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Blas de Otero

   Nació en Bilbao, en 1916, y murió en Madrid, en 1979. Poeta fundamental de la corriente de la poesía social, en 2016 se realizan recitales, presentaciones y actos para recordarlo, con motivo de los cien años de su nacimiento. Uno de esos homenajes se organizó para el 17 de septiembre en Madrid.

 

   Digo vivir

 

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.

(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)

Digo vivir, vivir como si nada

hubiese de quedar de lo que escribo.

 

Porque escribir es viento fugitivo,

y publicar, columna arrinconada.

Digo vivir, vivir a pulso,

airadamente morir, citar desde el estribo.

 

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,

abominando cuanto he escrito: escombro

del hombre aquel que fui cuando callaba.

 

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra

más inmortal: aquella fiesta brava

del vivir y el morir. Lo demás sobra.

 

 

   La tierra

 

Un mundo como un árbol desgajado.

Una generación desarraigada.

Unos hombres sin más destino que

apuntalar las ruinas.

 

Romper el mar

en el mar, como un himen inmenso,

mecen los árboles el silencio verde,

las estrellas crepitan, yo las oigo.

 

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe

vivo y mortal. Es que se siente huir

-ese río del tiempo hacia la muerte-.

 

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,

subir, a contramuerte, hasta lo eterno.

Le da miedo mirar. Cierra los ojos

para dormir el sueño de los vivos.

 

Pero la muerte, desde dentro, ve.

Pero la muerte, desde dentro, vela.

Pero la muerte, desde dentro, mata.

 

 ...El mar —la mar—, como un himen inmenso,

 los árboles moviendo el verde aire,

 la nieve en llamas de la luz en vilo...

 

 

   VII.Anchas sílabas

 

Que mi pie te despierte, sombra a sombra

he bajado hasta el fondo de la patria.

Hoja a hoja, hasta dar con la raíz

amarga de mi patria.

 

Que mi fe te levante, sima a sima

he salido a la luz de la esperanza.

Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie

de paz, izando un alba.

 

Que mi voz brille libre, letra a letra

restregué contra el aire las palabras.

Ah, las palabras. Alguien heló

los labios -bajo el sol- de España.

 

 

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