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    El eclipse del lector es su imaginación
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    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
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    La de cosas que pasan sin que ocurran
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    A los tristes los delata la música
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    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
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    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
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    Algún día se perdonarán haberse conocido

Jorge Teillier

   Nació en Lautaro, Chile, en 1935, y murió en Viña del Mar, en 1996. Con motivo del aniversario del golpe del 11 de septiembre de 1973, otro poeta, Álvaro Ruiz, recordó los días que pasó con él durante la dictadura, recurriendo a la poesía y sumergidos en el alcohol para sobrellevar el dolor por lo que se vivía en el país.

 

   El abandono silba llamando a sus amigos...

 

El abandono silba llamando a sus amigos.

La noche y el sueño

amarran sus caballos frente a las ventanas.

El dueño de casa baja a la bodega

a buscar sidra guardada desde el año pasado.

Se detiene el reloj de péndulo.

Clavos oxidados

caen de las tablas.

El dueño de casa demora demasiado

-quizás se ha quedado dormido entre los toneles-.

Una mañana busqué grosellas al fondo del patio.

En la tarde este mismo viento

luchaba con los pinos a orillas del río.

Se detienen los relojes.

Oigo pasos de cazadores que quizás han muerto.

De pronto no somos sino un puñado de sombras

que el viento intenta dispersar.

 

 

   Botella al mar

 

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo

te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.

Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni

para los iniciados. Es para la niña que nadie

saca a bailar, es para los hermanos que

afrontan la borrachera y a quienes desdeñan

los que se creen santos, profetas o poderosos.

 

 

   Ella estuvo entre nosotros...

 

Ella estuvo entre nosotros

lo que el sol atrapado por un niño en un espejo.

Pero sus manos alejan los malos sueños

como las manos de la lluvia

las pesadillas de las aldeas.

 

Sus manos que podían dar de comer

a la noche convertida en paloma.

 

Era bella como encontrar

nidos de perdices en los trigales.

Bella como el delantal gastado de una madre

y las palabras que siempre hemos querido escuchar.

 

Cierto: estuvo entre nosotros

lo que el sol en el espejo

con que un niño juega en el tejado.

Pero nunca dejaremos de buscar sus huellas

en los patios cubiertos por la primera helada.

 

Sus huellas perdidas

tras una puerta herrumbrosa

cubierta de azaleas.

 

 

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