• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Ricardo Molina

 

   Nació en Genil, Cordoba, en 1917. Fue uno de los integrantes más notables del grupo Cántico, que publicó la revista homónima, según uno de sus amigos y colegas, Pablo García Baena. Obtuvo el premio Adonais, en 1949. Murió en 1968.

  

 

   Desnudo

 

Estoy desnudo, el sol con fuego dice

cuanto diría el hombre enamorado.

Basta el silencio a confesarlo todo,

si tendido en la orilla de algún río

el hombre calla y en su pecho, mudo,

un sol como el del cielo resplandece.

 

Ya lo sabemos todo. Que son rojos

los labios que se besan en la orilla,

que la vida es un breve y dulce abrazo

y que con la mañana una alegría

sin nombre nos invade silenciosa.

 

Ya no necesitamos las palabras.

Ya basta el sol que besa, basta el río

que nos lleva en sus ondas lentamente,

el viento que los ojos acaricia,

la verde sombra que en la boca tiembla.

 

 

   La vuelta a la poesía

 

   I

No lo creía entonces. Pasaron meses, años.

Menos yo y este amor, todo ha cambiado ahora.

No creí que pudiera volver a ti, poesía.

Lo necesario estaba en las cosas que mueren.

 

Lo necesario era tan bello y pasajero.

Tú allá en la lejanía seguías fiel y pura.

Tú allá en tu cielo claro seguías siendo el alba.

Lo necesario estaba en la tierra de paso.

 

Pasaron meses, años. Tu remota presencia

surgía en ocasiones, tal la súbita diosa

a Odiseo, en un dulce temblor de la enramada,

con relumbre de labio que sabe a sal e incienso.

 

Pero yo no creía volver a ti ya nunca.

Lo necesario estaba en el cuerpo adorado.

Tu lejanía altiva no tentaba mis ansias.

Tu hermosura inhumana helaba mis sentidos.

 

Mas a pesar de todo no te dije adiós nunca.

Lo necesario era placer y desengaño.

Tú estabas en tu cielo cumpliendo tu destino.

Yo cumplía mi destino de hombre entre los hombres.

 

   II

No sé dónde buscarte. Fantasía

no eres, ni árbol triste en frío lienzo,

ni muda estatua ni palabra sólo,

ni música siquiera; amor acaso.

 

Amor que no seas tú yerra el camino.

Tú sola sabes hasta ti guiarnos.

Rama es la vida en tu crujiente fuego

que del hombre, sonoro, se alimenta.

 

Agua que pasa y hierba has puesto dulce

en mi mirada. Fuente, sol y flores

has encerrado en mi corazón,

y pájaros sensibles en mis manos.

Para que todo te vea y te sienta,

para que en mí palpiten las criaturas

espontáneas, vírgenes, dichosas,

para que todo -y yo- seamos tuyos.

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