• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
    Mi niña interior juega con los sueños que yo misma he roto
  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
    Soy un cuerpo de mil caminos para su tinta desnuda
  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

Claudio Rodríguez

   Nació en Zamora, en 1934. Obtuvo el premio Adonais, en 1953, y luego el Nacional de la Crítica, el Nacional de Literatura y el Nacional de Poesía. Integró la Generación del 50. Murió en Madrid, en 1999. Para noviembre de 2017, el Seminario Permanente Claudio Rodríguez organiza en Zamora jornadas internacionales dedicadas a él.

 

   Ajeno

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

 

   Esta iluminación de la materia...

Esta iluminación de la materia, 
con su costumbre y con su armonía, 
con el sol madurador, 
con el toque sin calma de mi pulso, 
cuando el aire entra a fondo 
en la ansiedad del tacto de mis manos 
que tocan sin recelo, 
con la alegría del conocimiento, 
esta pared sin grietas, 
y la puerta maligna, rezumando, 
nunca cerrada, 
cuando se va la juventud, y con ella la luz, 
salvan mi deuda.

 

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