• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Claudio Rodríguez

   Nació en Zamora, en 1934. Obtuvo el premio Adonais, en 1953, y luego el Nacional de la Crítica, el Nacional de Literatura y el Nacional de Poesía. Integró la Generación del 50. Murió en Madrid, en 1999. Para noviembre de 2017, el Seminario Permanente Claudio Rodríguez organiza en Zamora jornadas internacionales dedicadas a él.

 

   Ajeno

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

 

   Esta iluminación de la materia...

Esta iluminación de la materia, 
con su costumbre y con su armonía, 
con el sol madurador, 
con el toque sin calma de mi pulso, 
cuando el aire entra a fondo 
en la ansiedad del tacto de mis manos 
que tocan sin recelo, 
con la alegría del conocimiento, 
esta pared sin grietas, 
y la puerta maligna, rezumando, 
nunca cerrada, 
cuando se va la juventud, y con ella la luz, 
salvan mi deuda.

 

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