• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Ricardo Molina

 

   Nació en Genil, Cordoba, en 1917. Fue uno de los integrantes más notables del grupo Cántico, que publicó la revista homónima, según uno de sus amigos y colegas, Pablo García Baena. Obtuvo el premio Adonais, en 1949. Murió en 1968.

  

 

   Desnudo

 

Estoy desnudo, el sol con fuego dice

cuanto diría el hombre enamorado.

Basta el silencio a confesarlo todo,

si tendido en la orilla de algún río

el hombre calla y en su pecho, mudo,

un sol como el del cielo resplandece.

 

Ya lo sabemos todo. Que son rojos

los labios que se besan en la orilla,

que la vida es un breve y dulce abrazo

y que con la mañana una alegría

sin nombre nos invade silenciosa.

 

Ya no necesitamos las palabras.

Ya basta el sol que besa, basta el río

que nos lleva en sus ondas lentamente,

el viento que los ojos acaricia,

la verde sombra que en la boca tiembla.

 

 

   La vuelta a la poesía

 

   I

No lo creía entonces. Pasaron meses, años.

Menos yo y este amor, todo ha cambiado ahora.

No creí que pudiera volver a ti, poesía.

Lo necesario estaba en las cosas que mueren.

 

Lo necesario era tan bello y pasajero.

Tú allá en la lejanía seguías fiel y pura.

Tú allá en tu cielo claro seguías siendo el alba.

Lo necesario estaba en la tierra de paso.

 

Pasaron meses, años. Tu remota presencia

surgía en ocasiones, tal la súbita diosa

a Odiseo, en un dulce temblor de la enramada,

con relumbre de labio que sabe a sal e incienso.

 

Pero yo no creía volver a ti ya nunca.

Lo necesario estaba en el cuerpo adorado.

Tu lejanía altiva no tentaba mis ansias.

Tu hermosura inhumana helaba mis sentidos.

 

Mas a pesar de todo no te dije adiós nunca.

Lo necesario era placer y desengaño.

Tú estabas en tu cielo cumpliendo tu destino.

Yo cumplía mi destino de hombre entre los hombres.

 

   II

No sé dónde buscarte. Fantasía

no eres, ni árbol triste en frío lienzo,

ni muda estatua ni palabra sólo,

ni música siquiera; amor acaso.

 

Amor que no seas tú yerra el camino.

Tú sola sabes hasta ti guiarnos.

Rama es la vida en tu crujiente fuego

que del hombre, sonoro, se alimenta.

 

Agua que pasa y hierba has puesto dulce

en mi mirada. Fuente, sol y flores

has encerrado en mi corazón,

y pájaros sensibles en mis manos.

Para que todo te vea y te sienta,

para que en mí palpiten las criaturas

espontáneas, vírgenes, dichosas,

para que todo -y yo- seamos tuyos.

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