• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Julia Uceda

   Nació en Sevilla, en 1925. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Poesía de España por “En el viento, hacia el mar”. Cuatro años después le fue adjudicado el Premio Nacional de la Crítica, por “Zona desconocida”. La Asociación Genealogías y la editorial Tigres de Papel publicaron en abril de 2017 “Poemas de Cherry Lane”.

 

   Raíces

Si ya soy una vela estremecida 
colmada por tu viento. Si has llegado 
al último escalón. Si me has tomado 
por la raíz más honda y más henchida. 

Si yo soy ya tu colmo y tu medida 
y estás dentro de mí, secreto, hallado. 
Si ya sobre la frente me has soplado 
para hacerme vivir, ciega y ardida, 

antes de irte rompe mis raíces. 
Quiero que las arranques, que las trices 
al alba con tu mano firme y fuerte. 

De no hincarse en tu tierra poderosa 
no quiere mi raíz ninguna cosa 
si no es andar y andar hacia la muerte.

 

   El tiempo me recuerda

Recordar no es siempre regresar a lo que ha sido.
En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas;
objetos que no nos pertenecen o que nunca flotaron.
La luz que recorre los abismos
ilumina años anteriores a mí, que no he vivido
pero recuerdo como ocurrido ayer.
Hacia mil novecientos
paseé por un parque que está en París -estaba-
envuelto por la bruma.
Mi traje tenía el mismo color de la niebla.
La luz era la misma de hoy
-setenta años después-
cuando la breve tormenta ha pasado
y a través de los cristales veo pasar la gente,
desde esta ventana tan cerca de las nubes.
En mis ojos parece llover
un tiempo que no es mío.

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