte, cien, mil, quinientos mil,

estudiantes: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

La rodearon millones de lectores,

con un ruego común: "¡Quédate hermana!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los poetas de la tierra vinieron,

la rodearon; los vio la literatura triste, emocionada;

¡qué más da! Emocionada…

 

Incorporóse lentamente.

abrazó al primer poeta; echóse a andar…

 

 

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