• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
    El tiempo es un olor cuando llueve
  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Manuel J. Castilla

 

   Nació en Cerrillos, Salta, norte de Argentina, en 1918, y murió en la capital de esa provincia, en 1980. Muchos de sus poemas se convirtieron en canciones que alcanzaron gran popularidad. El 21 de septiembre se presentan en Buenos Aires sus "Obras completas".

 

 

   Gente en los sueños

 

Los sueños tienen gente.

y uno, dormido, es como una casa

que de golpe se llena de personas.

 

Hay veces que ellas y uno, todos, caminamos y hablamos

y nos oímos apenas como si conversáramos desde lejos.

 

Uno habla con los amigos muertos.

 

Y cuando se recuerda

se hunde en un espejo, de espaldas,

las manos llenas de ademanes vacíos.

Y un día brillante queda lejos y solo.

 

 

   Niño dormido en un mercado

 

He visto un niño colgado del techo de un mercado

en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

 

Dormía en su cuna de lona

entre el chillido verde tierno y hediondo de los monos,

entre ramos de acelgas arrugados,

entre los mágicos y desnudos cuerpos humanos de las zanahorias

junto al hebroso y blanco de las mandiocas

 

Ahora lo recuerdo

su sueño me quema todavía

con la leche apurada que le daba su madre,

con el pico crepuscular de los tucanes

que lo hubieran tragado como un tamarindo.

 

El niño era una semilla preñándose en la lluvia

sin saber si iba a ser una flor o una lechuga.

 

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