• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Jorge Teillier

   Nació en Lautaro, Chile, en 1935, y murió en Viña del Mar, en 1996. Con motivo del aniversario del golpe del 11 de septiembre de 1973, otro poeta, Álvaro Ruiz, recordó los días que pasó con él durante la dictadura, recurriendo a la poesía y sumergidos en el alcohol para sobrellevar el dolor por lo que se vivía en el país.

 

   El abandono silba llamando a sus amigos...

 

El abandono silba llamando a sus amigos.

La noche y el sueño

amarran sus caballos frente a las ventanas.

El dueño de casa baja a la bodega

a buscar sidra guardada desde el año pasado.

Se detiene el reloj de péndulo.

Clavos oxidados

caen de las tablas.

El dueño de casa demora demasiado

-quizás se ha quedado dormido entre los toneles-.

Una mañana busqué grosellas al fondo del patio.

En la tarde este mismo viento

luchaba con los pinos a orillas del río.

Se detienen los relojes.

Oigo pasos de cazadores que quizás han muerto.

De pronto no somos sino un puñado de sombras

que el viento intenta dispersar.

 

 

   Botella al mar

 

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo

te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.

Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni

para los iniciados. Es para la niña que nadie

saca a bailar, es para los hermanos que

afrontan la borrachera y a quienes desdeñan

los que se creen santos, profetas o poderosos.

 

 

   Ella estuvo entre nosotros...

 

Ella estuvo entre nosotros

lo que el sol atrapado por un niño en un espejo.

Pero sus manos alejan los malos sueños

como las manos de la lluvia

las pesadillas de las aldeas.

 

Sus manos que podían dar de comer

a la noche convertida en paloma.

 

Era bella como encontrar

nidos de perdices en los trigales.

Bella como el delantal gastado de una madre

y las palabras que siempre hemos querido escuchar.

 

Cierto: estuvo entre nosotros

lo que el sol en el espejo

con que un niño juega en el tejado.

Pero nunca dejaremos de buscar sus huellas

en los patios cubiertos por la primera helada.

 

Sus huellas perdidas

tras una puerta herrumbrosa

cubierta de azaleas.

 

 

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