• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

José Martí

 

   Nació en La Habana, en 1853. Murió en Dos Rios, en 1895. Fue, además de poeta, filósofo y ensayista, fundador del Partido Revolucionario Cubano y gran inspirador y participante clave de la Guerra de la Independencia de su país, conocida también como “Guerra Necesaria”.

 

   Domingo triste

 

Las campanas, el sol, el cielo claro 
me llenan de tristeza, y en los ojos 
llevo un dolor que el verso compasivo mira, 
un rebelde dolor que el verso rompe 
¡y es, oh mar, la gaviota pasajera 
que rumbo a Cuba va sobre tus olas! 

Vino a verme un amigo, y a mí mismo 
me preguntó por mí; ya en mí no queda 
más que un reflejo mío, como guarda 
la sal del mar la concha de la orilla. 
Cáscara soy de mí, que en tierra ajena 
gira, a la voluntad del viento huraño, 
vacía, sin fruta, desgarrada, rota. 
Miro a los hombres como montes; miro 
como paisajes de otro mundo, el bravo 
codear, el mugir, el teatro ardiente 
de la vida en mi torno: ni un gusano 
es ya más infeliz: ¡suyo es el aire, 
y el lodo en que muere es suyo! 
Siento la coz de los caballos, siento 
las ruedas de los carros; mis pedazos 
palpo: ya no soy vivo: ¡ni lo era 
cuando el barco fatal levó las anclas 
que me arrancaron de la tierra mía!

 

 

   Isla famosa

 

Aquí estoy, solo estoy, despedazado.
Ruge el cielo: las nubes se aglomeran,
Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan:
Los vapores del mar la roca ciñen:
Sacra angustia y horror mis ojos comen:
A qué, Naturaleza embravecida,
A qué la estéril soledad en torno
¿De quién de ansia de amor rebosa y muere?
¿Dónde, Cristo sin cruz, los ojos pones?
¿Dónde, oh sombra enemiga, dónde el ara
Digna por fin de recibir mi frente?
¿En pro de quién derramaré mi vida?

Rasgóse el velo; por un tajo ameno
De claro azul, como en sus lienzos abre
Entre mazos de sombra Díaz  famoso,
El hombre triste de la roca mira
En lindo campo tropical, galanes
Blancos, y Venus negras, de unas flores
Fétidas y fangosas coronados:
¡Danzando van: a cada giro nuevo
Bajo los muelles pies la tierra cede!
Y cuando en ancho beso los gastados
Labios sin lustre ya, trémulos juntan,
Sáltanles de los labios agoreras
Aves tintas en hiel, aves de muerte.

 

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