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Juan Gelman, sobre la muerte

   Nació en Buenos Aires, en 1930. Murió en Ciudad de México, en 2014.

 

   V

claro que moriré y me llevarán

en huesos o cenizas

y que dirán palabras y cenizas

y yo habré muerto totalmente

 

claro que esto se acabará

mis manos alimentadas por tus manos

se pensarán de nuevo

en la humedad de la tierra

 

yo no quiero cajón

ni ropa

 

que el barro asuma mi cabeza

que sus orines me devoren

ahora

desnudo de ti

 

                               (de “Rostros”, en “Cólera buey”)

 

 

   Amortecer

 

El uso del querer enfría

la salvación del rubor. Números

cuentan que parentelas duras

anuncian muerte y se pierden

en verdores de la cama caliente.

Tesoros invisibles caen

de las desgracias del amor crecido.

Brotan en la unidad de su pasión

y anuncian campos donde vela

lo que agoniza para dar

su rosa otra que no muere.

Los bloques de la noche recorren

lo que siempre recorren y

el mundo es errancia del mundo

en el ser como paja liviana

que el instante se come.

 

                               (De “de atrásalante en su porfía”)

 

   XXXV

 

   A ver, pedazos míos, hagan asamblea y decidan. Pónganse sombreros blancos y tiradores rojos, haya color para que el viejo buey se vaya. Mis muertos ponen sombras porque no tienen más remedio. Clavan dientes de jabalí, señora, besos helados en representación de otoños idos, naves que buscan algún mar. 

 

   CXLIII

 

   En el miedo a la muerte la muerte no vale la pena. Los afligidos no interesan, ni los tullidos por amor, ni el portentoso ingenio de un verano. Importa la luz recibida en forma de entrañas para verse. La sensación del cuerpo que termina no vive en un rincón cerrado, crea su doble en estaciones impalpables y las alícuotas de pena sin notario. Una calandria ordena el fracaso de un fósforo apagado.

 

                               (De “Hoy”)

 

 

 

 

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